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21.12.11

A medio camino entre el enfado y la tristeza

Es una mala noticia. Pésima. Me quedé helado, de verdad, al leerla. Cierra Revista de Libros. Cierra quizá la mejor revista española sobre libros en sentido amplio. Cierra.

Y en su cierre yo acuso desde aquí a todos; acuso a la Fundación que le ha negado la ayuda para que siguiera existiendo. No sé qué entiende una Fundación de una Caja como obra social, quizá hacer idioteces con su dinero, como la bobada del tal Calatrava en la Plaza de Castilla. La revista cierra, después de todo el dinero que la Caja se ha gastado estúpidamente estos años en fútbol, promociones y bobadas. Acuso a su matriz, la tal Bankia, que no ha sido capaz de salvar la mejor revista de su género en España, la única que nos ponía cerca de otros países a los que siempre miramos con admiración. Otra entidad financiera más que se guía por la máxima de “dinero no habrá, pero pa´tontadas...”

Pero sobre todos acuso también a mis compatriotas, los supuestos españoles, que no han sido capaces de comprarla o de suscribirse y que han dejado que una revista de tanta calidad tuviera su existencia ligada a la supervivencia de la economía del ladrillo.

Tenéis el país que os merecéis. Lo que me jode de verdad es ser vuestro compatriota.

20.12.11

Diez años ya...

La semana pasada cumplimos diez años sin Sebald. Otro que se marchó sin el Nobel. Fue un descubrimiento de hará ya unos seis u ocho años. Un descubrimiento a medias entre Jesús y mis añoradas amigas de Fronda. Descubrir una escritura concisa. Elegante. La fuerza de un adjetivo bien puesto. Y de fondo, unas reflexiones a las que nunca me había asomado: la aniquilación de Alemania al final de la guerra. Un título hermoso que vale por toda una vida: sobre la historia natural de la destrucción. Apenas un ensayo. Menos de doscientas páginas. Uno de los mejores libros que he leído en años. Sebald tuvo hace diez años un infarto mientras conducía y se mató al estrellarse. No era muy conocido en España, y de hecho los periódicos apenas hablaron de él, más allá de alguna honrosa excepción. He leído poco del resto de su obra, quizá porque, como me pasa con algunos autores, veo que escriben lo que yo hubiera escrito si hubiera sido un escritor de talento. Es lo que me pasó con Vértigo, que no pude terminar, hastiado de verme reflejado en la obra de otros. Pero sí que intuí que Sebald, como hacemos otros, escribía para defender una soledad muy concreta. La suya.

Diez años sin Sebald.

Que la tierra te sea leve, estés donde estés.