Julio Aramberri en Revista de Libros. La China de hoy es hija del modelo totalitario de Mao. Y no entender eso es no entender nada. No se pierda, lector, este primer capítulo del ensayo sobre la herencia recibida.
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21.11.15
4.6.15
La batalla por la verdad
La tribuna de Mario Vargas Llosa el pasado domingo en El Pais. La batalla de un hombre solo. La batalla que los clérigos que nos traicionaron a todos no supieron dar. La batalla de Simón Leys, el hombre que en 1971 denunció, ante el silencio cómplice de toda la izquierda y gran parte de la derecha, la locura del maoismo en China.
Ahora se publica en Francia la crónica de aquellos años, a cargo de Pierre Boncenne. Una pinta magnífica. A ver si lo vuelcan pronto al castellano.
Ahora se publica en Francia la crónica de aquellos años, a cargo de Pierre Boncenne. Una pinta magnífica. A ver si lo vuelcan pronto al castellano.
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28.1.14
Diferencias, al final y en democracia, entre los unos y los otros
Un tipo interesante este Guy Sorman. Lo leía de manera habitual en ABC, y más ahora que empieza a publicar en el diario de Vocento con periodicidad semanal.
El domingo pasado, cerraba su columna con una interesante reflexión sobre la diferencia entre la derecha y la izquierda. Es un debate interesante, que mantengo además de manera recurrente y feliz con mi amigo el Batera.
Ahí les dejo la cita de manera textual, para solaz de este martes mientras enero se nos escurre de entre las manos:
"Ser de izquierdas siempre
consistirá en considerar que se puede cambiar la naturaleza humana, mediante la
educación, como pensaba Jean-Jacques Rousseau, o mediante la obligación, como
lo hacía Mao Zedong, para construir una sociedad nueva y necesariamente mejor.
Mientras que ser de derechas, como lo expresaron los liberales de España y
Francia ya en el siglo XVIII, es intentar mejorar la sociedad aceptando al
hombre tal y como es. La historia contemporánea da la razón a estos liberales;
el milagro liberal en Europa, porque Europa es una construcción esencialmente
liberal, es haber instaurado la paz en el continente, una relativa prosperidad
y una relativa igualdad, aceptando a los hombres tal y como son, buenos y
malos, y todos diferentes."
Es lo que en el fondo expresaba Isaiah Berlin cuando hablaba del "fuste torcido de la humanidad".
Las cosas son como son.
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31.12.08
Mao. Los idiotas
Asombra ver la cantidad de idiotas occidentales que rindieron pleitesía a la dictadura más cruel del planeta.
Ahí va la idiota de Simone de Beauvoir que visitó la cárcel china en 1955 y, tras volver a occidente, defecó lo siguiente: “El poder que [Mao] ejerce no es más dictatorial que, por ejemplo, lo fue el de Roosevelt. La Constitución de la Nueva China hace imposible la concentración de autoridad en manos de un solo hombre”.
Ahí va también el idiota y confusamente colaboracionista de Mitterrand que viajó a China en 1961, en medio de la mayor hambruna de origen político que ha conocido el planeta (sólo el año anterior habían muerto de hambre más de 22 millones de personas) y vomitó, satisfecho: “Lo repetiré para que me oigan bien: en China no hay hambre”.
Ahí está el idiota del mariscal Montgomery, héroe de guerra británico quien declaró igualmente en 1961, tras visitar el presidio chino que “China necesita a su presidente. Usted [Mao] no puede abandonar este barco.
No podía faltar, obviamente, el insigne idiota de Sartre, que elogió la “violencia revolucionaria” de Mao como “profundamente moral”.
Gentuza.
PS: “La mayor decepción [de los jóvenes que se pasaban a las filas comunistas a finales de los años treinta] era que la igualdad, el núcleo de su idealismo, no sólo no se veía por ninguna parte, sino que el régimen la evitaba de forma manifiesta. Las desigualdades y los privilegios eran ubicuos. Todas las instituciones tenían tres niveles de cocina. Los trabajadores más modestos recibían la mitad de carne y de aceite de cocina que las clases medias, mientras la élite recibía mucho más". Chang, Jung y Halliday, J: Mao. La historia desconocida. Taurus, Madrid, 2006. Página 302
PD: nieve y gripe.
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30.12.08
Mao. Las verdades
Como en tantos otros regímenes comunistas, la única verdad fueron los años de hambre y de sombras. Las purgas dentro del partido, las matanzas de los Antibocheviques, su trato con las mujeres, los privilegios de la nomenklatura dentro de la sociedad, el nulo papel desempeñado por los comunistas en la guerra contra los japoneses, que aprovecharon el conflicto para ganar terrenos a los nacionalistas, su absoluta obediencia soviética, su forma de deshacerse de sus adversarios, como Wang Ming, a través del veneno.
Verdadera fue la lucha de Peng Dehuai, su ministro de defensa y el único que tuvo el valor de disentir contra la locura totalitaria montada por Mao
Fue verdad su venganza contra Liu Shaoqi, presidente de la República, y su mujer Wang Guangmei.
Fue verdad el desastroso resultado de sus políticas económicas. A principios de los años setenta.la renta per cápita china era inferior a la somalí,y la ingesta de calorías per cápita inferior a la de los años treinta.
