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10.12.16

Renoir en la intimidad

Nos acercamos, Madrid es esto, a ver la exposición de Renoir en el Thyssen. Me gusta el formato que utiliza el museo para estos eventos. Un recorrido comisariado por Guillermo Solana sobre el Renoir más cercano, aquel que quería entrar en los cuadros. Pasan los años y me siguen fascinado los impresionistas. Luego nos dimos un paseos para revisitar la colección permanente. Un buen recorrido por el canon de la pintura occidental, con una buena presencia del XIX y del XX y un Hopper maravilloso. La cercanía al Nacional del Prado oscurece una colección que podría brillar en cualquier otra ciudad....

3.5.16

Realistas de Madrid

Gratamente sorprendido en la exposición del Thyssen sobre los realistas de Madrid

Impresionado de manera especial por la obra de Isabel Quintanilla, a la que no conocía. Una pintura luminosa, ideal para esta primavera que no termina de llegar. No se la pierda, desocupado lector.

5.12.15

Picasso en A Banca

Antes de que la quiten el día 13 de diciembre, nos acercamos a ver en el Thyssen a Picasso y al cubismo en la colección A Banca. Un recoleta exposición, gratuita, sobre la presencia del genio malagueño en la colección de las antiguas cajas gallegas. Ver juntos a algunos de los primeros Picassos (primoroso el lapiz azul sobre cuatro mujeres cuando el artista tenia apenas veinte años con el que se abre la muestra).


Picasso acompañado del gran Gris (al que descubrí en 2005 gracias al Reina), de Blanchard, de Braque.

Si está por Madrid no se la pierda. 

24.11.15

Munch y sus arquetipos

Nos acercamos al Thyssen a ver la exposición sobre Munch.



Una propuesta magnífica: acercar de nuevo al genio noruego a España, tantos años después. Y hacerlo a través de sus arquetipos. Una muestra imprescindible. Un mundo que se acababa. El nacimiento de la modernidad. La luz del norte. La luz. Y un mundo que ya no volvería a ser el mismo.

Un must este otoño.



7.10.15

El adiós de Federico (Sánchez)

Rematado el adiós de Federico Sánchez. Un buen libro. En su haber, una escritura ágil, buenas reflexiones sobre la España de la época, sobre el siglo XX europeo y sobre la cultura europea. En su debe, cierta pedantería intelectual del autor.

Una parte del libro es un recuerdo directo de su ejercicio como ministro de cultura, y una descripción impagable de los gobiernos socialistas de los años ochenta. Una crítica despiadada al estúpido postureo de Alfonso Guerra (que este hombre haya pasado como un intelectual es uno de los grandes misterios de la vida política española). La nadería que era el guerrismo. Los intentos de González por modernizar la vida política española.  Interesan también algunos detalles de la intra-historia de la época, como el proceso de venida a España del Museo Thyssen. Y de fondo, siempre su pasado. Como exiliado. Como resistente. Como anticomunista. Anticomunista furibundo. Un anticomunista que disfrutó desde el ministerio como en la Europa de 1989 caían una tras otra las aterradoras dictaduras comunistas en países que estaban secuestrados desde los años cuarenta, como Chequia o Hungría. 

Un buen libro.

Una buena memoria.

1.10.14

Todo muy pop

Nos acercamos a ver la exposición sobre los Mitos del Pop en el Thyssen antes de que la quitaran. Y me quedé a medias. Buena estética, buena intención, pero un resultado final algo fallido. Quizá la levedad del pop no permita mucho más. En cualquier caso, ya me ha pasado con alguna exposición más de las suyas: desde Hopper aún sigo esperando a la siguiente. En el triángulo de Madrid, el único vértice que es siempre una garantía es el del Prado, al menos en cuanto a exposiciones. Ya siento ser tan tajante. 

Así que, si no la vio, desocupado lector, creo que no se perdió gran cosas. 

20.9.13

Jacobo Camilo Pizarro; uno de los nuestros

Hay algo revolucionario en el impresionismo. En esa nueva forma de mirar el mundo que, en realidad, estaba ya en el Greco, como me enseñó hace muchos años el maestro Fuentes. Hay algo revolucionario, digo, y yo siempre he mirado con pasión a los heterodoxos.  Fuimos a ver al padre de todos ellos, aprovechando que se quedaba unos meses en Madrid. Uno de los nuestros, en el fondo. Un Pizarro rayano, de Braganza en realidad. Aunque su padre marchara la judería de Burdeos porque allí había también otros marranos como él. Aunque la historia lo conozca ahora por su nombre en francés: Pisarro. 

