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6.2.15

La raya-los pueblos promiscuos

Madrugamos y aún nos da tiempo a asomarnos al Támega para disfrutar del puente romano. Ponemos rumbo a los pueblos promiscuos. Por lo que he creído entender, a cambio de obtener el Coto mixto, España cedió su parte en los tres pueblos promiscuos; tres aldeas ubicadas en medio de la Raya, a unos pocos quilómetros al oriente del Coto. Nos cuesta llegar al primero, ya que el gps nos lleva por un camino sin asfaltar. Es una mañana fantástica de invierno. Finalmente, arribamos a Soutelinho da Raia  y, esta vez sí, lo primero que hacemos es acercarnos al bar. Entablamos conversación con la gente que a esta hora está allí, (los que no han ido a misa) y un hombre nos lleva hacia la iglesia. Nos enseña orgulloso el patrimonio del pueblo y nos invita a mirar lo que se esconde tras el altar: restos de policromía que parece ser de época medieval. Nos cuenta por dónde discurría la raya y nos despedimos de él agradecidos. Tardamos algo más en llegar al segundo de los pueblos, Cambedo. Allí un vecinos nos señala la placa que recuerda a los hombres que se escondieron en el pueblo durante la terrible guerra civil española. Ya dijo James Joyce que la historia no es más que una pesadilla de la que (yo también) estoy intentando despertar. 

Para llegar al último de los pueblos, Lamadarcos, lo más cómodo es entrar en España y volver a Portugal. El carácter caprichoso de las fronteras. La dueña nos abre su tienda-bar y allí estamos un rato charlando con ella. De su infancia. De la emigración. De su relación con los vecinos espanhois. Una sagres y poco más. Toca volver a Senabria. Allí nos espera el Decano en su Mesón para almorzar.  

Un viaje magnífico. 

4.2.15

La Raya- Chaves

Es ya noche cerrada cuando llegamos a Chaves. La vieja y legendaria Aqua flaviae de los romanos. Una zona mágica de la Raya, esta que une Orense, Zamora y Tras os Montes. Llena de aguas y vacía de gentes. Como ya uno no puede viajar sin los consejos de la red, nos alojamos muy formales en un recoleto hotel llamado Katia. Salimos a recorrer la ciudad, una pequeña capital de provincia rayana con un caso hermoso y señorial, como corresponde al país. Callejeando la ciudad acabamos en la Adega Faustino. Una nave reconvertida en restaurante. Varias parejas cenan una al lado de la otra mientras miran la televisión. Nosotros, que somos tres amigos, cenamos para charlar. Al acabar nos tomamos una copa enfrente. Un mundo lánguido, el portugués, en el que aún se puede fumar en los bares. Un par de gintonics y a dormir. Mañana nos tocan los pueblos promiscuos. 

2.2.15

La Raya - El Coto Mixto

Salimos tres diletantes desde la Sanabria y salimos con la fresca (siete bajo cero marcaba el coche) hacia la ciudad de las Burgas. Nos costó encontrar Outariz, pero mereció la pena: un baño relajante en unas termas, es uno de los grandes placeres del invierno.

Volvimos sobre nuestros pasos y, tras almorzar en Ginzo, pusimos rumbo a nuestro destino. El Coto Mixto es un lugar mítico cuyo nombre suena aún legendario. Un valle perdido en lo que hoy es el sur de la provincia de Orense y que gozó, durante siglos, de un estatuto rayano e independiente. Todo terminó en 1864, con la llegada definitiva del Estado moderno a través del Tratado de Lisboa, cuando españoles y portugueses decidieron acabar con aquel sindiós que era La Raya. Terminó también la propia memoria del Valle, apuntalada por la gran emigración que supuso el siglo XX. Los habitantes de la zona, durante siglos, ni estaban obligados a elegir nacionalidad ni pagaban tributos. Zona fronteriza y aislada, desde Meaus, el primer pueblo misto según se viene desde Ginzo, se observa bien el carácter aislado del valle, cercado entre suaves montañas. Damos una vuelta y apenas hay gente. Un vecino nos dice que apenas queda nadie ya, y que todos los vecinos emigraron, o a Orense o a Barcelona. Seguimos por tanto ruta y llegamos a Santiago de Rubiás. Aparcamos en busca de la iglesia. Una placa recuerda allí la existencia del Coto. No hay ningún bar en el pueblo. Finalmente enfilamos Rubiás, cerca de Santiago. Desde allí partía el Camino Privilegiado, una ruta de unos pocos quilómetros que funcionaba como camino franco para los vecinos del Coto hacia Portugal; lo que les permitía comerciar libremente con los vecinos sin ser molestados por nadie. 

Está cayendo la tarde ya cuando paseamos el Camino. Es una tarde hermosa de invierno y se nos ha ido la luz cuando decidimos regresar al coche y enfilar hacia Chaves.