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5.1.26

Jovenes y ¿prochinos?

Desolador esto que contaba De la Cal el otro día en el periódico, al hilo de Shanghai como ciudad del año. El problema no es que nuestros jóvenes se hagan conservadores, el problema es el prestigio del comunismo chino entre ellos. 

The Economist, en colaboración con la consultora GlobeScan, realizó entre julio y septiembre de este 2025 una encuesta preguntando a 32.000 personas de 32 países su opinión sobre China y Estados Unidos. "Desde la última vez que hicimos la pregunta hace un año, China ha avanzado considerablemente, alcanzando un promedio del 33% en cuanto a la preferencia, mientras que EEUU bajó al 46%", resumía el diario.

En la encuesta, la preferencia por China había aumentado sobre todo entre los más jóvenes (de 18 a 24 años), cuya mayoría ve la influencia del país asiático en el mundo "principalmente positiva", mientras que para los mayores de 65 años EEUU sigue teniendo mucha ventaja. En cuanto a la elección de China como potencia líder, los países donde más aumentó el apoyo fueron Brasil, Canadá, México, Sudáfrica y España.

25.5.08

Miércoles 14 de mayo. Xi´an: universitarios, ruta de la seda y unos guerreros. (I)

Una capital de provincia en la China interior. Una provincia, cosas que pasan, de casi cuarenta millones de habitantes. Una capital, Xi´An, de casi ocho millones. El aeropuerto tiene cierto aire marcial, soviético. A la China interior ha llegado el capital, pero menos. Nuestro guía se presenta. Se llama Tao. En seguida nos damos cuenta de que hemos tenido mucha suerte. Habla un español magnífico –estuve años viviendo en Méjico y en Cuba- me dirá luego. Es catedrático de historia. Y está directamente implicado en las labores de excavación. Nos habla de su provincia y de su ciudad con orgullo, pero sin exceso sinocéntricos. Es mayor, y quizá sea verdad que la experiencia lo relativiza casi todo. Nos habla de más de cuarenta universidades en la provincia, y de más de un millón de universitarios.

Desde los años setenta, en concreto desde marzo del setenta y cuatro Xi´An es mundialmente conocida por los guerreros de terracota. Pero había sido mucho más. Sede de la capital del Imperio del Centro durante un número importante de dinastías y varios siglos. Además, inicio, o final, según se mire, de la legendaria
Ruta de la Seda, sobre la que tanto he pensado tras leer a Robert D. Kaplan. Así que, mientras el autobús nos lleva hacia las tumbas de los guerreros, pienso que estoy en el asia central. La plataforma que daría el dominio del mundo, según la geopolítica del XIX. Allá en un extrema Tartaria, acullá, la costa. Los rasgos físicos son más asiáticos que lo que habíamos visto en Shanghái. Es la estepa desolada lo que nos encontramos a cada paso. Hasta aquí, y no más allá, llegó el hombre occidental durante cientos de años. Y el sol. Un sol también estepario, que reseca el aire a cada paso. E imagino las caravanas, llegadas de Samarcanda. El comercio, el auténtico motor de la historia.

Llegamos a las tumbas. Antes hay que reponer fuerzas. El turismo interior es muy importante en esta zona. Almorzamos en un flojo restaurante que hay cerca del aparcamiento. Cientos de vendedores de suvernirs y recuerdos. Tao nos avisa, si queremos comprar recuerdos de guerreros, hagámoslo en la tienda oficial, es la única manera de estar seguros de que el barrio se coció de acuerdo a como se hicieron los guerreros. “Si los compráis fuera, os podéis quedar con ellos en la mano”.


La fascinante historia de los guerreros está ligada a la vida del tiránico emperador
Qin Shi. El hombre que principió, allá por el siglo III antes de Cristo, la tarea de unificar china. Pero también un paranoico sin escrúpulos, que ordenó quemar los libros anteriores a él. Obsesionado por la inmortalidad, Qin quiso construir un ejército que lo acompañara y lo protegiera en el más allá. Ordenó construir varios fosos, con sus ejércitos perfectamente encuadrados en ellos, y más allá se construyó su propio catafalco. El trabajo, hecho por esclavos, duró años. Y cuando acabó, Qin se preocupo mucho de que no se conociera exactamente ni la ubicación ni los registros de su propia existencia, porque el complejo cayó en el olvido hasta que la casualidad lo sacó a la luz en marzo de 1974. Un día, unos campesinos de una comuna forzosa estaban buscando agua y encontraron “unos cacharros de barro”. La tumba era impresionante. Tenía suelo solado, y varias galerías para los soldados. Pero los más de dos mil años no habían pasado en vano. En casi todas las galerías el techo se había hundido, de ahí que únicamente se hayan rescatado intactos tres guerreros. Además, las tumbas habían sido profanadas, y por eso casi ningún guerrero tiene su lanza, que eran auténticas, ya que fueron robadas en diferentes momentos. Aún así, impresiona. Y mucho.