El Thyssen hace bien las cosas: exposiciones justas. El recorrido, a veces, nos lleva a nuestra Senabria rayana, como cuando paseamos por el huerto en Éragny. Pero son sus cuadros urbanos lo que más me fascinan: en Ruan, en El Havre y sobre todo en París, donde su vista de la calle Sant Honoré es uno de sus mejores momentos como artista. El hombre del campo que llega a la ciudad. con esa fascinante línea de fuga al final. Hay cosas que sólo el arte es capaz de transmitir...

Bienvenido a casa, maestro. 

17.12.12

La huida como actitud...


Fuimos, segundo intento, a ver lo de Gauguin en el Thyssen. Más bien, la exposición coral sobre aquellos que, como el propio nieto de Flora Tristán, hicieron de la huida una forma de afrontar la modernidad. Ellos, que aún no conocían el Holocausto, o el Holodomor, ya intuyeron que la mejor forma de afrontar aquel siglo iba a ser huir a los confines de la tierra en búsqueda de la Arcadia.

Creo que el título de la exposición llama a engaño: fueron muchos los que huyeron, y esa huida se refleja a lo largo de toda la visita. Al final, lo que uno ve es en realidad un ethos generacional reflejado en la obra de Nolde, en la de Kirchner y en la tantos otros aquellos que reinterpretaron la pintura hace ya un siglo. La insatisfacción de la modernidad, la melancolía que ya empezaba a instalarse en todos nosotros, está presente en todas las vanguardias de la época y es, en el fondo, lo que yo imagino cuando el coche enfila la cuesta delas perdices y pongo rumbo a la Sanabria tantos viernes al año. 

La exposición parte de Gauguin pero llega en realidad hasta Paul Klee o hasta el propio Matisse, con la huida y la búsqueda de lo exótico como eje de vital. Y una sorpresa mayúscula, perdonen mi incultura; hubo también un Kandinski exótico que trabajo el paisaje antes de entrar en el mundo de la abstracción. Algunas de las obras expuestas son deslumbrantes y ya sólo por ellas merece la pena acercarse a verla. Quizá fue aquella luz exótica lo que lo convirtió, para siempre, en el padre de la abstracción lírica…

21.6.12

Hopper y la luz de Claudio Rodríguez


Me acerqué a ver a  la exposición de Hopper, en el Thyssen. Los clichés me rodean, y no es fácil írselos sacando de encima. Uno claro: la ausencia de alta cultura en los Estados Unidos. El país de la música y el cine, pero no de la pintura o la literatura. Es un tópico, claro, y como todos esconde mucha generalización. Y los mejor de los tópicos es írselos comiendo, uno a uno, como me ha pasado a mí con Kennedy Toole, con Salinger y con Capote. A Hopper lo conocí tarde, a través de una postal furtiva. Era agosto y ya sabe, desocupado lector, que Lisboa resplandecía.  La exposición es magnífica,  y a mí algunos aires de los cuadros me recordaban a los aires Sorolla. La luz. Quizá nada identifique mejor a esas pinturas de los hermosos años veinte como la luz. La luz de Claudio Rodríguez. Todo en la obra de Hopper es luz. Y es modernidad. Una gasolinera, una oficina, una pareja en casa. Silencio. Incomunicación. Alguien tenía que pintar aquel mundo que estaba llegando para quedarse. El mundo moderno en el que el bullicio de la aldea desaparece engullida por los silencios de la ciudad. Una vía del tren, un vendedor en la calle. Uno se imagina a Scott Fitzgerald y a  Zelda  tomando el sol en alguno de los cuadros.  Un sol que le da a uno de frente cuando se ubica en la perspectiva correcta delante del lienzo.

Hermosa visita, hermosa conversación.

Remansos de lucidez cuando sólo queda ya barbarie.



PS: En La Montaña, que esta tarde toca predicar. Qué distinto el viaje de aquel de septiembre. En algunos casos, creo que he envejecido, desde entonces, varias décadas.