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2.6.16

Otro enemigo del pueblo

Nos acercamos a ver, en VOS, El caso Fritz Bauer, una película alemana sobre la figura del juez que facilitó al Mosad información sobre el paradero del nazi Eichmann:


Un buen retrato de la Alemania de postguerra, con sus miserias y sus contradicciones, con la figura de Bauer como protagonista. Un hombre complejo, enfrentado a sus colegas de judicatura y perseguido por el fantasma de una homosexualidad que en aquella época era un delito en su país. Uno hombre que tuvo que traicionar a su país para conseguir que se hiciera justicia, en lo que fue la antesala del juicio celebrado en Jerusalén.

Recomendable.


5.7.13

Películas banales

Fuimos el pequeño Oskarnello Matzerath y yo a ver Hannah Arendt, la película biográfica sobre la pensadora alemana. Floja. No es sencillo resumir en una película ni conceptos como el de la banalización del mal, ni el desengaño de la joven Arendt con Heiddegger. No es fácil resumir las decepciones, astillas que se nos clavan en la piel y que nunca conseguimos olvidar del todo. Una película confusa, con unos actores de nivel medio. Quizá es que le tengo demasiado respeto a Eichmann en Jerusalen, como sabe el seguidor habitual de esta bitácora. Tal vez hubiera sido mejor hacer un documental, no lo sé, pero me da la sensación de que esta película es un intento fallido que no llega a ningún sitio…

29.9.11

Viejas deudas en buen cine...

Pequeños placeres de la vida. Ir al cine y ver una buena película. Atraído por el tráiler, y recomendado por Tino Batera, nos acercamos a verla antes de poner rumbo a Zamora. De fondo, aquella historia de Eichmann, el funcionario ejemplar, secuestrado en Argentina, y juzgado y condenado en Israel por sus crímenes. El hombre que nos ayudó a entender a todos el concepto de “banalización del mal”. Una deuda en forma de película. Un comando del Mosad a la caza de un carnicero, el de Birkenau. Dos historias en paralelo, bien escritas, bien articuladas. Las culpas que se arrastran durante años. Los errores que cometemos. La condición, efectivamente, de país extranjero que tiene el pasado para todos nosotros. Un país al que nunca podremos volver más que como turistas, por mucho que nos atormente; porque el pasado no puede cambiarse y queda ahí, como un espejo, para recordarnos lo que hicimos y lo que no hicimos. Lo que somos y lo que fuimos. Cuando, además, ese pasado lo convierte a uno en un fraude, es difícil vivir sin atormentarse. De fondo, intriga, buen guión y un triángulo de relaciones complejas. Como todas las relaciones. Buen cine, con una fantástica Helen Mirren. No deje de verla, desocupado lector.

PS: Arcadi Espada escribió: [...] La explosión digital ha impactado sobre un tejido cultural más frágil y minoritario de lo que se creía. La inmensa oferta de ocio digital, gratuita por derecho o contra él, ha reducido los consumos hasta ahora tradicionales y los ha situado al borde de la quiebra. Lo interesante, y más temible, es lo que internet ha puesto en evidencia: algunas presuntas formas de consumo cultural eran exactamente lo que indicaban nuestros sarcasmos. Es decir, se compraban periódicos para sólo leer sus titulares y hoy esos titulares viajan gratis en miles de formatos. Se compraban libros como mero acto de prestigio social y hoy el libro, desde el punto de vista del estatus, ya no significa nada. O sí: ácaros y otras complicaciones del tipo si quieres ser feliz y comer perdices no analices, muchacho, no analices.

3.4.07

La banalización del mal

Desocupado lector, he aquí un libro que me atrevo a recomendarle vivamente: Eichmann en Jerusalén, de la pensadora alemana de identidad judía Hannah Arednt. Quizá el mejor libro que he leído en lo que llevo de 2007. No es únicamente una crónica de cómo transcurrió el juicio al que fue sometido el Teniente Coronel de las SS Adolf Eichmann tras ser capturado por Israel en su escondite de Argentina. Es mucho más que eso.

Es un escalofriante análisis de cómo pudo llegarse a lo que se llegó. A través del hilo conductor que supone la vida del acusado, Arendt hace un repaso al Holocausto judío visto desde un punto de vista administrativo e incluso burocrático. Algunas notas destacadas:

- Para banalizar el mal lo primero es empezar designando a la realidad con eufemismos (reasentamiento, campos de trabajo…).

- Los nacionalsocialistas trataron siempre con mucho respeto a los judíos sionistas, a los que llamaban “judíos decentes” ya que según ellos también pensaban en términos “nacionales”. Una de las cosas que más irritaba de los judíos a los nacional-socialistas es que pretendieran tener dos lealtades (una a su patria de acogida y otra a su patria de origen).

- El escaso número de alemanes que, durante aquellos años, conservó intacta la capacidad de distinguir entre el bien y el mal. El famoso “Ich Nicht” de Fest.

- La colaboración necesaria de los propios judíos, a través de los Consejos locales o de los comandos en los campos, para el exterminio de su pueblo. Respecto a los primeros, Arendt considera que al principio muchos no sabían lo que pasaba en realidad; respecto a lo segundo, el instinto de supervivencia es más fuerte que todo lo demás…

- El excepcional papel que, en aquellos años de horror, jugaron algunos. Por ejemplo, los daneses. Cuando los ocupantes alemanes exigieron que el gobierno promulgara decreto obligando a los judíos a llevar la estrella de David, el gobierno respondió que la Familia Real y el consejo de ministros serían los primeros en ponérsela. Los alemanes consintieron que no se promulgara el Decreto.

- La aceptación de categorías privilegiadas (judíos alemanes frente a judíos polacos, ex-combatientes frente a apátridas) fue el inicio del colapso moral judío. Cuando uno acepta discutir estas cosas, está empezando a perder la batalla.

- En fin, la pérdida de la capacidad de distinguir entre el bien y el mal. Eichmann basó su defensa en que él era únicamente un funcionario que intentó hacer bien su trabajo. Sin extraer ninguna conclusión de que su trabajo consistiera en organizar el envío de cientos de miles de seres humanos a campos en los que eran inmediatamente desnudados, gaseados e incinerados. El mal, en estado puro.



PS: “El mal, en el Tercer Reich, había perdido aquella característica por la que generalmente se le distingue, es decir, la característica de constituir una tentación. Muchos alemanes y muchos nazis, probablemente la inmensa mayoría, tuvieron la tentación de no matar, de no robar, de no permitir que sus semejantes fueran enviados al exterminio […], de no convertirse en cómplices de estos crímenes al beneficiarse de ellos. Pero, bien lo sabe el Señor, los nazis habían aprendido a resistir la tentación

Arendt, Hannah: Eichmann en Jerusalén. Debols¡llo, Barcelona, 2006.