Volvemos al hotel,
un magnífico sofitel ubicado en corazón de la ciudad. Descansamos un poco. En breve saldremos a conocer la muralla.

23.5.08

Martes 13 de mayo. Segundo día en Shanghái

Amanece contaminación en Shanghái. El precio del progreso. Tras romper el ayuno, nos ponemos en marcha hacia el Templo del Buda de Jade. Construido a finales del XIX para albergar dos estatuas de Buda hechas de jade y traídas desde Birmania. El jade tiene un significado para los chinos desconocido para nosotros. El templo es un viejo caserón. Los turistas estamos por doquier. Hay un patio, y unos pasillos que llevan a donde están los dos budas. A las estatuas se las ve de lejos, se las reverencia, y tira pa´lante, como si estuvieras dándole el último adiós al caudillo. Hay un buda de jade falso que sí se puede fotografiar. En un momento salen al patio unos monjes vestidos de azafrán. Supongo que rezan, aunque las voces que pegan no invitan a la meditación. Hacen una hoguera con periódicos y se vuelven a sus cuartos. Quizá lo más interesante del templo, en realidad, sea que sobrevivió a aquella cosa que se llamó la Gran Revolución Cultural Proletaria. El guía nos cuenta. Lo que fue únicamente una lucha de poder en el entorno del partido único desembocó en una tragedia. Esta vez la víctima fue la clase intelectual del país. Se abolieron los exámenes de acceso a la Universidad (¿les suena esto de algo?). Se primaron las asignaturas ideológicas frente a la ciencia burguesa (esto también es familiar, ¿Verdad?). Una generación entera fue condenada a la ignorancia. Muchos intelectuales fueron enviados al campo ignoto a trabajar con las manos. Los guardias rojos, peleando por ver quien era más revolucionario, se lanzaron a destruir todo el patrimonio tradicional chino que encontraron a su paso. Empero, el Templo del Buda de Jade se salvó de la destrucción. 

A occidente todo aquello llegó como farsa: las citas del libro rojo de Mao y un par de carteles. Lo que es sorprendente, al menos para la gente de mi generación, es que en España hubiera maoístas. Y que ahora den lecciones de casi nada. Por favor. La España de los años sesenta, estando sometida a una dictadura repugnante, comparada con la China de Mao era un paraíso en la tierra.
Salimos del templo para dirigirnos a los
Jardines de Yuyuan. Echo un vistazo a las oficinas que están al lado de la puerta. Al fondo se ve a los monjes que hace unos minutos cantaban. Uno está haciendo cuentas con una calculadora, otros dos están navegando por algo parecido a Internet. Un cuarto ve la tele. Espiritualidad oriental al por mayor.

Llegamos a los jardines. Un funcionario los construyó en el XVI para que sus padres pudieran ver cómo eran los jardines imperiales. Están atestados. La restauración avanza lenta, pero el jardín no logra desprenderse de un cierto aire retro y, desde mi punto de vista, algo hortera, al menos para la estética occidental. Interesante el puente de entrada, Nine Curve Bridge, concebido en zigzag para ahuyentar a los malos espíritus. Almorzamos al lado, en el Restaurante Green Wave, que presume de ser uno de los mejores de la ciudad. Almorzamos. El restaurante promete más de lo que ofrece. Al acabar, un café en el Starbucks y paseo por los mercadillos de la plaza. Empieza el regateo. Uno no sabe bien qué comprar, ni sabe si lo que compra es útil o no. Nos escabullimos y encontramos, escondida en un segundo piso, una galería de arte. Vengo buscando pintura china, pero moderna. Un autor, con un cierto aire a Klimt, me seduce. Me tocar ir cargando con tres láminas el resto de la tarde.

Ducha en el hotel y cena. El restaurante me parece fantástico. El
South Beauty 881, en la Middle Yan An Road, ubicado en la antigua casa de un nombre. El estilo es una interesante fusión oriental y occidental. La comida, china, magnífica. El servicio acogedor. Estamos reventados.
Mañana toca madrugar. Volamos a
Xi´An.

PS: “Nuestro propósito es asegurar que la literatura y el arte encajen bien en el mecanismo general de la revolución, se conviertan en un arma poderosa para unir y educar al pueblo y para atacar y aniquilar al enemigo, y ayuden al pueblo a luchar con una misma voluntad contra el enemigo
Libro Rojo del Presidente Mao.

