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3.2.25

La Palma

Todo el mundo sabe que las Canarias son volcanes. Todo el mundo sabe, además, que La Palma acabará quebrando, quizá dentro de cien años, de mil o de diez mil. Pero caerá. Buena esta serie noruega sobre la ficción de que el volcán estalla. Y de nuevo la agenda de normalizar cosas que antes no salían en la pantalla...

15.11.24

Comunicación y su importancia

El fallo de Valencia ha sido sobre todo un fallo de comunicación, lo contaba Arcadi el otro día en El Mundo. Dentro párrafo: Es probable que Aemet no la viera venir en su magnitud, pero si lo hizo, no supo comunicar de modo apropiado el peligro. Y relacionado: hace tiempo tuve que borrar la aplicación de Aemet de mi iPhone. Insólitamente —la app de un organismo público— era una vía de entrada de virus, su interfaz era puramente rudimentaria y se colgaba cada dos por tres. La comparación con Météo-France, por poner un ejemplo, era hiriente. Hoy la aplicación sigue impertérrita en el fondo cavernoso de la tienda de Apple: tiene un 1,6 de valoración sobre 5. ¡Y no se actualiza desde hace cuatro años! La de Valencia ha sido —y continúa siendo— una catástrofe de comunicación. Dada la inimaginable cantidad de estupideces que se comunican —y destacadamente por parte de la política—, eso supone una paradoja cruel. Una comunicación eficaz no habría evitado las inconcebibles montañas de coches muertos en las bocacalles, pero sí que en su interior hubiera cadáveres.

8.11.24

El Turia

Aquella riada de 1957 y la eficaz respuesta del Estado. Muy interesante esto de El Mundo, contando las opciones que se barajaron para salvar Valencia de otra posible inundación. Recuerdo cuando, en la universidad, los quinquis se rasgaban las vestiduras cuando nos contaban que la España de Franco, sobre todo tras la aprobación de la Ley de procedimiento administrativo de 1958, era un estado de Derecho, aunque no fuera un Estado democrático.

No se lo pierda, lector.

24.3.11

Japón, la demagogia y Magris

Me dio para mucho el finde. Mucho pensar, digo. Mientras montaba en bici (hizo un domingo de primavera, y La Puebla resplandecía) iba dándole vueltas al rollo de Japón. Hay que ver con qué ganas los buitres aprovechan el dolor y el caos para hacer pasar por pensamiento lo que no es más que demagogia: a nadie se le ocurriría poner en cuestión la aviación después de un accidente aéreo. Además, es muy fácil demonizar esta energía, pero el hombre la necesita, porque necesitamos energía barata para seguir creciendo. Para poder seguir viviendo de manera digna no sólo en el primer mundo, sino en todos los sitios que, poco a poco, se van desarrollando. Para permitir a todos que, como pudo hacer mi padre, la gente deje un futuro mejor para sus hijos. Nunca hubo naturaleza pura, ni siquiera en el origen, como nunca hubo once mil vírgenes. El hombre tomó conciencia de sí mismo cuando empezó a domeñar el medio que lo rodeaba, un medio hostil a la vida inteligente y del que llevamos defendiéndonos desde que algo llamado Lucy se puso en pie en el oriente africano hace casi un millón de años.



PS: Claudio Magris, el gran Magris, escribía el otro día en El Mundo: “El orgullo del hombre que con su técnica somete a la naturaleza parte de un disparate: la contraposición entre el hombre y la naturaleza y la contraposición, igualmente falaz, entre lo natural y lo artificial. Como dice un gran himno a la naturaleza escrito por Goethe -y transcrito por uno de sus seguidores- todo es naturaleza, incluso aquello que, a nuestros ojos, parece negarla y es, sin embargo, una de sus puestas en escena. Late aquí el mito de una naturaleza pura e incorrupta, cual virgen a la que corrompería cualquier intervención humana. Pero ni siquiera el más puro y sano vino existe en la naturaleza sin la acción del que cultiva las viñas y vendimia las uvas. Ni los nidos existen sin la acción de los pájaros que los construyen. Los que, como Goethe, tienen un sentimiento profundo de pertenencia a la especie humana, a la naturaleza, saben que el deseo del hombre de construirse una tienda o una balsa no es menos natural que el que impulsa a los castores a construir sus diques para frenar el ímpetu, también natural, de las aguas […].