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28.10.14

Kaplan y el monzón (I)

Cierra uno Monzón, y lo primero que le viene a la cabeza es la idea de que el mundo sigue girando. Es algo difícil de creer en un sitio como España, donde algunos de mis conciudadanos creen que hay una cosa que se llama derechos medievales que les permiten tener privilegios y otros se ofrecen, en un alarde de modestia, a reconducir la Unión europea ellos solos. 

Pero sigue. Y sigue su camino hacia el oeste. Y no se detendrá en el Pacífico. Y ahí un grande entre los grandes para recordárnoslo. Robert Kaplan, el hombre que nos cuenta lo que no imaginamos. No sé como hay gente que va por la vida sin haberlo leído. Podrá uno estar de acuerdo con él o no, pero es un must, o como se diga en castellano. No comprenderá el siglo XXI quien a estas alturas no entienda cosas como las peculiaridades de los Baluchis y el carácter sincrético de ciudades como Karachi. O que no sepa que la diferencia básica entre Bombay y Calcuta es mucho más que la distancia entre este y oeste del país...

El Índico, un mar convertido en una ruta comercial gracias al sistema monzónico

Deje de leerme y vaya comprarlo.

14.10.14

Fascinaciones, por Kaplan (I)

Ya sabe el desocupado lector de esta bitácora que soy lector devoto de Robert Kaplan. No siempre coincido con sus análisis, pero nunca me dejan indiferente. Acabo de iniciar Monzón, un viaje por el pasado, presente y futuro del Índico. Un viaje fascinante hacia un mundo lejano para nosotros: la realidad omaní, lo que puede llegar a ser Gwadar, la diferencia entre Karachi y su área de influencia y el resto de Pakistán, el carácter tradicionalmente laico del Beluchistán, el Guyarat indio, la desintegración de los vínculos comunitarios tanto en la India como en Bangladés; la diferencia entre la milenaria Bombay y la joven Calcuta, cada una en un extremo del país. 

Aún estoy con la boca abierta, desocupado lector, y no llevo ni medio volumen. Ahí van dos cifras: el Yemen es un polvorín, asegura Kaplan, poblado por 22 millones de personas que disponen de 80 millones de armas de fuego. Y sólo la población musulmana de Bangladés es casi el doble que la de Egipto o Irán.

No sé a qué espera para hacerse con un ejemplar.


PS: [...] "el propio pluralismo de Karachi podría salvarla. Era un puerto, a fin de cuentas, con una dinámica población hindú y una comunidad de zoroástricos que ofrecían sus muertos a los buitres en las colinas conocidas como "torres del silencio". Ningún fundamentalismo religioso llegaría muy lejos aquí antes de ser acorralado por otras creencias". (citado por la página 118 de la edición de El Hombre del Tres