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27.2.20

Ciudades, con Sennet (I)

Acabé el libro de Sennet sobre Construir y habitar, que se va volviendo complejo, o para especialistas, conforme avanza. La distinción entre la ciudad física y lo que se genera en ella es interesante. Y en general está bien escrito. el problema está bien planteado, pero acaba cayendo en un buenismo bienintencionado con las respuestas, quizá porque no haya respuestas en realidad. 
Algunas citas de interés. Empecemos por Popper: "A Popper le inspiraban tanta aversión los monopolios económicos como te­mor los Estados totalitarios. Unos y otros formulan una misma promesa seductora, la de que la vida podría ser más simple, más clara, más amigable para el usuario – como suele decirse hoy en referencia a la tecnología– solo con que la gente se sometiera a un régimen que se encargara de la organización. Cada uno sa­bría a qué atenerse, porque las reglas de su experiencia le serían dadas. Sin embargo, lo que se gana en claridad se pierde en li­bertad. La experiencia será clara, pero cerrada. Mucho antes de Popper, el gran historiador suizo Jacob Burckhardt enunció el mismo peligro con la advertencia de que la vida moderna estaría regida por “brutales simplificadores”, que era lo que significaban para él las seductoras simplicidades del nacionalismo"

3.4.10

De la libertad de residencia

Cuando uno mezcla a la derecha acomplejada / democristiana con los sociólogos, el cóctel puede ser explosivo. Resulta que la Junta de Castilla y León, que se supone que gobierna la derecha, ha creado algo que dan en llamar “Banco de Pensadores” con cargo, seguro, al dinero del contribuyente. Mientras tanto, las carreteras autonómicas y provinciales están que parecen sacadas de Haití, pero se ve que para eso no hay dinero. El caso es que banco este dizque pensadores montó un Foro de Población al que fueron demógrafos y un sociólogo socialista, valga la redundancia, llamado del Barrio Aliste, zamorano y sectario a partes iguales, que nos deleita cada poco con unos análisis en los que la culpa de todo lo que pasa en la región es de la derecha.

El caso es que El Mundo del martes traía a cinco columnas las brillantes conclusiones de estas lumbreras. Una sarta de topicazos que los tiene claro hasta mi sobrina (por ejemplo, que la agricultura no es el futuro, toma ya, hay que haber estudiado en Harvard para saberlo a estas alturas) pero esta vez combinados con ese totalitarismo que le asoma a la izquierda en cuanto se relaja. Según el tal Del Barrio el modelo de población es insostenible y lo que hay que hacer es “fusionar pueblos”, así con dos cojones, como en la Union Soviética de Stalin, cogemos a la gente que vive en pueblos pequeños y los llevamos a otros más grandes para que estén todos juntos y así las teorías de los sociólogos se lleven a cabo. Para ello, claro, hace falta pedagogía, porque como somos gilipollas, pues no nos enteramos si no nos lo explican bien.

Vaya tela.

Menuda tropa.

Y esta gente da clase en la Universidad.

Mire Del Barrio, la gente vive, básicamente, donde le sale de los cojones, y perdone la crudeza. Y así debe ser. Y la Administración, con todo el dinero que nos saca a los contribuyentes, ha de garantizar un mínimo de servicios en todo el territorio, tal y como garantiza la Constitución. Y si mi pueblo tiene 83 habitantes qué quiere que le diga, no lo vamos a dejar vacío para irnos todos a una “cabecera comarcal” que lo resuelva todo. Vivimos donde queremos, no donde quieren ni políticos enloquecidos ni sociólogos lamentables. Hasta ahí podíamos llegar.

En fin, si no me aburrieran tanto dedicaría cinco minutos a explicarle que lo de las comarcas es una memez que en Castilla León sólo se le puede ocurrir a la izquierda, pero mire, tampoco voy a perder mi tiempo en esto. Así que hala, sigan con lo suyo, perdiendo elección tras elección sin saber porqué la gente no hace ni caso a estos herederos de la nefasta ILE que siguen con la manía de pensar que ellos son los listos y que el resto somos imbéciles.

PS: Años después [del primero Estado rojo con capital en Ruijin] los lugareños indicaban a los viajeros el lugar de las fosas comunes y de las aldeas abandonadas. Pero las personas que vivieron bajo el primer régimen comunista de China se negaban a aceptar lo ocurrido. A finales de 1949, poco después de la llegada de los comunistas al poder y cuando el primer oficial del servicio de inteligencia ruso visitaba la provincia, el nuevo jefe del partido en la zona le dijo que, en toda Jiangxi, “no había un solo miembro del PCCh”.

Chang, Jung y Halliday, J: Mao. La historia desconocida. Taurus, Madrid, 2006. Página 147