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30.4.14

La villa de los papiros

Hay mañanas memorables. Mañanas en las que el tiempo se detiene. Me acerqué a ver la exposición sobre la villa de los papiros en La Casa del Lector, con el valor y el privilegio añadido de hacerlo de la mano de Antonio Basanta. Un recorrido maravilloso por la única biblioteca de la antigüedad clásica que ha llegado hasta nuestros días. Un biblioteca, por cierto, epicúrea. Acabé con la boca abierta. La cantidad de matices que uno observa no sólo en una exposición, sino en un simple edificio, cuando un sabio habla. Empezamos por el propio Matadero, arquitectura de la muerte, y seguimos dentro con la exposición. Cuántos matices. Cuántos detalles. Un mundo desaparecido. Un mundo construido sólo para el deleite, tan epicúreo, de la lectura. Y varias conclusiones. La más clara, que somos Nueva Roma, tal y como se lo escuché a Ramón Cotarelo hace ya casi veinte años, y sigo pensando que tiene razón. Aquel mundo es el nuestro, evolucionado, pero es el nuestro. También, que gracias al empuje del rey Carlos, nuestro tercero, la humanidad tiene acceso a los tesoros que suponen Pompeya y Herculano. Y varios matices para reflexionar: no es casual que dispongamos los textos en los libros en forma de columnas. Como no lo es que los niños dejaran la bulla cuando aprendían a leer, porque eso era lo que los sacaba de la infancia. Como no lo es, lo apuntó Bastanta con ironía, que los políticos prefieran votantes a e-lectores.

Esto son mañanas bien empleadas. Lo demás es todo espuma... 

9.4.14

Grandes Hoteles, o no morir por no olvidar...

Nos acercamos a ver el Gran Hotel Budapest. Stefan Zweig y aquel mundo que desapareció, para siempre, en la Europa anterior a 1945. Buen cine el que hace Wes Anderson, dentro de un ambiente onírico, porque al pasado solo se puede volver en sueños. Una hermosa reflexión sobre el paso del tiempo, sobre los amigos que no olvidamos y sobre las personas que, de una u otra manera formaron parte de los que somos. Todo es simple: al final, anciano ya, uno vuelve al lugar donde fue feliz, Y vuelve para recordar. No hay necesidad de más: una escañeta junto a la lumbre, y el relente de octubre fuera, mientras llueve. Recordaba el otro día el sabio Antonio Basanta que "sólo se muere en el olvido". No moriremos mientras haya alguna persona que recuerde lo que fuimos...