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14.5.14

La ciudad portuguesa o el limes de la identidad

La historia de Ceuta tiene mucho de mito. Madrugamos para caminar con calma las murallas reales. El canal abierto por los portugueses convirtió a la ciudad en una isla. Marruecos al fondo. Es festivo y,  pese a lo que se anuncia en las puertas, están cerrados los museos; así que nos queda patear la ciudad. Ni los baños árabes ni el museo de la legión. Algunos vinos decadentes. Un vistazo por La casa de los dragones y el Palacio de la Asamblea. Una ciudad llena de recuerdos militares. Los caídos en la campaña de África, quizá la primera y última guerra que España hizo como nación moderna, son recordados en un monolito en la plaza de África. Sólo en Melilla se vive con tanta intensidad la identidad española como aquí. Las fronteras, sitios de identidad difusa, son ideales para reivindicar identidades. No es casual, se lo leí hace años a Jon Juaristi, que gran parte de los inventores de identidades nacionales vengan del limes: Si De Valera nació en Nueva York y era hijo de un asturiano, si Hitler era austriaco, Napoleón corso y si Chamberlain, por poner solo cuatro ejemplos era británico, es que nuestros padres mintieron / eso es todo.

27.9.13

A vueltas con ese tango de la guardia vieja...

Me pareció una novela magnífica, este tango de la guardia vieja.

Personajes bien construidos. Este Max Costa, que en realidad somos cualquiera de nosotros dentro de veinte años. Eres tú Hornuez, o es Mi Coronel. O quizá es también Angelito, y aún no lo sabemos. Es en realidad cualquiera de nosotros si hubiéramos hecho aquella guerra en África. Aquellos muertos que retrató Imán y que nos contó Arturo Barea. Y allí estaba ella, Mecha Inzunza. Esas mujeres prohibidas. Esas mujeres a las que uno ve, incluso cata, pero que no consigue jamás. Quizá por la constatación, indeleble, de que ni todos somos iguales, ni la vida nos trata a todos de la misma manera. Esas historias de amor. O de odio, quién sabe; a veces quizá sean lo mismo. Esas historias, digo que se mantienen intactas durante décadas. Prohibidas. A veces uno piensa que las ha olvidado y un día, aparecen de nuevo, golpeándote con violencia en la cara... Es difícil narrar eso. Y Arturo Pérez Reverte lo consigue. 

Ella le recuerda a él, es la página 141, era mayo y yo paseaba por la playa de Vera: “Hay lugares a los que no se debe regresar nunca. Tú mismo dijiste eso en cierta ocasión”. 

Gracias a dios es sólo una novela. Una novela, digo, a la que volver cuando uno quiera (será otoño y nada importará ya entonces) dejarse llevar por la nostalgia...

27.7.09

Cien años ya...

En el barranco del lobo

hay una fuente que mana

sangre de los españoles

que murieron por la patria.

Pobrecitas madres,

cuánto llorarán

al ver que sus hijos

a la guerra van.

Ni se lava ni se peina

ni se pone la mantilla

hasta que venga su novio

de la guerra de Melilla.

Pobrecitas madres,

cuánto llorarán

al ver que sus hijos

a la guerra van.

Melilla ya no es Melilla,

Melilla es un matadero

donde van todos los hombres

a morir como corderos.

Pobrecitas madres,

cuánto llorarán

al ver que sus hijos

a la guerra van.

(A mi abuelo, que luchó en África y que, al volver, le trajo unos puros a su hermano Miguel y a mi abuela, que lo esperó porque “era muy buen mozo”)