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14.8.14

Algunas cosas, sobre Cataluña (II)

Analizando el último Barómetro de Opinión Pública, publicado por el Centro de Estudios de Opinión,  decíamos el otro día. Un barómetro encargado por el gobierno de Cataluña y realizado entre marzo y abril de 2014 sobre una muestra de 2.000 entrevistas. 

En ubicación política, los ciudadanos de Cataluña se sitúan más a la izquierda de lo que parecería corresponder a un país occidental (un 3,62, frente al 4.57 por ejemplo del conjunto de España), y ubican al PP muy cerca de la extrema derecha (8,62), y en la derecha sin matices a Ciudadanos. El espacio simbólico de centro derecha lo ocupaba hasta ahora de manera cómoda la federación CiU (5,64)). 

Puede pensarse por tanto que sobre el cleavaje izquierda / derecha pesa mucho aún la ruptura centro / periferia. Y puede pensarse también que la construcción simbólica de los últimos treinta años que ha llevado a cabo el nacionalismo ha conseguido que el centro derecha no nacionalista sea visto como derecha o extrema derecha españolaza por parte del conjunto de la ciudadanía catalana. 


Esa deslegitimación explica (al menos en parte) su éxito y también ayuda a entender cómo un partido que obtuvo en Cataluña menos votos que la UCD en las elecciones constituyentes, acabó monopolizando el centro y la derecha en la región. 

10.7.14

¿Hay un nuevo clivaje? (Populismo II)

Los clivajes o rupturas son un clásico en ciencia política desde finales de los años sesenta, cuando Lipset y Rokkan propusieron un conjunto de elementos de ruptura para explicar las confrontaciones políticas en las sociedades modernas: izquierda / derecha, campo / ciudad, centro / periferia. 

Leyendo el pasado fin de semana (todo lo que sé lo sé porque lo leo. Soy un hombre que en realidad aporta poco) me pregunto, siguiendo en cierta medida las indicaciones de Taguieff y de otros, si quizá no será que el populismo es un nuevo clivaje y me pregunto también si la ruptura no estará en este caso entre aquellos que se consideran ganadores y entre los que se ven a sí mismos como perdedores del magnífico proceso de globalización económica y cultural en el que estamos envueltos. 

En el fondo, sospecho, no es más que otro conflicto más entre modernos y premodernos...