Mostrando entradas con la etiqueta Max Costa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Max Costa. Mostrar todas las entradas

27.9.13

A vueltas con ese tango de la guardia vieja...

Me pareció una novela magnífica, este tango de la guardia vieja.

Personajes bien construidos. Este Max Costa, que en realidad somos cualquiera de nosotros dentro de veinte años. Eres tú Hornuez, o es Mi Coronel. O quizá es también Angelito, y aún no lo sabemos. Es en realidad cualquiera de nosotros si hubiéramos hecho aquella guerra en África. Aquellos muertos que retrató Imán y que nos contó Arturo Barea. Y allí estaba ella, Mecha Inzunza. Esas mujeres prohibidas. Esas mujeres a las que uno ve, incluso cata, pero que no consigue jamás. Quizá por la constatación, indeleble, de que ni todos somos iguales, ni la vida nos trata a todos de la misma manera. Esas historias de amor. O de odio, quién sabe; a veces quizá sean lo mismo. Esas historias, digo que se mantienen intactas durante décadas. Prohibidas. A veces uno piensa que las ha olvidado y un día, aparecen de nuevo, golpeándote con violencia en la cara... Es difícil narrar eso. Y Arturo Pérez Reverte lo consigue. 

Ella le recuerda a él, es la página 141, era mayo y yo paseaba por la playa de Vera: “Hay lugares a los que no se debe regresar nunca. Tú mismo dijiste eso en cierta ocasión”. 

Gracias a dios es sólo una novela. Una novela, digo, a la que volver cuando uno quiera (será otoño y nada importará ya entonces) dejarse llevar por la nostalgia...

26.6.13

Cine y literatura... ¿acaso no es lo mismo?

Una de clásicos. Me puse, al fin, con las sandalias del pescador. La había leído de joven, interno, en Peñafiel. Aquellos años. Aquellos libros que me dejaba el hijo de Contemplación un hombre, ya lo dije, de otra pasta. Una película hermosa, algo ajada ya por el paso del tiempo, pero con la suficiente carga de dignidad como para permitir una nueva visión, tantos años después. Está magnífico Quinn, en el papel del Cardenal Lakota que se come toda la pantalla, como magnífico está Mi general de la rovere. La intriga de la alta política del Vaticano y la descripción de los momentos vinculados a un cónclave. Hermosos años sesenta. Años de libertad, de crecimientos, de espacios abiertos. Años para imaginar, la construcción de nuestra vida en clave cultural procede de la literatura, a Max Costa, caneado, y a Meche Insunza, hermosa en su plenitud, recordar los años en los que, a oscuras, a escondidas, fueron felices. Aquella Italia, aquellos años, los sesenta, donde su hizo realidad aquel deseo de Conrad con el que Pérez Reverte abre el libro, cuando señala que “Y, sin embargo, una mujer como usted y un hombre como yo no coinciden a menudo sobre la tierra”...

Qué cosas...


PS: días decisivos.