24.7.13
Management y creatividad
22.5.12
Suerte en la vida...
Suerte en la vida, Marqués.
8.6.11
Buenas noticias en un oficio ingrato
El mío es un oficio ingrato. Como tantos otros, supongo. Trabajar como un castigo de Dios. Cuando las cosas van mal, la culpa es siempre de la gente como yo. Cuando van bien, por el contario, el cliente, que para eso nos paga con el dinero de todos, se arroga todo el mérito y nosotros quedamos encerrados en un discreto segundo plano. No me quejo. Es el negocio. Es la vida.
Pero de vez en cuando, algún cliente asume que trata con personas y se lleva uno gratas sorpresas. Ayer estaba en Burgos. Era media mañana. Sonó el teléfono. Desconocido. Una voz familiar. Amigo, soy Pepe. Un proyecto realizado hace seis años. De hecho, ahí empezó esta bitácora. Un buen equipo, con mi cartapacio favorito al frente de una de las secciones. Una alegría. Cómo te va, dónde andas. Cuánto tiempo. Nada, me ha dicho el gerente que te llame. Queremos hacer un tema y nos gustaría que nos dieras presupuesto. Seguimos hablando. Hay un tono melancólico en su voz, y quizá también en la mía. El tiempo no pasa de balde. Para nadie. Lo pasamos bien y aprendimos mucho, me dice. Aún recuerdo esas sobremesas oyéndote hablar del Quijote y del de libertad de Berlin. Me emociona su recuerdo. A veces, pienso que sólo soy alguien pesado que cuenta cosas que a nadie interesan. Aquellos viajes de lunes a jueves. Más de cuatrocientos quilómetros para ir y los mismos para volver. Aquellos paharillos, Aquella arbequina. Era 2005. Lo único malo es que había gente que yo aún no conocía pero que ya se iba escapando de mi vida.
Aquella primavera y aquel verano trabajamos mucho. Jornadas hasta las nueve de la noche. Pero mereció la pena. Hicimos un buen trabajo. Y alguien, tantos años después, no sólo se acuerda del trabajo sino, lo que es mucho más importante, de las personas que lo estaban ejecutando.
Un placer volver a oírte Pepe.



