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14.9.21

Vagabundear (y II)

Sigo sin encontrar un autor español de viajes que me apasione. Arrastré en verano el viaje a Macedonia de Maria Belmonte  -el bueno es el de Peregrinos de la belleza, me dijo el maestro Lafuente-. Está bien escrito, pero me interesó en conreto la historia de Alejandro Magno y la de Salónica, la nuestra Salónica, con el romance del enamorado y la muerte, su río Tera y su olvido, como me contó un agosto mi hermanu Lauru en el nuestro río. 

El libro se lee bien y eso se agradece, pero hay mucho detalle tonto en el libro que hace que pierda interés. No es nada personal, pero -en general- no me interesa el coche que llevas, lo que desayunas o tu visión mística, autor. Buen repaso por cierto a la historia Monte Athos.

Algunas notas más sacadas del libro; conozco al fin lo que es el Hesicasmo y una reflexión sobre los místicos. Para anotar, La ciudad de los espíritus de Angelopulos. En fin, vuelve de nuevo la figura de Shabtai Zevi, sus seguidores conversos, a los que llamaban dönmeh. Por cierto que fue el gran incendio de agosto de 1917 el que acabó con gran parte de la ciudad judía, la Jerusalén de los Balcanes. La puntilla vino apenas veinticinco años después, cuando 1943, 45.000 judíos fueron asesinados por los nazis con la complicidad de los nazis griegos. 

Una ciudad -Tesalónica- a la que ir -volver en realidad- para conocer Salónica

13.9.21

Vagabundear

Tirado en la piscina durante el verano seguí con el viaje por las tierras de Dioniso, a cargo de María Belmonte. Dos citas, para recordar. La primera es de Ovidio: "Ahora hay campos de maíz donde antes se alzaba Troya" (Iam seges est ubi Troya fuit). La segunda es de Estacio: "El miedo fue el origen de los dioses en el mundo" (Primus in orbe deos fecit timor).

Seguimos

25.8.21

Ruinas y placeres

Sigo por tierras de Dioniso y me topo con esta reflexión de María Belmonte:  "La contemplación de ruinas -a la que he sido aficionada desde que tengo memoria- procura un intenso placer que va dando paso a una profunda melancolía, suscitada por la conciencia del inexorable paso del tiempo y la naturaleza efímera de todo cuanto existe, incluidos nosotros mismos".

28.7.21

Herodoto y las fuentes

Acabé entre sollozos Los ingratos y me puse a viajar por la tierra de Dioniso de la mano de María Belmonte. Una fantástica cita del alegre Herodoto, tomada de su Libro VII, para recordarnos la obligación de todo historiador: "Me veo en el deber de referir lo que se me cuenta, pero no de creérmelo todo a rajatabla; esta afirmación es aplicable a la totalidad de mi obra." 

24.3.21

De nuevo en ruta

Acabado el 14 de julio, me pongo con lo último de María Belmonte, a vueltas con la tierra de Dioniso, el norte de Grecia y el sur de Macedonia, más o menos. Me gustó su viaje por el cantábrico por eso repito. Me encanta la cita de Kazantzakis: "El buen viajero crea el país por el que viaja".

A ver qué tal 

6.8.18

Senderos (Sanabreses) VII

Dice de manera literal la autora que "con el correr de los tiempos, la madera de los templos fue sustituida por el mármol y el recinto sagrado o cella fue rodeado por un peristilo o serie de columnas qué formaban un pórtico alrededor del santuario. Estas columnas son el remedo del antiguo bosque sagrado, el recuerdo la evocación de los arboles que rodeaban los templos en los que se acogía y adoraba a la divinidad"

Y yo les presento (foto tomada de Rincones Ibéricos) el Santuario de Nuestra Señora de la Alcobilla, en medio de la zona más mágica de un país mágico:


24.7.18

Senderos (V)

Alguna idea más del libro de los Senderos del mar, de María Belmonte. Casi como memoria: los mamíferos marcan el terreno con señales y los sapiens lo hacemos con piedras desde hace milenios. Con ellas marcábamos además los lugares sagrados y  las columnas a la entrada de los templos rememoran a los árboles que crecían en aquellos espacios.

El abismo del tiempo: gran parte de los procesos geológicos requieren eones de tiempo y nosotros apenas vivimos unas décadas. y apenas tenemos memoria de los últimos cinco mil años.

Los olvidados: aquellos caballeritos de Azcoitia, o gigantes olvidados como Charles Lyell, el creador de la geología moderna.

