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8.6.19

Varios Umbral (es)

Descubrí la columna del periódico por él. Aún tengo varias guardadas. Umbral, el gran Paco Umbral. Varios hombres y una sola sombra, como diría Borges. No se pierdan esto que publicaba el otro día Juan Cruz en El País.


20.10.14

Los justos

La reflexión de Albert Camus sobre la violencia y su legitimidad plasmada en Los Justos llevada ahora a la España de finales de los setenta del pasado siglo XX. Lo que en la obra de Camus era una reflexión sobre el terrorismo y sus métodos ambientada en la Rusia de 1905, se convierte ahora, en el montaje que se exhibe en las naves del Matadero, en una historia sobre la ETA que atentaba de manera indiscriminada en los años de plomo

Teatro de alto nivel, porque la vida sigue, pese a todo.  No se pierda la magnífica adaptación de Javier Hernández Simón. De lo mejor que he visto este año sobre un escenario. Y es que entre la justicia histórica y mi madre en un autobús, yo también me quedo con mi madre. 

Camus era el hombre y no Sartre. Camus fue la gran pérdida. Y por decirlo en palabras del maestro Umbral, al final, Sartre está en la historia como Pilatos en el Credo...

28.4.08

Libros dolorosos (II)

Hablábamos de Ortega. Morán es duro con él. Se nota que tiene que cuentas que ajustarle. Desvela muchas de sus miserias pero creo que, en un juicio, no conseguiría convencer al jurado. Es cierto que Ortega era superficial en ocasiones. Mujeriego. Pedante. Cobarde. Es cierto. Con temor físico incluso. Pero no fue un colaboracionista de un régimen, el franquista, al que consideraba el reino de la mediocridad. Es cierto que azules y blancos trataron de captarlo, pero Ortega sólo fue fiel a sí mismo. Lo que le valió el ostracismo en la España de Franco. Algunas anécdotas son metáforas de la época; la prensa no informa de sus actividades, el Instituto de Humanidades es un fracaso. Vivió en España durante diez años, en plena dictadura, es cierto, como lo hicieron casi treinta millones de españoles en aquel momento, por cierto.

Lo más interesante del libro es esa mirada, es cierto que mordaz, que se da a la pugna política entre las Españas del momento; la falangista, la católica y la exiliada. Y el papel que Ortega juega para todos ellos. Los falangistas lo reclamaban, los católicos lo detestaban, (siempre lo hicieron), y los exiliados lo atacaban. Las pugnas entre tovares y sereres, cuyos antecedentes ya contaba Umbral en la Leyenda del César visionario. Y en el Estado, un régimen para quien Ortega era, sencillamente, incomprensible. Miseria de país.

Un libro duro, ya lo dije. Pero interesante. Un libro que cae sobre nuestras ideas acerca Ortega y las somete a tratamiento de choque. Pero estas cosas hay que leerlas. Si sólo leyéramos aquello con lo que estamos de acuerdo nos convertiríamos en alguno de esos progres que pone el gesto irónico cuando se habla de Fukuyama y se menciona El fin de la historia y el último hombre sin haberlo leído siquiera. O el grito en el cielo cuando se habla de Pío Moa. Sin haber leído ningún libro suyo, por supuesto.

PS: “Cuatro días antes [de morir Ortega, el gobierno] había hecho llegar a las direcciones de los periódicos españoles la siguiente nota: “Ante la posible contingencia del fallecimiento de don José Ortega y Gasset, este diario dará la noticia con una titulación máxima de dos columnas y la inclusión, si se quiere, de un solo artículo encomiástico, sin olvidar en él los errores políticos y religiosos del mismo y, en cualquier caso, se eliminará siempre la denominación de “maestro”. Citado por Morán, Gregorio:
El maestro en el erial. Ortega y Gasset y la cultura del franquismo. Tusquets, Barcelona, 1998. Página 515

8.9.07

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

Uno va creciendo y va leyendo y asimilando conceptos. Creo que la primera vez que lo leí debió de ser a principios de los noventa. Para un estudiante de políticas dispuesto a conocer, en la medida de lo posible, el mundo que le rodeaba, las columnas de Umbral era una buena manera asomarse a la vida. Recuerdo muchas de sus columnas, las que hablaban de la España del momento, las que retrataban (país de tabaco negro y picadura) el país que nunca habíamos dejado de ser. Notario de esa modernidad que empezamos a transitar, a veces sin darnos ni cuenta. Luego marchó unos años al abecé y le perdí la pista, pero volvió, como debe ser. Y ahí seguía. Dándonos los buenos días y repartiendo estopa a diestro y siniestro, sin más criterio que el de su conciencia. Es curiosa la relación que se establece entre el articulista y el lector. Aquél se va y nunca conoce a éste. Umbral, a quien no conocí, a quien no traté nunca, forma parte de mi vida literaria. Aún uso alguna expresión que le leí a él. Nos quedan sus columnas y nos queda su recuerdo. Porque la inmortalidad de una persona está en sus frutos.

Quizá nadie como él hubiera expresado lo que muchos sentimos viendo el espacio que los medios de comunicación y la sociedad en general dedicaban, en su muerte, coincidente en cuanto al día, a un jugador de fútbol y al mejor articulista de la segunda mitad del siglo XX español.

País de tabaco negro y picadura.

País de mierda.