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24.7.13

Management y creatividad


Vaya por delante que siempre he sido muy receloso con este tema. Humo y más humo. A mí me lo van a decir, que soy consultor. Pero Joxete, que es bueno, me puso en contacto con uno de ellos, el humanista Fernández Aguado. De ahí, tirando, tirando, un libro irregular, pero con algunos capítulos magníficos. 
Dos o tres capítulos fantásticos, habrá tiempo de comentarlos aquí. Me interesa, ahora mismo, la reflexión de José Manuel Casado sobre el futuro del trabajo. Tres tipos de trabajadores que nunca serán deslocalizados: los espaciales (siempre habrá peluqueros, o electricistas, o fontaneros…), las estrellas (el tal Messi, no diré más) y los especiales, aquellos que son una marca en sí mismos. Es el camino. En ese escenario, empresas en trébol, una figura magnífica para expresar hacia dónde camina el valor: dedícate a lo que sabes hacer y no pierdas el tiempo en el resto. 

Y pienso todo esto mientras trabajo en un espacio de coworking público, puesto en servicio por el Ayuntamiento de Madrid, en el marco de un proyecto fascinante: la catedral de la innovación. Buen trato, buen ambiente, buenas ideas. Buenos recursos para trabajar.


Se hacen cosas bien. No todo es lodo. Y ya lo decía Doña Carmen. Iglesias. No siempre lo peor es cierto…

22.5.12

Suerte en la vida...



Personas. Nos construimos con la gente que nos rodea. También en lo profesional. A mí me hicieron como soy varias personas. En el plano profesional, no tengo que pensarlo demasiado. Desde aquel legendario Pachi, que ahora vive en la Sierra, hasta el Manolo que me metió en este negocio, pasando por la mujer que me enseñó el oficio, años más tarde. Poco más. Pero todo pasa, también en la vida profesional. La gente llega y se va. Esto le hace pensar a uno si merece la pena dedicar esfuerzo a formar a la gente que tienes a tu alrededor. Es lo más parecido, en ocasiones, a una pasión inútil. A un esfuerzo baldío. Algo te dice que ya rendirá en otro lugar lo que tú le has enseñado.
Y sin embargo, no sé hacerlo de otra manera.

Creo que lo peor que me podría decir alguien que hubiera trabajado conmigo si me lo encontrase al cabo del tiempo sería algo así como “no me enseñaste nada aquellos años”.


Suerte en la vida, Marqués.



PS: De nuevo a Santiago. Y con mi espalda comiéndoselo todo.

8.6.11

Buenas noticias en un oficio ingrato

El mío es un oficio ingrato. Como tantos otros, supongo. Trabajar como un castigo de Dios. Cuando las cosas van mal, la culpa es siempre de la gente como yo. Cuando van bien, por el contario, el cliente, que para eso nos paga con el dinero de todos, se arroga todo el mérito y nosotros quedamos encerrados en un discreto segundo plano. No me quejo. Es el negocio. Es la vida.

Pero de vez en cuando, algún cliente asume que trata con personas y se lleva uno gratas sorpresas. Ayer estaba en Burgos. Era media mañana. Sonó el teléfono. Desconocido. Una voz familiar. Amigo, soy Pepe. Un proyecto realizado hace seis años. De hecho, ahí empezó esta bitácora. Un buen equipo, con mi cartapacio favorito al frente de una de las secciones. Una alegría. Cómo te va, dónde andas. Cuánto tiempo. Nada, me ha dicho el gerente que te llame. Queremos hacer un tema y nos gustaría que nos dieras presupuesto. Seguimos hablando. Hay un tono melancólico en su voz, y quizá también en la mía. El tiempo no pasa de balde. Para nadie. Lo pasamos bien y aprendimos mucho, me dice. Aún recuerdo esas sobremesas oyéndote hablar del Quijote y del de libertad de Berlin. Me emociona su recuerdo. A veces, pienso que sólo soy alguien pesado que cuenta cosas que a nadie interesan. Aquellos viajes de lunes a jueves. Más de cuatrocientos quilómetros para ir y los mismos para volver. Aquellos paharillos, Aquella arbequina. Era 2005. Lo único malo es que había gente que yo aún no conocía pero que ya se iba escapando de mi vida.

Aquella primavera y aquel verano trabajamos mucho. Jornadas hasta las nueve de la noche. Pero mereció la pena. Hicimos un buen trabajo. Y alguien, tantos años después, no sólo se acuerda del trabajo sino, lo que es mucho más importante, de las personas que lo estaban ejecutando.

Un placer volver a oírte Pepe.