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25.11.24

Citas desde los árboles (III)

Rematando con los Árboles portátiles. Alguna cosa más:

Sobre el padre del surrealismo: "Bretón siempre había sido así, pura pose, un perfecto cantamañanas que nunca había corrido grandes riesgos: sus gestos podían ser patéticos; su verdadera condición, maleable. Los artistas del siglo XX rara vez fueran heroicos. … Como diría poco después, Eduardo Sanguinetti, el destino de toda vanguardia es terminar en el museo."

Sobre los EEUU y las vanguardias europeas: La intemperante arrogancia y el autoritarismo de Breton iban a amargarle considerablemente el largo exilio en Nueva York. El estilo bolchevique de las vanguardias europeas no era trasplantable a Estados Unidos, como vio enseguida otra ilustre exiliada, Hanna Arendt: en Europa las revoluciones las habían hecho masas empobrecidas bajo la guía de partidos de intelectuales burgueses desclasados y resentidos, con el fin de despojar a los ricos de sus propiedades y repartirse el botín: la Revolución americana fue una empresa histórica de clases medias que luchaban por libertades individuales. En Europa, las muchedumbres empobrecidas se dejaban conducir por líderes tiránicos; en Estados Unidos eso nunca sucedió.

16.11.22

Sentimientos (y memoria)

Esto sobre Arendt y Heidegger, el otro día en Babelia: "La cosa se reduce a lo siguiente: quien no entiende sus sentimientos se pasa la vida vapuleado por ellos, a su merced; quien los entiende pero no es capaz de procesarlos está abocado a años de dolor; quien niega y desprecia el poder que tienen está perdido."

Hace años. Así, tal cual.

2.6.16

Otro enemigo del pueblo

Nos acercamos a ver, en VOS, El caso Fritz Bauer, una película alemana sobre la figura del juez que facilitó al Mosad información sobre el paradero del nazi Eichmann:


Un buen retrato de la Alemania de postguerra, con sus miserias y sus contradicciones, con la figura de Bauer como protagonista. Un hombre complejo, enfrentado a sus colegas de judicatura y perseguido por el fantasma de una homosexualidad que en aquella época era un delito en su país. Uno hombre que tuvo que traicionar a su país para conseguir que se hiciera justicia, en lo que fue la antesala del juicio celebrado en Jerusalén.

Recomendable.


5.7.13

Películas banales

Fuimos el pequeño Oskarnello Matzerath y yo a ver Hannah Arendt, la película biográfica sobre la pensadora alemana. Floja. No es sencillo resumir en una película ni conceptos como el de la banalización del mal, ni el desengaño de la joven Arendt con Heiddegger. No es fácil resumir las decepciones, astillas que se nos clavan en la piel y que nunca conseguimos olvidar del todo. Una película confusa, con unos actores de nivel medio. Quizá es que le tengo demasiado respeto a Eichmann en Jerusalen, como sabe el seguidor habitual de esta bitácora. Tal vez hubiera sido mejor hacer un documental, no lo sé, pero me da la sensación de que esta película es un intento fallido que no llega a ningún sitio…

3.4.07

La banalización del mal

Desocupado lector, he aquí un libro que me atrevo a recomendarle vivamente: Eichmann en Jerusalén, de la pensadora alemana de identidad judía Hannah Arednt. Quizá el mejor libro que he leído en lo que llevo de 2007. No es únicamente una crónica de cómo transcurrió el juicio al que fue sometido el Teniente Coronel de las SS Adolf Eichmann tras ser capturado por Israel en su escondite de Argentina. Es mucho más que eso.

Es un escalofriante análisis de cómo pudo llegarse a lo que se llegó. A través del hilo conductor que supone la vida del acusado, Arendt hace un repaso al Holocausto judío visto desde un punto de vista administrativo e incluso burocrático. Algunas notas destacadas:

- Para banalizar el mal lo primero es empezar designando a la realidad con eufemismos (reasentamiento, campos de trabajo…).

- Los nacionalsocialistas trataron siempre con mucho respeto a los judíos sionistas, a los que llamaban “judíos decentes” ya que según ellos también pensaban en términos “nacionales”. Una de las cosas que más irritaba de los judíos a los nacional-socialistas es que pretendieran tener dos lealtades (una a su patria de acogida y otra a su patria de origen).

- El escaso número de alemanes que, durante aquellos años, conservó intacta la capacidad de distinguir entre el bien y el mal. El famoso “Ich Nicht” de Fest.

- La colaboración necesaria de los propios judíos, a través de los Consejos locales o de los comandos en los campos, para el exterminio de su pueblo. Respecto a los primeros, Arendt considera que al principio muchos no sabían lo que pasaba en realidad; respecto a lo segundo, el instinto de supervivencia es más fuerte que todo lo demás…

- El excepcional papel que, en aquellos años de horror, jugaron algunos. Por ejemplo, los daneses. Cuando los ocupantes alemanes exigieron que el gobierno promulgara decreto obligando a los judíos a llevar la estrella de David, el gobierno respondió que la Familia Real y el consejo de ministros serían los primeros en ponérsela. Los alemanes consintieron que no se promulgara el Decreto.

- La aceptación de categorías privilegiadas (judíos alemanes frente a judíos polacos, ex-combatientes frente a apátridas) fue el inicio del colapso moral judío. Cuando uno acepta discutir estas cosas, está empezando a perder la batalla.

- En fin, la pérdida de la capacidad de distinguir entre el bien y el mal. Eichmann basó su defensa en que él era únicamente un funcionario que intentó hacer bien su trabajo. Sin extraer ninguna conclusión de que su trabajo consistiera en organizar el envío de cientos de miles de seres humanos a campos en los que eran inmediatamente desnudados, gaseados e incinerados. El mal, en estado puro.



PS: “El mal, en el Tercer Reich, había perdido aquella característica por la que generalmente se le distingue, es decir, la característica de constituir una tentación. Muchos alemanes y muchos nazis, probablemente la inmensa mayoría, tuvieron la tentación de no matar, de no robar, de no permitir que sus semejantes fueran enviados al exterminio […], de no convertirse en cómplices de estos crímenes al beneficiarse de ellos. Pero, bien lo sabe el Señor, los nazis habían aprendido a resistir la tentación

Arendt, Hannah: Eichmann en Jerusalén. Debols¡llo, Barcelona, 2006.