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7.4.16

Vientos urbanos (II)

Alguna reflexión más sacada del libro de Manolo Lucena sobre el mundo urbano en la América española Señala el autor que las ciudades fueron abriendo el espacio y así ayudaron a la consolidación de las fronteras. Para ello y durante gran parte de la primera mitad del siglo XVI, el proceso urbanizador se valió de dos mitos: el de la ciudad perdida de los Césares, localizada en el Río de la Plata, y el de las siete ciudades de Cibola, fundadas en el siglo XII por siete obispos huidos con las reliquias santas de Mérida en Extremadura, cuando la ciudad iba a ser conquistado por los moros.

Aquel mundo en el que se fundaban ciudades, porque, como en el inicio de Cien años de soledad, ese mismo mundo era todavía reciente. Un mundo en el que los conquistadores tenían claro que  "Dios está en el cielo, el rey está en Castilla y yo estoy aquí".

25.4.14

Si somos lo que leemos

Yo aprendí a leer novela con García Márquez. Igual que aprendí a leer cuentos. Igual que a leer poesía me enseñaron César Vallejo y Federico Gacía Lorca, por este orden. Murió uno de los grandes. El único hombre, con sus cien años de soledad, del que he leído la misma obra tres veces. El único autor cuyo inicio de varias novelas tengo grabado en la cabeza, ¿recuerdas Hornuez?. El autor de los cuentos con los que yo quise aprender a escribir relatos. No sólo el de Esteban, el ahogado más hermoso del mundo, sino también aquel relato mágico, que descansa entre los doce cuentos peregrinos y que llevaba por título el avión de la bella durmiente. El relato que nos narra todas esas historias de amor escondido y silente que tantas veces hemos protagonizado los hombres. Esas historias en las que la dama nos abandona sin agradecernos lo mucho que hemos hecho por ella en silencio durante tanto tiempo.

Un relato, en fin, sobre el olvido en el que todos nos convertimos a la larga. Un relato sobre todos nuestros miedos...

23.4.14

Día del libro, con García Márquez al fondo

Perdonen si no lo llamo Gabo. No lo conocí. Nunca lo traté. Pero aprendí a leer fábulas gracias a sus escritos. Un grande que se nos fue. Y si hoy es 23 de abril, permítanme recomendarles una obra menor de García Márquez. Un cuento, nomás. Quizá el cuento más bello del que tengo memoria. Escrito en 1968. La historia de Esteban, el ahogado más hermoso del mundo.

Cómprenlo. Se publicó en 1972 en el conjunto de cuentos que llevaba por título "La increíble y triste historia de la Cándida Eréndida y de su abuela desalmada"

Puede disfrutarlo, aunque le advierto que no sé si de manera legal o no, en esta página. En cualquier caso, disfrútelo, desocupado lector. Y, al acabar, ponga de fondo, mientras se relaja, ese hermoso poema de Joan Salvat Papasseit al que Loquillo puso música y que empezaba diciendo que Ara no es fa, pro jo encara ho faria... Y verá la mágica relación que hay entre ambas obras...

Eso es la literatura...