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23.5.14

La Constitución

Cádiz: la ciudad constitucional. Impacta entrar en San Felipe Neri. El oratorio en el que nació lo que somos. Ahí podemos reconocernos con ciudadanos de una nación moderna. Todos. Aquellos diputados catalanes, se lo leí a Burgueño hace años, pidiendo que se haga una división racional del país en provincias. 

Un país que se hacía mayor de edad y proclamaba que no era patrimonio (artículo 2) de ninguna familia ni de persona alguna. Me siento con respeto a mirar. Habla un guía bastante flojo. Busco silencio. Aquí se hizo historia, y yo soy un hombre respetuoso con lo que fuimos. 

De ahí enfilamos al Museo de las Cortes, donde me encuentro con la gran maqueta de la ciudad, ya saben, aquella ejecutada en un país sin ciencia y sin respeto por el saber. Qué cosas.

Algunos viejos amigos, como Diego José de Cádiz, uno de los personajes más fascinantes del complejo XVIII español, están también en la galería de retratos. Los saludo uno a uno con cordialidad antes de retomar el camino a casa.

3.1.08

Cádiz

Dormimos de un tirón y desayunamos como marqueses. Nos volvemos a poner en ruta. Nos acercamos a la playa de Zahara. El atlántico está embravecido. Aún hay muy poco edificado, imagino que por la lejanía a Madrid y por el viento del Levante. A escasos metros mar adentro están los restos de un barco hundido. Un cartel de la Junta lo anuncia. El clásico modelo de gestión pública que considera que para qué vas a quitar la chatarra si es más barato poner un cartel que lo avise. Giramos hacia el norte y nos dirigimos a Cádiz, la legendaria Gadir. El camino es ligero, hay autovía y se hace de un tirón. Entramos en la ciudad por la avenida Cayetano del Toro y recorremos la arteria urbana hasta el final. Nuestro hotel se ubica en pleno casco, a pocos metros de la plaza de la catedral. Aparcamos y recorremos el casco. La ciudad es hermosa. Está limpia y sus calles del XIX introducen al viajero en otro mundo. Parece Filadelfia, apunta con buen tino Jimena, al ver la cantidad de placas que recuerdan que aquí, en 1812, con las bombas que tiraban los fanfarrones, se hacían las gaditanas tirabuzones. La muerte de Gravina, fruto de las heridas de la guerra. Las primeras Cortes de la era moderna en nuestro país, la primera Constitución. La unión de los españoles de ambos hemisferios. La catedral, que podría estar en La Habana. Los diputados catalanes pidiendo a las Cortes que dividieran el país de manera racional en provincias. Entramos en un par de librerías de viejo. Seguimos paseando. Una ciudad orgullosa de lo que fue. Se nos echa la noche encima. Cena, campanadas y a dormir. Mañana volvemos a casa.

PS: El turismo empieza a convertirse es una de las mayores catástrofes naturales de la humanidad. Pronto habrá que organizar una especie de Greenpeace para defenderse de plagas tan nocivas. Tener que sufrir la presencia de ignorantes rebaños en los lugares más prodigiosos es una tortura muy superior al placer de contemplar cualquier obra monumental de cerca.
Boadella,
Albert: Adiós Cataluña. Crónicas de amor y de guerra. Espasa, Madrid, 2007. página 194