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23.4.13

En busca de Sixto Rodríguez


El hijo de Antonio y la nieta de  Rosario Castro me llevaron al cine en volandas, acompañado por Oskarnello, a ver Searching for Sugar Man
Un documental delicioso. El placer de ver buen cine. Uno de los motivos que me sigue atando, de manera secreta, a Madrid. Una música que te atrapa, con esa pregunta sistemática “I wonder, / how many times you've been had. / And I wonder, / how many plans have gone bad”.

La sensación de que la ficción nace muchas veces de observar con detalle la realidad. Un viaje. De fondo siempre hay un viaje. En este caso, a la aterrorizada Sudáfrica del apartheid. A la contracultura de los setenta. A un mundo sin Wikipedia y sin google maps. Intentando desentrañar una leyenda urbana que corría por la Ciudad del Cabo de los ochenta: ¿Cómo murió Rodríguez?

Un peliculón. Que pasará desapercibido en este país en el que, como señalaba Arcadi Espada el otro día, el problema “no son las élites. Sino la delgadez y la vulgaridad de sus televisivas clases medias”.

No se la pierda, desocupado lector.

25.4.12

Invicto, o cuando la política busca lo mejor de nosotros mismos...


Estuve viendo, con retraso, Invictus. Me pasa con Eastwood como con Allen. No tiene películas malas: las tiene normales, buenas o excelentes, pero su cine siempre es cine de calidad. Llegué tarde a Sudáfrica. Algún libro, alguna película. Un mundo ajeno y en realidad algo lejano. La película es buena y se centra en ese personaje gozne que hizo girar la historia de su país. Un hombre, qué lejano queda el Simplón de León aquí, que supo que los países se construyen mirando de frente, no mirando hacia atrás. Con la excusa del rugby, conseguir unir a una sociedad fragmentada y enfrentada. Lograr que las diferentes comunidades dejen de temerse. Conseguir que se vayan conociendo. Magnífico Freeman y magnífico Damon. Una película emocionante y  hermosa. De las que hay que ver.


PS: hacia el oeste, hacia el Campo de las Estrellas.

4.3.10

Lecturas

Acabé Un arco iris en la noche. Tengo una relación algo melancólica con Lapierre, como la tuve con Collins en su día. Me hice adulto leyendo en Peñafiel. En las frías escaleras que conducían a las aulas. Allí, Chimeno, mi ángel de la guarda, me pasaba libros todas las semanas. Aún recuerdo muchos de ellos (cómo olvidar La guerra apasionada, el primer relato que me ayudó a empezar a comprender, con apenas trece años, la terrible guerra civil) y recuerdo también que me dejó varios libros de Lapierre y Collins. Creo, de hecho, que Esta noche la libertad fue uno de los primeros libros que me marcó. Luego llegaron varios más, como Más grandes que el amor, o ¿Arde París?. Y hace poco, ¡Oh Jerusalén!. Son libros entretenidos, divulgativos y sencillos de leer. Ideales para aterrizar en un tema del que uno no sepa casi nada.
El caso es que un arcoíris en la noche relata la historia de Sudáfrica, desde la llegada de Van Riebeeck hasta el fin del apartheid. El libro es bueno, pero le falta algo. Y no sé bien qué es. O quizá no le falta nada y ya me he hecho mayor.

PS: "De nada les sirvió a los franceses toda su valentía: los bosques se armaron, los matorrales se convirtieron en enemigos. Las represalias no frenaron nada, porque en este país las represalias son cosa natural. La batalla de Bailén, la defensa de Gerona y de Ciudad Rodrigo anunciaron la resurrección de un pueblo."
Chateaubriand, François de: Memorias de ultratumba (Libros XIII-XXIV). Tomo II. Página 1033.

PD: De camino a la ciudad de las "artes toledanas". Y luego almuerzo con mis ex-compañeros y sin embargo amigos de la everis.