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12.7.18

Espinosa

Hojeo, antes de prestarlo, La Sinagoga vacía, de Albiac. Una frase de Espinosa: "sólo una triste y torva superstición puede prohibir el deleite". La tesis fascinante: el ateísmo y la modernidad nace con (y de) los marranos portugueses, porque eran llegaron descreídos a las Provincias Unidas pocos años antes. Aquellos nombres míticos muchos de ellos de origen transmontano, como Orobio de Castro, como  Uriel da Costa, cuya humillación debió de marcar de por vida a Espinosa, o como  Abraham PereiraSobre Espinosa, el más brillante de todos, cayó una terrible excomunión el 27 de julio de 1656 y ese día, quizá, nació en verdad el mundo moderno.

PS: Por la decisión de los ángeles, y el juicio de los santos, imponemos jérem, expulsamos, execramos y maldecimos a Baruj de Spinoza, con el consentimiento de esta Santa comunidad […] Maldito sea de día y maldito sea de noche; maldito sea al acostarse y maldito sea al levantarse; maldito sea cuando sale y maldito sea cuando regresa. […] Advertimos que nadie puede comunicarse con él en forma oral o por escrito, que nadie le preste ningún favor, que nadie permanezca con él bajo el mismo techo o a menos de cuatro varas, que nadie lea ningún texto o escrito por él.

21.4.14

Espinosa, en el origen

La Sinagoga vacía es un libro  complejo. Como cualquier obra que gire sobre el pensamiento Espinosa, aquel que levantó tanto temor y tanto odio como nadie en su siglo. Inabarcable. He podido con él gracias a la escritura sugerente de Albiac. Algunas ideas fascinantes. La radical anomalía que supone Espinosa, un hombre sobre el que no caerá el olvido que sí atrapará a Uriel da Costa y a Juan de Prado. Asegura Albiac en la página 13: "Espinosa es de otra raza. Deleatur! Durante siglos, ininterrumpidamente, su sombra se cernirá sobre el horizonte de quienes han tratado de prolongar en la modernidad esa práctica perversa de la palabra escrita a la cual Platón  llamará  -y aún hoy irremediablemente llamamos- filosofía. Nosotros, espinosianos."

Un hombre del que venimos. Nuestro tiempo es el suyo. Nuestros problemas, los de él. Continúa el maestro: "Espinosa somos, al fin, nosotros, pues no otro es nuestro universo de fantasmas que aquel que, en el desastre final del barroco, configura el tiempo que llamamos nuestro, bajo la vocación de su nombre. No hay, finalmente, -Hegel dixit- más que dos opciones: o  o Espinosa o nicht- philosophie, no- filosofía"

Es lo que hay...