La hegemonía cultural está virando. Y es que los tiempos están cambiando
Visión más o menos liberal de lo que pasa. Reflexión sobre la cultura, la sociedad y la vida. En general. Se admite debate.
La hegemonía cultural está virando. Y es que los tiempos están cambiando
Primavera árabe, le llaman. Ojalá lo sea. La he venido siguiendo a través de La Vanguardia y de The Economist. Veremos a ver en qué acaba. Uno mira en perspectiva y quizá sea cierto. Quizá sea una nueva ola democratizadora, como la del sur de Europa en los setenta y la del este europeo en los noventa. Son el sur del mediterráneo, con una cultura cercana y con mucha influencia europea.
Ojalá el cambio en Túnez sea para mejor y se afiance un régimen democrático que garantice el derecho de las minorías y de las mujeres.
Ojalá Egipto vuelva a ser una sociedad de ciertas clases medias cultas y respetuosas con las minorías, como lo fue en los años cuarenta y cincuenta, cuando reinaba Faruk.
Ojalá Libia se quite de encima al enloquecido y terrorista Gadafi y sea capaz de instaurar un régimen abierto, como en la época de Idris y en el que los ciudadanos puedan hacer oír su voz.
No será fácil. Y quizá nunca sepamos qué ha pasado en realidad. Quizá no sea más que un cambio de élites para que todo siga igual; o quizá es verdad que la mundialización ha convertido ya en imparables las aspiraciones de los jóvenes, que ven a sus vecinos de la ribera norte del mar vivir cómodamente en libertad. Quizá es que, de nuevo, Jefferson tenía razón y, frente al mantra relativista, hoy también pueda leerse en voz alta en lengua árabe aquello de que “We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal, that they are endowed by their Creator with certain unalienable Rights, that among these are Life, Liberty and the pursuit of Happiness".
Seguro que el tema sale hoy en la presentación del libro de mi amigo John; esta tarde, a las siete y media, en la sede del Colegio. No se lo pierdan.
Estuvimos, también, en el Palacio de Fuensalida. Recién rehabilitado. Jesús lo eligió y allí estuvo hasta que el pequeño Bugallal de Albacete lo echó de allí con malas artes. La Presidencia de la Junta de Comunidades se ha ido ya de allí. Qué hubiera sido de Castilla La Mancha si su presidente hubiera sido un hombre ilustrado, un hombre culto y bueno, en lugar del tal Bono, tan patriota, tan católico, tan socialdemócrata…
Una exposición en el Palacio. Sobre el Toledo mudéjar. Sobre los Muddayyan. La palabra lo dice todo: “aquellos a los que se les ha permitido quedarse”. Ciudadanos de segunda en su tierra. Las identidades. Todas asesinas. Delicada madera, techumbres policromadas. Ese olor. Su olor, mezclado con la madera y el barniz. La cerámica de la zona, que sobrevivió, en esencia, hasta casi el siglo XX. Los mosaicos. Y las tinajas. Una mano de Fátima. La luz cuando volvemos al patio. Jesús me habla y me comenta una tesis: ¿Y si el castellano hubiera nacido por aquí y viniera de los mudéjares?. Le contesto que es difícil, en este ámbito, refutar a Lodares: el castellano es una koiné usada por los pueblos del centro para comunicarse con los vascos. Los Muddayyan desparecieron con la historia, también al paso alegre de la paz. Los asimilaron. A la fuerza. No había espacio aquí para una identidad árabe. Se asimilaron. Muchos de nosotros quizá tengamos algún antepasado mudéjar. Como lo tenemos judío. A veces, ver sus rastros, como ocurre en esta exposición, nos permite, en cierto sentido, saludar a un familiar lejano.
Un vistazo a la fantástica vista que el Palacio tiene sobre los cigarrales. Salimos de Palacio y seguimos caminando Toledo. Va llegando la hora de almorzar y aún queda trayecto por ver. Recuerdo un título de una película: un paseo por las nubes. Ahí vamos. Ahí seguimos.
PS: vuelvo a recordar los versos de Adam Zagajewski: “En ciudades extrañas / contemplamos las obras de viejos maestros / y, sin asombro, en añejos cuadros vemos / nuestros propios rostros. Habíamos existido / antes, e incluso conocíamos el sufrimiento, / nos faltaban tan sólo las palabras…”