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12.3.13

Comunicación y política (VII)


El ensayo de Luis Arroyo analiza también la composición de la opinión pública. Una reflexión de interés sobre cómo se originan las corrientes de opinión. La dificultad de impugnar el discurso mayoritario: el viejo anhelo de ser, en cualquier circunstancia, en cualquier lugar, un enemigo del pueblo. El interés que despiertan los vanguardistas, los herejes y los disconformes: aquellos que permiten que una sociedad mejore. No hay nada por encima del individuo que intenta cambiar un entorno, seducir a una mujer hermosa o enseñar a leer a un niño. Ese es el secreto y la gran ventaja de las sociedades liberales: no orillan al hereje, no fusilan al vanguardista, no expulsan al disconforme.
Nada más.
Nada menos.

Al fondo, el pueblo, ese golfo encaramado a una farola. Ya lo dijo Mirabeuau y ahora nos lo recuerda Arroyo: Ahí va la masa, y debo seguirla, pues soy su líder.



PD: en la playa de Barcino, frente al mar... y cuántas veces Don Quijote...

18.5.09

Corre, corre, corre que te van a...

Suena Django Reinhardt (¿el segundo mejor guitarrista de todos los tiempos?). Y pienso en esa manera española de enfocar la vida. Esos años invertidos con el único premio, en el mejor de los casos, de tener un salario garantizado. Da igual que el trabajo sea bueno o no, da igual que uno pueda hacer más en otro sitio. Al igual que la hipoteca en la compra de un piso, la inversión es demasiado alta como para abandonar después. Esa mentalidad española, digo. La obsesiva necesidad de seguridad cuando, en realidad, es sólo trabajo. ¿Cambio de destino? Quía, con lo que está lloviendo ahí fuera. La gente me mira raro. Cambié de trabajo en el verano de 2006. Volví a cambiar de trabajo en el verano de 2008. Nuevas perspectivas en el horizonte. Quizá un cambio, esta vez (por fin, dice Joxete) más a mi aire. Será que, en verdad, los castellanos somos los prusianos de España; y quizá que los sanabreses somos los anglosajones de Castilla y no lo digo sólo por el tono ginger; todo ello con permiso de Hornuez y de la (emprendedora) gente del oeste. En fin, quizá todo se reduce a que cuando a uno le sonríe la fortuna, se va haciendo cada vez más inconsciente y nunca piensa que le vaya a ir mal.

Vamos a ver cómo va todo. Y que dios reparta suerte…

 

Coda: [los británicos] "Sustentaban una creencia totalmente opuesta a la de los Estados Unidos, de más reciente formación, donde se consideraba como una virtud el pertenecer a una humilde cuna y dónde sólo el que se elevaba por sus propios méritos era digno de admiración".

Tuchman, Barbara W.: La torre del orgullo. Península, Barcelona, 2007. Página 27

 

PD: Por fin ubiqué el Merbeyé de mi juventud.