21.5.08

Lunes 12, descubriendo Shanghái (I)

Cogemos el Maglev, el tren de levitación magnética, para llegar a Shanghái. Alcanza, en su tramo punta, la velocidad de 431 quilómetros por hora. En siete minutos estamos en la ciudad. Shanghái son, en realidad, varias ciudades. Dos de ellas son fascinantes.
Por un lado Pudong, el distrito financiero. Un cierto deja vu de lo que debió de ser el crecimiento de Nueva York a finales del XIX. Los edificios se levantan sin tregua. Hay varios en obra. “En 1992 todo esto era un páramo”, nos cuenta el guía en un español confuso. Todos los rascacielos, en quince años. A ojo de buen cubero, como medimos las cosas los españoles, que para algo somos católicos y no luteranos, calculo que la extensión ha de ser en torno cinco o diez veces Manhattan. Pienso en Madrid. Para hacer las cuatro torres de la ciudad deportiva hubo que esperar a que el presidente de la entidad fuera un constructor bien relacionado con el poder político.

Enfrente, más allá allá de
Huang Pu está el Bund, el decadente Bund. El barrio de las concesiones extranjeras, cuando en el XIX las potencias occidentales consiguieron arrancarle a China el permiso para establecer factorías comerciales. El compromiso abarcaba incluso la extraterritorialidad de las leyes, de manera que los ciudadanos franceses eran juzgados por franceses y conforme a las leyes galas. El Bund tiene ese aire decadente que, a los que estamos enamorados de finales del siglo XIX, nos deja sin habla. La arquitectura podría ser, perfectamente, la de cualquier ciudad portuaria europea.

Llegamos al hotel. Nos alojamos en el espectacular
Pudong Shangri-La Hotel, con una habitación que da, de frente, con la Torre de la Perla Oriental, de manera que vemos, al fondo, el río. La tos se convierte en certeza desde la planta 18 del hotel, mientras miramos por el enorme ventanal. La ciudad está extraordinariamente contaminada. No digo contaminada, digo increiblemente contaminada. No hay nubes, el día es claro y, sin embargo, apenas se divisa el Bund. Una densa nube blanca cubre el cielo. Brutal.

Almorzamos en el “
Yi Café”, un restaurante ubicado en el hotel. Una delicia reencontrarse con el sushi, el sashimi, los makis y las tempuras. Imagino a Jimena, o a Joxete, poniéndose ciegos con esta comida. Luego Te, porque aquí el café es exótico y caro. Primeras excursiones más allá del hotel. Un par de centros comerciales. Absolutamente occidentales, en cuanto a marcas y precios, una vuelta a la manzana. Lost in translation, la verdad. Como el cuerpo está molido y hay un rato hasta salir a navegar por el río, aprovecho la magnífica piscina cubierta del hotel para dar unos largos.

20.5.08

Domingo 11 de mayo. Empieza el viaje

Jimena nos lleva, a primera hora, a Ángel y a mí al aeropuerto de Barajas. Volamos, vía Fráncfort hacia Shanghái. Algunas reflexiones sobre China y el mundo chino, tan desconocidos para mí.

Los primeros emperadores chinos gobernaban sobre “Tianxia”, que literalmente significa “todo lo que hay bajo el cielo”. El sinocentrimo, una característica clave de varios siglos de política en China, ahora y en el pasado. Un país que luego se reconocía a sí mismo como “El Imperio del Centro”. Un país capaz de producir, cuando en la península ibérica había gentes que no dejaron apenas nada escrito, un ejército de terracota como el de Xian. Un país con dos almas; una apegada a su mundo y otra que miraba de reojo al resto. Un país, en fin, que ni siquiera tuvo nombre con el que llamarse a sí mismo ya que, hasta hace pocos siglos, el país recibía el nombre de la dinastía reinante.

Conceptos que explican mentalidades: el koutou, una reverencia al Emperador que constaba de tres genuflexiones sucesivas en la última de las cuáles la frente tocaba el suelo. Si el visitante occidental que llegaba en el XVIII o en el XIX no la ejecutaba, China no quería tratos comerciales con nadie.


El mítico Emperador Amarillo, probablemente inventado por un grupo de nobles para afianzar su poder. El desprecio hacia los bárbaros, y un estado crónico de conflictos con los vecinos (existen hasta siete términos para hablar de “batidas fronterizas” en chino).


Un país condenado a sufrir, cíclicamente, invasiones de bárbaros del norte que enseguida sufrían un proceso de aculturación y asumían como propios los valores políticos, morales y culturales de los chinos. China, el país de los Han.
Aterrizamos por fin en el
aeropuerto Pudong de Shanghái. En la ciudad son apenas las diez de la mañana. Para nuestro cuerpo, las cuatro de la madrugada. Pero no hay tiempo para ir a dormir. La megápolis del siglo XXI nos espera.


PD: Hablando de siglo XXI. ¿Saben lo que significan las siglas HRSTC? Pues
pinchen aquí y luego preocúpense.