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2.3.13

Algún día...


Algún día, me retiraré a provincias a vivir. Así, con dos cojones. 

Ese día, acompañado por una hermosa mujer (el cholo Vallejo hubiera escrito “de la cuál tengo ya el recuerdo”) abriré una librería. Ya tengo el modelo. Se parecerá mucho a la Oletum de leyenda que aparece de manera recurrente en mis sueños; un puerto para libros errantes desde el que ver el atardecer de mis días.  

Será acaso algo más pequeña y por allá pasarán, como en un sueño, todas las personas, vivas o no, con las que he disfrutado en la vida hablando de libros. Allí veré comprar a mi querido Juan de la Cuesta, aturullando con su verbo incansable al amigo Pita, allí  llegará cada tarde al maestro Esteban acompañado de Miqui el libanés;  compartiré tertulia con John the Minor y Jesus Fuentes, mientras Oscarnello  y el hijo de Antonio Redoli hojean libros de Magris de manera furtiva. Tras el mostrador, como en la ferre del Mercado y mientras Montaigne dibuja con su dedo grande en aire, estaremos aquella mujer (de la cual, ya digo, tengo ya el recuerdo) y yo, compartiendo la vida. Una vida ya madura. Hecha de verdades. Una vida sin dobleces. Por fin, una vida sin huidas. Tan cansado de empezar siempre de nuevo. Una vida sin todas las mentiras que se arrastran en esas relaciones que siguen vivas por inercia y que se construyen engaño tras engaño.

Algún día me retiraré a provincias a vivir.

Y sólo una mujer vendrá conmigo. El resto serán sólo niebla, ausencia...

De estoy que hoy digo serán testigos: “los días jueves y los huesos húmeros, / la soledad, la lluvia, los caminos...

2.2.13

Fantasías (cine)


Me hablaron de Dos más dos, una película argentina de distribución incierta en España. Una comedia amable y con un tono agridulce sobre el intercambio de parejas,  ese lado oscuro que tiene el deseo y que habita dentro de todos y cada uno de nosotros. Dos parejas de amigos, en la treintena, y un secreto por compartir. Acaba la película, que no le voy a destrozar y que tiene unos deliciosos toques de humor (el sexo es extremadamente hermoso cuando se trata con delicadeza) y apuro la copa de Toro pensando que quizá el problema es que las fantasías no desaparecen cuando se llevan a cabo. O quizá la cosa es más sencilla de lo que pensamos y el problema, como le leí una vez a Martín Garzo, reside en que nuestro cuerpo no es realidad nuestro, sino que pertenece a aquel que, con su deseo, es capaz de hacerlo despertar. Y de mantenerlo vivo. Por eso el onanismo, en el fondo, no es más que la constatación de un fracaso. 
Satisfactorio, claro, pero fracaso. 


PS: Claudio Rodríguez escribió: "Así el deseo. Como el alba, clara / desde la cima y cuando se detiene / tocando con sus luces lo concreto[...]"