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15.8.26

Incendios: los pueblos que no huelan a madera...

Muy lúcidas las reflexiones de Eduardo Rojas sobre la gestión de los incendios en España. Un territorio vacío, con un abandono de larga data ya, cargado de combustible, sobre el que nadie actúa en realidad durante el año... ¿Y si apostamos por recuperar la ganadería extensiva...? 
Los pueblos que no huelan a madera, olerán a humo.

El autor habla de "la España silenciosa" y me quedo con estas dos reflexiones finales:

1. Tenemos alrededor del 70% del monte privado. Gran parte de ese terreno son antiguos campos de cultivo, y hay una fragmentación de la propiedad brutal. El tema del minifundio hay que abordarlo y nadie se pone a ello. Mucha gente dice: que la prevención la paguen los propietarios privados. Pero la mayoría de fincas son muy pequeñas y su potencial rentabilidad no sostiene a corto plazo muchas de las actuaciones requeridas. ¿Qué hacemos entonces? Hablamos de al menos dos millones de personas con terrenos que no les dan nada y muchas veces ni saben dónde están. Hay gente que se fue a América, herencias intestadas... En fin, un maremágnum que, por el poco valor de las parcelas, es imposible consolidar por la vía normal.
2. Entender que España no puede tener más de la mitad de su territorio en una especie de agujero negro: inexistente durante todo el año y visible de repente cuando hay un gran incendio. Ese vacío es peligroso en todos los sentidos, incluso desde el punto de vista de la seguridad. Si dejamos que esa España silenciosa -mal llamada vaciada, porque suena peyorativo- termine de hundirse, acabaremos teniendo también problemas de seguridad. Un territorio enorme donde no hay nadie, fuera del radar político y social, genera muchos riesgos. En cambio, una gestión activa que incluya la prevención puede proporcionarnos muchos bioproductos -madera, corcho, biomasa...- y alimentos sanos, que no emiten CO2 o que sustituyen otros más contaminantes, y que necesitamos en la lucha contra el cambio climático

18.9.25

La España que (no) arde (II)

Lucía Méndez, el sábado pasado en su columna: el Lago sigue intacto. No dejen de visitarlo, es el mejor favor que le pueden hacer a la gente de la zona.

15.9.25

La España que (no) arde (I)

Las suertes. En el mi pueblo las hay, o las había, aunque ya no queda gente para contarlo. En varias zonas de Soria y de Burgos se mantienen, y así tienen limpio el bosque. Muy interesante esto de hace unos días en la prensa...

10.9.25

La España que arde (I)

Arde la España vacía y abandonada. Algunos datos después de un verano terrorífico: asegura en ABC Eduardo Tolosana, del colegio de ingenieros de montes que "La superficie forestal ocupa el 56% del territorio, pero en 2022 recibió una inversión de solo el 0,08 por ciento del PIB". 

A mayores "Cada año aprovechamos menos del 40 por ciento del crecimiento del volumen de madera, frente a más del 60 de media en Europa. Por eso, casi dos tercios del crecimiento se acumulan como biomasa combustible. A ello se suma que la superficie de nuestros montes ha crecido un 33 por ciento en las últimas décadas, configurando bosques más densos y continuos."

24.8.25

Arde la memoria o la estúpida indiferencia

Hasta los años sesenta del siglo pasado seguía vivo en muchos pueblos del noroeste la memoria del romancero. Y también arde la memoria junto con los bosques. Esto del maestro Juaristi, lapidario, ayer sábado en el ABC: "Gran parte de ese pueblo ha ido desapareciendo en este último siglo por muertes o emigración a las ciudades. El incendio de sus campos –de los campos del romancero– parece hoy el siniestro colofón de las exequias de la vieja España ante la estúpida indiferencia de la novísima."