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18.10.12

Paisaje, entre castaños...


Interesante reflexión de Martín Viso, al hilo del paisaje y de su importancia, en la construcción de la identidad. Aunque el texto se refiere a la Edad Media, creo que vale también para esta mañana,  mientras paseo por un bosque de castaños como este, en el mi pueblo…


"En este punto, conviene detenerse, aunque sea brevemente, en definir nuestro concepto de paisaje. Este se compondría de dos aspectos fundamentales. Por un lado, estaría la noción de territorio, la antropización de un espacio físico, que se ordena para su explotación económica y para su conceptualización como un espacio social y político. El paisaje se compone de áreas con funciones interrelacionadas que se articulan como una red: zonas de producción, zonas residenciales y zonas de alta significación simbólica asociada al dominio social, como son los centros eclesiásticos, los castillos o las necrópolis. Por otro lado, el paisaje es la percepción de ese territorio, la forma mediante la cual los hombres y mujeres que viven en un lugar lo entienden y lo conciben. Por tanto, el paisaje tiene un profundo significado cultural, que se asocia a la construcción simbólica de un escenario en el que se mueve la identidad individual y colectiva. De esta manera, el paisaje se convierte en una fuente de referencia y un contexto dotado de significado social y cultural, pues se trata de es un elemento integral de toda actividad humana, que funciona como un terreno político sobre el cual se lucha entre diversos intereses, por lo que implican orden social y género, al mismo tiempo que permite la negociación entre identidades. Así, el paisaje se asocia a la construcción simbólica de un escenario en el que se mueve la identidad individual y colectiva".

13.10.12

Mirando, era otoño...


Mirar. Ver. Los ocres. Los tonos de Castilla. Es Castilla, miradla… Sonaba Barricada en el Iphone, esa canción fetiche para un mes hermoso: Acabé quemando mi nariz  / Sólo en octubre me siento así / Y ese viento que pega de frente / No deja a los ojos descansar. Las castañas. Que en la mi tierra se apañan, no se recogen. Pasear por el Barreiro, bajar hasta Llagona. Los versos de Claudio. Dejad de respirar y que os respire la tierra, nos conjuró un día. El sol empieza a irse pronto. Quedan las sombras. Queda el caldeiro, junto al fuego, con la berza encima de los frutos que crepitan. Siempre fue esta una tierra de magia, en el serano, al caer la tarde, o ya en la noche. “Contar historias y viejas baladas” hubiera dicho Yosi...

La paz que da reconocer las derrotas. Todas las derrotas, sin que quede ninguna por asumir. Y hacerlo mientras uno pasea en compañía de viejos amigos. Ese es el primer paso para empezar de nuevo:  la libertad del “[…] corazón cuando late sin tiranía, cuando / resucita y se limpia”.

Son las castañas. Es el otoño. Una estación que sólo se disfruta en la madurez. Ya lo escribió el bardo zamorano: “Estas castañas, de ocre amarillento, / seguras, entreabiertas, dándome libertad / junto al temblor en sombra de su cáscara”.