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25.4.14

Si somos lo que leemos

Yo aprendí a leer novela con García Márquez. Igual que aprendí a leer cuentos. Igual que a leer poesía me enseñaron César Vallejo y Federico Gacía Lorca, por este orden. Murió uno de los grandes. El único hombre, con sus cien años de soledad, del que he leído la misma obra tres veces. El único autor cuyo inicio de varias novelas tengo grabado en la cabeza, ¿recuerdas Hornuez?. El autor de los cuentos con los que yo quise aprender a escribir relatos. No sólo el de Esteban, el ahogado más hermoso del mundo, sino también aquel relato mágico, que descansa entre los doce cuentos peregrinos y que llevaba por título el avión de la bella durmiente. El relato que nos narra todas esas historias de amor escondido y silente que tantas veces hemos protagonizado los hombres. Esas historias en las que la dama nos abandona sin agradecernos lo mucho que hemos hecho por ella en silencio durante tanto tiempo.

Un relato, en fin, sobre el olvido en el que todos nos convertimos a la larga. Un relato sobre todos nuestros miedos...

26.10.13

Fotos

Hay varios álbumes de fotos encima de la mesa. Una mano las va señalando. La imagen me lleva de nuevo a Aureliano Buendía. A aquel tiempo cuando “el mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”. Hay una vida que construye lo que somos, y que nos lleva por nuestras lecturas. Quizá porque no seríamos los mismos sin las personas que nos acompañan o sin el entorno que nos rodea. Pero había, digo, varios álbumes de fotos. Y mientras esa mano delicada las va señalando yo recuerdo, qué cosas, uno de los más hermosos poemas de Luis Alberto de Cuenca, aquel que dedica a esa Alicia que se disfraza de Leia Organa y en que nos reclama que entendamos que “es que hay, además, esa mirada / con que premian tus ojos mi deseo”.