La historia de Ceuta tiene mucho de mito. Madrugamos para caminar con calma las murallas reales. El canal abierto por los portugueses convirtió a la ciudad en una isla. Marruecos al fondo. Es festivo y, pese a lo que se anuncia en las puertas, están cerrados los museos; así que nos queda patear la ciudad. Ni los baños árabes ni el museo de la legión. Algunos vinos decadentes. Un vistazo por La casa de los dragones y el Palacio de la Asamblea. Una ciudad llena de recuerdos militares. Los caídos en la campaña de África, quizá la primera y última guerra que España hizo como nación moderna, son recordados en un monolito en la plaza de África. Sólo en Melilla se vive con tanta intensidad la identidad española como aquí. Las fronteras, sitios de identidad difusa, son ideales para reivindicar identidades. No es casual, se lo leí hace años a Jon Juaristi, que gran parte de los inventores de identidades nacionales vengan del limes: Si De Valera nació en Nueva York y era hijo de un asturiano, si Hitler era austriaco, Napoleón corso y si Chamberlain, por poner solo cuatro ejemplos era británico, es que nuestros padres mintieron / eso es todo.
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14.5.14
La ciudad portuguesa o el limes de la identidad
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12.5.14
Ceuta
Atracamos en Ceuta. Un paseo hasta el Parador. Un edificio envejecido; esta vez no ha sido buena elección ya que ni siquiera su magnífica ubicación justifica el precio. Para salir a cenar, nos andamos la ciudad. Una ciudad, cortesías de la fecha, metida en celebraciones religiosas. Cuando divisamos el Hacho nos acobardamos cogemos un taxi para ir al Oasis. Siempre que llego a una ciudad, pregunto siempre por los doce mejores restaurantes. De camino, el taxista nos desgrana los problemas del sector que en el fondo son los de la ciudad. Un mundo de claustrofobia cuando un mar te separa de tus entornos culturales. La gente se va. Ese mensaje tan duro que he oído tantas veces en la mi tierra rayana y que tan difícil es de entender cuando uno no ha salido nunca de Madrid. Terminamos de cenar. Una delicia. No se pierdan el restaurante si vienen por aquí. Bajamos la cena con un digestivo. La ciudad, en la que todo recuerda que la única garantía del mantenimiento de su identidad occidental son las Fuerzas Armadas, está ya recogida cuando nos retiramos.
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