La aviación militar.
Otro tema del que no se habido nunca nada. Hasta llegar a por
tierra, mar y aire. Hasta llegar a la mirada que Robert D Kaplan extiende
sobre todos nosotros. Algunas reflexiones: la fuerza aérea es una herramienta
más disuasoria que el ejército de tierra, porque no ocupa territorios. A
mayores, es una fuerza con poca historia detrás: no tiene lecciones que
aprender aún (no hay una Esparta a
la que observar, ni un Napoleón al que estudiar).
El
autor contrapone dos aviones de combate que no pueden ser más diferentes. Los A10, los jabalíes, que cazan a ras de tierra. Un avión anticuado,
en servicio desde 1975, pero ideal para las guerras no convencionales. Y a poco
más de diez millones de dólares la unidad. Un avión que “ni es rápido ni está
dotado de alta tecnología”, pero que obliga al piloto a saber dónde está y
a conocer el terreno que sobrevuela. Frente a esta forma de entender la
aviación militar, el B2, la joya de la corona. Un costoso artefacto de más de mil millones de
dólares por ejemplar, el avión más caro jamás construido, silencioso y casi
invisible a los radares enemigos. El
problema es que quizá no haya guerras en
las que usarlo, mientras que los A10 parecen tener más trabajo que nunca.
Excepto, claro, en el caso de que enloquecido gobierno de la Corea comunista decida pasar a la
acción.



