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27.2.19

Cordelia y sus puñetas

Las puñetas -y los dilemas- de Cordelia, por Manuel Conthe. Un texto interesante para entender varias cosas, con la excusa de la manada de fondo. Sobre todo, por qué nos cuesta tanto discutir con amigos: es complicado separar lo afectivo de lo cognitivo...

Culturilla general, cortesía del Perdidaco. 

21.1.16

La ambición en Macbeth

Nos acercamos, en sesión gafapasta, a ver Macbeth en VOS. 



Un magnífico Fassbender y una deslumbrante Marion Cotillard. Una música muy bien escogida y unos paisajes escoceses de los que quitan el aliento. Cine europeo con unos entornos oníricos para recontar la historia de Shakespeare. 

5.10.15

El poder, y la lectura

Acaba Semprún su libro con una buena reflexión sobre la vida. Sobre el paso del tiempo:

¿Había aprendido algo esencial durante mis años ministeriales?
Nada esencial, a mi entender. Nada sobre el poder, en todo caso. Nada que no supiera ya por los libros. De Platón a Dante, de Bodín a Max Weber, de Maquiavelo a Montesquieu, de Tocqueville a Lenin -no pretendo hacer la bibliografía completa de la cuestión-, todo está en los tratados y en los libros. Las razones del poder, su oscura o irradiante racionalidad. En cuanto a las sinrazones, basta con leer a Sófocles y a Shakespeare. 


Al final, todo está en los libros. y no entenderlo es querer descubrir América a cada paso...

5.4.09

Bacon

Para estrenar mi flamante condición de amigo del Museo del Prado, Jimena y yo nos acercamos a ver la exposición que sobre Francis Bacon hay organizada en el viejo Museo Real de Pinturas que Fernando VII creó en 1819. Es fantástico lo de ser amigo del Museo. Pudimos entrar por la Puerta de Velázquez sin tener que guardar cola, lo cual es un lujo porque los fines de semana la cola de acceso suele llegar casi al Jardín Botánico.
Atormentado Bacon. Obras desgarradoras. Impresionantes sus obsesiones sobre el Inocencio X de Velázquez. Un autor que se valió, en muchas ocasiones, de las fotografías para realizar sus obras. Obras crueles. Hay también influjo de Lorca al final de su vida. Obras pesimistas. Y de Shakespeare y de Eliot. Una obra inquietante, en la que lo individual es una cárcel solitaria.
Venimos de un siglo, el XX, peligroso, cruel y pesimista. Tal vez la clave de su obra conecte con la sentencia de Primo Levi: tras los campos de concentración, ya no hay sitio para la poesía.
Y quizá la postmodernidad sólo pueda pintarse como lo hacía Bacon.


PS: Mao no sólo desterró la ironía y la sátira (desde la primavera de 1942 de manera oficial), sino que criminalizó el humor. El régimen inventó un nuevo delito: “decir palabras raras”. A partir de entonces, cualquier comentario escéptico, lamentación u ocurrencia de algún ciudadano podía suponerle la etiqueta de espía. Chang, Jung y Halliday, J: Mao. La historia desconocida. Taurus, Madrid, 2006.  Página 311.