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30.3.16

Vientos urbanos (I)

El proceso de expansión de la Monarquía Hispánica en América fue un proceso urbanizador. Fueron las ciudades las que poblaron el continente, tal y como demuestra Manolo Lucena en su magnífico A los cuatro vientos, un breve y delicioso ensayo que he rematado estas pasadas vacaciones. Se trata de un libro que es en realidad, creo yo, una previa al delicioso Naciones de rebeldes, una interpretación en clave también urbana del proceso emancipador de la América española. 

Sostiene Lucena que "El proceso que hoy llamamos conquista y colonización fue en realidad un "colosal proceso urbanizador, que ocurrió en América entre 1492 y 1810", y ha sido un fenómeno único en la historia de la humanidad por su "densidad, equilibrio y continuidad en el tiempo

En realidad, esto fue posible, porque, como recuerda en sus primeras páginas el autor, "la España de finales del siglo XV estaba estructurada en una potente y prometedora red de ciudades, resultado de largo y complejo proceso de Reconquista"

Hablaremos del tema porque, como señala Fernández Armesto en el prólogo "Cuando dos ingleses se tropiezan en una frontera lejana, forman un club. Cuando dos españoles se encuentran en circunstancias parecidas, fundan una ciudad".


21.5.14

Cádiz, las esculturas

No es fácil patearse Cádiz. Son más de tres mil años de historia y eso exige mirar mucho y bien. Nos acercamos al museo del provincia. Una magnífica exposición de restos, como los dos sarcófagos fenicios de leyenda que ningún visitante debería perderse. En esta ciudad se confirma esa tesis que le leí a Racionero: la civilización es urbana: el resto es bruma, frío y miedo. La planta de arriba es, empero, más floja: glorias de la pintura local sin demasiado interés. Llegamos a la Casa del Obispo e iniciamos otro viaje en el tiempo. Salimos a la calle, ya en el siglo XX, y entramos en la Casa de Iberoamérica. La exposición permanente de Cornelis Zitman: un holandés errante al que desconocía. Hay una marca propia en cada una de sus figuras que llena de paz las salas. Hay algo mágico en la escultura como concepto; quizá nosotros no seamos más que mamíferos que crean con las manos. Quizá el primer hombre supo que lo era cuando dibujó con barro sus sueños. O cuando, como hubiera escrito César Vallejo, escribió con su dedo grande en el aire...

Es tarde ya cuando volvemos a casa. Por el camino, un  levante de cojones, a sí que aceleremos la salida hacia Castilla