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14.9.18

Huelgas y muertos

Las condiciones materiales de los trabajadores en la Unión Soviética no sólo eran más miserables que en el mundo capitalista. Sus derechos, además, estaban recortados (en realidad no tenían ninguno), pero la máquina de agit-prop nos modela lo que debemos recordar y lo que no. Pienso en esto al hilo de lo que cuenta Spufford en Abundancia roja, el heterodoxo acercamiento a la economía rusa. A principios de junio de 1962, veintiséis personas, (trabajadores, mujeres y niños) fueron asesinados primero y desaparecidos después a manos de las fuerzas armadas del Estado soviético en Novocherkask, una ciudad sureña ubicada cercada de Rostov del Don. Los ejecutados iban desarmados y se manifestaban de manera pacífica reclamando mejoras en los salarios a la vez que  protestaban contra la subida de los precios. El Estado soviético hizo desaparecer sus cuerpos y prohibió a sus familiares cualquier indagación sobre sus restos. 

PS: unas semanas antes, en la España sometida a la dictadura franquista hubo una huelga obrera en Asturias. Busquen los muertos, busquen... 




29.3.12

Huelga ¡general?

Huelga general, le llaman. Otro concepto del XIX que, junto con el de nación, identidad y deporte ha llegado con buena salud a los inicios del XXI. Las huelgas generales sólo tienen sentido para derrocar gobiernos de manera violenta. Es la utopía de la izquierda: el pueblo en armas se dirige al Palacio de Invierno y lo toma. Todo era mentira, claro. El pueblo nunca toma nada. Lo toman los dirigentes, y hace mucho que sabemos que, de obispo para arriba, ninguno de ellos cree en Dios. El pueblo es ese golfillo que abre la puerta, se lleva las hostias y acaba pidiendo limosna en la esquina mientras arrastrando su su brazo lisiado.

Las huelgas tienen sentido en entornos alejados del Estado social y democrático de derecho. Es decir, tienen sentido, precisamente, en aquellos entornos en los que están prohibidas, como Cuba o Corea del Norte. Y si mantienen algún sentido hoy en occidente es como medida de presión contra una empresa para conseguir algo en concreto. Como lo que hacen los seplillas, vamos

Lo demás son bobadas. Delirios onanistas de la izquierda, excitada ante la visión de un Pueblo Trabajador ocupando la Moncloa, guillotinando al Rey y creando una República de Trabajadores para que luego la dirijan ellos. Una izquierda, la nuestra, cuyos delirios y cuya poca ejemplaridad la alejan cada día más de la realidad. Qué patéticos son, por dios. Eternos niños que no terminan nunca de madurar...

Yo estoy en la oficina, claro.

10.12.10

Los controladores

Los controladores. La lógica del chantaje sabiendo que, además, no pasará nada. Así se ha construido el espacio público en nuestro país. Ellos a lo suyo. Como no hay ley de huelga, porque nadie se ha atrevido a hacerla, cualquiera sabe que puede hacer lo que quiera y que nunca pasa nada.

Algunas reflexiones: ¿Qué sentido tiene sindicarse en un Estado de derecho? Creo que ninguno. La mejor defensa para un trabajador es el respeto a la ley o, en su defecto, los juzgados de lo social. ¿Y qué sentido en un organismo público? Se me escapa.

Más reflexiones. El gobierno del talante. Ni un acuerdo de Estado con la oposición en seis años. El primer gobierno que, en democracia, militariza un servicio. Este es el gobierno del talante. Esta es la peor izquierda de Europa. Ojalá hubiera aquí una izquierda moderna, culta e ilustrada. Es pedir demasiado.

Más cosas. Hubo una huelga. Igual de salvaje. Igual de injusta. En el metro de Madrid. Antes del verano. La portavoz del gobierno de la dizque nación defecó sobre la presidenta de Madrid: “Hay que saber gestionar los conflictos”.

Nuestra izquierda, siempre por encima del bien y del mal.

Nuestra izquierda, lecciones de ética, y de eficacia, por fascículos.

PD: No sé quien es Lady Gaga, aunque me cruzo con ella en el periódico cada semana. Debo ser un tío un poco raro.

