Hablábamos de Ortega. Morán es duro con él. Se nota que tiene que cuentas que ajustarle. Desvela muchas de sus miserias pero creo que, en un juicio, no conseguiría convencer al jurado. Es cierto que Ortega era superficial en ocasiones. Mujeriego. Pedante. Cobarde. Es cierto. Con temor físico incluso. Pero no fue un colaboracionista de un régimen, el franquista, al que consideraba el reino de la mediocridad. Es cierto que azules y blancos trataron de captarlo, pero Ortega sólo fue fiel a sí mismo. Lo que le valió el ostracismo en la España de Franco. Algunas anécdotas son metáforas de la época; la prensa no informa de sus actividades, el Instituto de Humanidades es un fracaso. Vivió en España durante diez años, en plena dictadura, es cierto, como lo hicieron casi treinta millones de españoles en aquel momento, por cierto.
Lo más interesante del libro es esa mirada, es cierto que mordaz, que se da a la pugna política entre las Españas del momento; la falangista, la católica y la exiliada. Y el papel que Ortega juega para todos ellos. Los falangistas lo reclamaban, los católicos lo detestaban, (siempre lo hicieron), y los exiliados lo atacaban. Las pugnas entre tovares y sereres, cuyos antecedentes ya contaba Umbral en la Leyenda del César visionario. Y en el Estado, un régimen para quien Ortega era, sencillamente, incomprensible. Miseria de país.
Un libro duro, ya lo dije. Pero interesante. Un libro que cae sobre nuestras ideas acerca Ortega y las somete a tratamiento de choque. Pero estas cosas hay que leerlas. Si sólo leyéramos aquello con lo que estamos de acuerdo nos convertiríamos en alguno de esos progres que pone el gesto irónico cuando se habla de Fukuyama y se menciona El fin de la historia y el último hombre sin haberlo leído siquiera. O el grito en el cielo cuando se habla de Pío Moa. Sin haber leído ningún libro suyo, por supuesto.
PS: “Cuatro días antes [de morir Ortega, el gobierno] había hecho llegar a las direcciones de los periódicos españoles la siguiente nota: “Ante la posible contingencia del fallecimiento de don José Ortega y Gasset, este diario dará la noticia con una titulación máxima de dos columnas y la inclusión, si se quiere, de un solo artículo encomiástico, sin olvidar en él los errores políticos y religiosos del mismo y, en cualquier caso, se eliminará siempre la denominación de “maestro”. Citado por Morán, Gregorio: El maestro en el erial. Ortega y Gasset y la cultura del franquismo. Tusquets, Barcelona, 1998. Página 515
Lo más interesante del libro es esa mirada, es cierto que mordaz, que se da a la pugna política entre las Españas del momento; la falangista, la católica y la exiliada. Y el papel que Ortega juega para todos ellos. Los falangistas lo reclamaban, los católicos lo detestaban, (siempre lo hicieron), y los exiliados lo atacaban. Las pugnas entre tovares y sereres, cuyos antecedentes ya contaba Umbral en la Leyenda del César visionario. Y en el Estado, un régimen para quien Ortega era, sencillamente, incomprensible. Miseria de país.
Un libro duro, ya lo dije. Pero interesante. Un libro que cae sobre nuestras ideas acerca Ortega y las somete a tratamiento de choque. Pero estas cosas hay que leerlas. Si sólo leyéramos aquello con lo que estamos de acuerdo nos convertiríamos en alguno de esos progres que pone el gesto irónico cuando se habla de Fukuyama y se menciona El fin de la historia y el último hombre sin haberlo leído siquiera. O el grito en el cielo cuando se habla de Pío Moa. Sin haber leído ningún libro suyo, por supuesto.
PS: “Cuatro días antes [de morir Ortega, el gobierno] había hecho llegar a las direcciones de los periódicos españoles la siguiente nota: “Ante la posible contingencia del fallecimiento de don José Ortega y Gasset, este diario dará la noticia con una titulación máxima de dos columnas y la inclusión, si se quiere, de un solo artículo encomiástico, sin olvidar en él los errores políticos y religiosos del mismo y, en cualquier caso, se eliminará siempre la denominación de “maestro”. Citado por Morán, Gregorio: El maestro en el erial. Ortega y Gasset y la cultura del franquismo. Tusquets, Barcelona, 1998. Página 515