La caliza, en fin,  como roca poética

Por cierto, le debemos nuestro gusto por los bosques, los desiertos o los mares a los románticos. Antes de ellos, eran lugares a evitar. Y posiblemente vuelvan a serlo en breve...

PS: "La aparente inmovilidad de las montañas y las costas no es más que una ilusión creada por la brevedad de la vida humana"

10.7.18

Senderos (IV)

El libro, ligeramente fallido, de María Belmonte sobre los  senderos del mar. Algunos temas más que me han resultado interesante, y que quiero guardar en esta bitácora: ya no queda memoria, pero desde el siglo XVI la caza de la ballena se convirtió en el negocio más lucrativo de todo occidente. Un negocio que duró siglo, hasta 1901 no se cazó la última ballena en el Cantábrico, por cierto. Otro tema curioso: peregrino viene del latín per agrare, ir por los campos. Pero lo que no me interesa es lo que desayunó la autora un día, o si entró en una Herriko Kaberna o no... 

15.6.18

Senderos (III)

Alguna cosa más de Los senderos del mar. Las playas son un invento del siglo XIX, hasta bien entrada la centuria eran territorios de trabajo, espacios sucios y malolientes frecuentados por pobres pescadores (pobres) recolectores de algas. Para los románticos, aquellos pueblos miserables de las orillas alimentaban su nostalgia de imaginarios habitantes ancestrales. Los buenos salvajes rusonianos frente al horror de la modernidad. Hay mucho de eso en la mitomanía celta de gallegos, sajones, normandos y vascos, por ejemplos. Pueblos del mar que cuadraban bien con el estereotipo en el que los auténticos pobladores quedaban reducidos al papel de simples figurantes. El buen salvaje era el habitante de la orilla que vive de lo que lo naturaleza le proporciona a través del mar, su madre nutricia a la que todos hemos de volver.
Alguna cosa más, en el XIX se pusieron de moda en la monarquía de los Hasburgo, los spa, salutem per aquam. Esa relación del agua con la salud, con la gente tomando baños de olas, 30 eran consideradas suficientes por los médicos, nos dice Belmonte. En realidad, la gente no iba por prácticas acuáticas, sino por la intensa vida social que se desarrollaba con la excusa de la salud.

Por cierto, y para supremacistas, durante el Imperio romano la costa vasca formaba parte de la vía Maris, una ruta marítima que recorría el golfo de Vizcaya desde La Coruña. Esas bobadas de no haber sido romanizados se consolidaron durante el romanticismo sin demasiada base científica. 

13.6.18

Senderos (II)

Rematé Los senderos del mar, un buen tema desarrollado a medias. Algunas ideas interesantes, ahí está lo del surf, un deporte minoritario hasta los años 50 del siglo XX, cuando en la práctica se limitaba a la costa o este de Estados Unidos además de Hawái. El deporte llegó a Europa en 1957, cuenta la autora, a través de un rodaje en Biárriz, Al no encontrar obstáculos que los detengan las olas  que llegan hasta la costa vasca de las Atlántico Norte pueden haber recorrido más de 5000 km, lo que las convierte en ideales para el surf...

Otra reflexión interesante: la visión de la orilla del mar no siempre ha sido algo apreciado, esto ya se lo leí a Juaristi hace tiempo. Hasta bien entrado el XIX, las villas que se construían cerca del mar daban la espalda la océano y cuando se levantaban cerca de la costa, las grandes mansiones se cercaban de arbolado para no ver el (inquietante) mar.

Nuestro amor por el amor es un resto del amor romántico del XIX...

11.6.18

Senderos (I)

Tengo mediado el libro de Los senderos del mar, editado por Acantilado. 

Una idea buena, desarrollada con demasiada prisa o quizá varias imprecisiones por parte de María Belmonte. Nos sigue fallando algo en España a la hora de hacer literatura de viajes, porque no consigo leer ninguno deslumbrante. Aquí hay mucha bobada personal (qué desayunó la autora, lo cansada que llegó) intercalada con reflexiones muy interesantes. Un libro irregular con detalles muy buenos. Lo leo y pienso por ejemplo en mis abuelos, en alguno de mis profesores, o en los viejos amigos: “Es curioso cómo permanecemos unidos a personas durante toda la vida sin siquiera echarlos de menos, personas que en algún momento fueron importantes y a las que ahora ni siquiera reconoceríamos