PS: En Valladolid. Y esta tarde sin muela del jucio. Veremos.

4.1.08

Cuando el agit-prop cambia de manos

Una de las cosas más fascinantes de esta penosa legislatura que, gracias a dios, llega a su fin, ha sido comprobar la reacción de la izquierda cuando, instalada en el poder, sufre el peso de la calle como factor de agitación política política. Ha dado la sensación, en estos cuatro años, no tanto que a la izquierda le moleste que le critiquen en la calle, sino que no concibe, siquiera, que alguien, no siendo ella, pueda ocupar la calle, y mucho menos para criticar a un gobierno progre.
Así, los que se hartaron de deslegitimar en la calle a un gobierno legítima y democráticamente elegido. Los que salieron a la calle contra el Plan Hidrológico. Los que salieron a la calle contra la Ley Orgánica de Universidades. Los que salieron a la calle para protestar (¿?) contra el Prestige. Los que salieron a la calle para protestar contra la invasión se Irac. Los que salieron a la calle contra La ley de Calidad de la Enseñanza. Los que salieron a la calle, en fin, contra una sensata y bastante modesta reforma laboral. Estos mismos, el pesoe, lo que queda de Izquierda Unida y toda la progresía patuleica, llevan cuatro años enfadados porque la oposición ha salido a la calle. Atreverse a discutirle a la izquierda el monopolio de la calle. ¿Dónde se ha visto tamaña osadía?
Si protestan las víctimas, le están haciendo el juego a los terroristas. Si protesta el pepé, es una muestra de que es un partido cercano a la derecha extrema. Si protesta la Iglesia, que se calle que son unos antidemócratas nacionalcatólicos.
Y yo me pregunto. ¿No tiene el mismo derecho las víctimas del terrorismo que los ecologetas a manifestarse en la calle? ¿Por qué la Iglesia
ha de crear un partido político para poder hacer política y los sindicatos no? ¿Pero quién se cree que es el partido socialista para decir quien puede hacer política y quien no?.
En fin, la moraleja de todo esto, si es que tiene alguna, está muy clara para el Partido Socialista: donde las dan, las toman.
Pues eso.

PS: Rogelio Alonso wrote: “Paul Wilkinson, precursor de los estudios sobre terrorismo, identificaba la militancia como un decisivo factor diferencial entre el terrorista y sus víctimas, o sea, la sociedad y el Estado. Mientras el terrorista fanatizado se convierte en un comprometido militante, la respuesta antiterrorista adolece a menudo de un activismo tan entregado, quedando en situación de desventaja

16.5.07

Estado de Derecho

En Vigo, unos trabajadores que protestan por sus condiciones laborales, han asaltado unas oficinas públicas, lanzando por las ventanas cientos de expedientes administrativos. El marxismo atávico que inunda nuestra cultura política impide a la Administración hacer su trabajo; es decir, impedirles entrar, disolverlos por la fuerza si hace falta y detener a los saboteadores.

Así está la situación: si unos cuantos amigos vamos a un edificio público a destrozar material a plena luz del día, es razonable pensar que nos detendrían en cuanto alguien llamara a la policía. Si decimos que lo hacemos por una reivindicación “social” es posible que nos traten con suavidad. Si además somos de una empresa pública, es posible que nos dejen salir por donde hemos venido.

Este es el concepto que nuestros políticos tienen de Estado de Derecho. Por eso seguimos, tantos años después, sin una Ley de Huelga. Por eso los piquetes, último vestigio de las bandas de la porra de los años treinta, pueden
suspender el Derecho durante horas en determinadas partes del territorio. Es lo que tiene tener un Congreso formado por “socialistas de todos los partidos”.

Pero también en esto nuestros socialistas pluripartidistas engañan a los trabajadores. Cortando carreteras y arrojando expedientes por la ventana no se atraen inversiones. Más bien al contrario.

Cita final:

Presidió el primer gobierno republicano Estanislao Figueras […] un político de origen catalán, republicano de toda la vida, de buena fe y polemista excelente, pero de los que confunden la capacidad para la dialéctica con el talento para gobernar.

Marco, José María:
Francisco Giner de los Ríos: pedagogía y poder. Península, Barcelona, 2002. Página 166.