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30.9.10

Rivas y las ciudades

Almuerzo con el soviet ripense. Mi siempre lúcido sanes y su jefa, concejala allí. Tengo cierta debilidad, he de confesarlo, por cierta tropa de izquierda unida; gente que hace política sabiendo que en Madrid, gracias a dios, nunca pasarán de ser una minoría pero que aún así, están a las duras y a las maduras. Los modelos de ciudad, si es que los hay, nos llevan una parte importante del almuerzo. Mi postura, siempre tan liberal, de que las ciudades crecen por encima de la mente de los urbanistas, de los planificadores. Hay algo caótico en la ciudad que la convierte, al revés de espacios como el de la mi Sanabria, en un espacio fascinante para vivir y para tejerse en él uno mismo. Porque no todo es planificable. Porque no lo dominamos todo. Y qué libres nos hace el aire de la ciudad (anónimos, sin más control que el de nuestra conciencia, sin más vigilancia que la de uno mismo) y qué hermoso es pasear siendo uno un completo desconocido.

Se nos va el postre con el bajo nivel de los políticos en nuestro país. Aquí vuelvo sobre lo de siempre; no es malo en sí mismo que la gente más brillante de un país esté en los negocios y no en la política. Allí, en los negocios, se crea riqueza, aquí, en la política, se puede destruir. Hablamos de esa especie de Diputación con ínfulas que es la supuesta Asamblea de Madrid, donde sanes penó unos años.

Mi extraña relación con la política. Siempre fascinado con ella. Siempre temeroso de entrar en ella.

En un rato, al teatro.


PS: "Mi idea es que [Alemania] no era un país tan civilizado como se creía, porque las ciudades fuera del Mediterráneo solo tienen cinco siglos de antigüedad y la civilización sólo se alcanza con la ciudad". Racionero, Luis: El progreso decadente. Repaso al siglo XX. Espasa, Madrid, 2000. Página 64

13.9.10

Volverás a Al-Satt

Volví a Al-Satt. Diez años ya desde que entramos allí Hornuez y el perdidaco. Eran las fiestas. Últimamente sólo subo al casco en las fiestas, habida cuenta de que mi admirado Coronel vive lejos del down town de la ciudad. Va pasando el tiempo y nos vamos haciendo mayores. Quedan algunas de las cosas que iniciamos aquellos dos fantásticos años: El Jon Juaristi, en el que impulsé, con el apoyo de Hornuez, hasta el nombre del Centro; las placas conmemorativas que intentaban fijar la memoria de un pueblo que empezaba a dejar de serlo…

Estaba Juancarlos, metido en un bucle; quién me iba a decir a mí que el primer político para el que iba a trabajar en mi vida iba a ser de Izquierda Unida. Y quién me iba a decir a mí que íbamos a trabajar todos encantados de la vida, sumando fuerzas, y que tantos años después íbamos a seguir dándonos un abrazo al vernos.

Estaba Fernando, el primer técnico con el que hablé cuando Hornuez y yo llegamos al pueblo, aquel verano del noventa y nueve. Estaba Alfarito. Estaba Sandra, que luego fue edil socialista y con la que siempre me apetece hablar cuando nos vemos. Estaba Inma, la alcaldesa, que en aquel entonces mandaba la oposición. Estaban tantos…

Estaba, también, Xerome. No fuimos mala hornada. Del grupo de técnicos de la cantera colegial que pasamos por ahí entre el noventa y nueve y el dosmil cuatro, uno está en la Price, otro en la Everis, otro viviendo como un marqués en Málaga y yo de acá para allá.

Luego nos acercamos al Meji, para juntarnos los tres antiguos libertarios que andábamos por allí. Baile en la plaza, hasta que nos pudo a todos el cansancio.


PS: "¿Qué estáis haciendo aquí? ¿Qué hacemos todos / en medio de la plaza y a estas horas? / Con tanto sol, ¿Quién va a salir de casa" […] (Del poema “La Contrata de mozos”, del libro “Conjuros” (Claudio Rodríguez, 1958)