Fue verdad el intento de Lnn Biao de acabar con su vida, el único que se produjo durante su mandato.
Fue verdad, siniestra verdad, la figura de Pol Pot, creación de Mao, al que felicitó al hacerse con el poder y esclavizar a gran parte de su población con el texto “ha borrado usted las clases sociales de un plumazo”.
Fue verdad, entrañable pago por sus años de servicio, que Mao negó el tratamiento contra el cáncer que Zhou Enlai necesitaba en mayo de 1972, porque no quería que le sobreviviera.
Fue verdad que Jiang Qing, conocida como Madame Mao, última esposa del sátrapa tenía como lema, en medio del derroche, que “servirme a mí es servir al pueblo”
PS: "El I Congreso del PCCh se inició en Shanghai el 23 de julio de 1921 con la asistencia de trece periodistas, estudiantes y profesores que representaban a un total de 57 comunistas que en su mayoría tenían ocupaciones similares. No había ningún obrero". Chang, Jung y Halliday, J: Mao. La historia desconocida. Taurus, Madrid, 2006. Página 47
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31.5.08
Sábado 17. De cómo una serie de fortificaciones se convirtieron en una (gran) muralla
Desayunamos con la fresca. Una nube de contaminación cubre Pequín. Nos encaminamos hacia lo que desde hace algunos siglos se conoce como la Gran Muralla. Por el camino, las obras de la zona olímpica. Soldados y obreros. En el paraíso socialista chino, los delegados sindicales son sustituidos por sargentos del ejército. Nos dirigimos hacia la zona de Badaling, el tramo amurallado más restaurado y más cercano a Pequín.
Hay varios equívocos en relación a la Gran Muralla china. Y casi todos ellos están relacionados con occidente. Y es que la Muralla, “Fortificación Larga” en chino, es, en gran medida, un invento occidental. No es extraño. A veces, los imaginarios colectivos se crean desde fuera. Los románticos franceses y británicos crearon la imagen de España durante el siglo XIX. Ferdinand Verbiest, un jesuita belga que vivió en el Imperio del Centro durante la segunda mitad del XVIII, visitó la muralla cerca de Pequín y quedó impresionado por lo que había visto. Por aquella época, otro jesuita llamado Martino Martini había publicado su Atlas Sinensis. En él, sentó las bases de gran parte de los mitos que, siglos después, siguen formando parte del imaginario colectivo: una muralla que atravesaba toda China, levantada en muy poco tiempo y construida antes de Cristo. Ni era una sola muralla (en realidad, son varios tramos dispersos y separados por cientos de quilómetros que nunca constituyeron una única muralla), ni se levantó en poco tiempo (el proceso de construcción abarca en realidad gran parte de la historia de China) ni era tan antigua (los tramos que los occidentales veían se edificaron en el XVII). Los frailes fueron los mejores propagandistas del mundo Chino en occidente durante el XVII y el XVIII. Un siglo después, en el verano de 1861 el doctor Fleming visitó la Fortificación Larga. Y hablaba de la misma como “la mundialmente famosa barrera cuyas maravillas han resonado durante siglos en occidente” en su Travels on a Horseback in Mantchu Tartary”. A nadie le resultaba extraño que los chinos, durante aquellos siglos mostraran tan poco interés por la “Fortificación Larga”. Para China, la Gran Muralla era el reflejo de un fracaso. Durante siglos, había sido incapaz de detener las invasiones extranjeras. Y había simbolizado el aislamiento de China. Un país que pudo haber dominado toda Asia se quedó encerrado dentro del perímetro, físico y mental, de una muralla.
Pero al final, los chinos transformaron su “Fortificación Larga” en la Gran Muralla. Llegó el siglo XX. Una China dividida y humillada encontró en la visión de los europeos un motivo de orgullo. Un país que había construido la “Gran Muralla” no era un país cualquiera. El incipiente nacionalismo chino se apropió de la Muralla. Años después, Mao la utilizó como imagen de la resistencia a los japoneses y terminó de colocarla en el imaginario colectivo chino. Como un espejo que en realidad crea la imagen que devuelve.
A pocos quilómetros de la Muralla, se adivinan los turistas. Autobuses y más autobuses. Durante el trayecto, Fernando, el guía, realiza nuevas loas al gobierno chino. Me pregunto si realmente se creerá todo lo que nos cuenta. Empezamos a caminar. La muralla está repleta de turista. Y cuando digo repleta, digo repleta. El paisaje es espectacular. Aunque está restaurada de una manera tosca, aunque a veces la subida se hace imposible por los desniveles que ha de salvar, la experiencia merece la pena. Vendedores de todo tipo están instalados en los torreones que comunican los tramos de muralla. Se vende de todo: camisetas, láminas, carretes. De pronto, suena una melodía. Quizá irlandesa. Pero extrañamente familiar para los españoles. Tarareo la letra mientras paso al lado del vendedor que la toca en su instrumento: “There’s a valley in Spain called Jarama / It’s a place that we all know so well / It was there that we fought against the Fascists / We saw a peacful valley turn to hell”.
Desde lo alto se observa la extensión de la Muralla como un hormigueo constante de gente. Bajamos. Nos espera un almuerzo en un entorno absolutamente espectacular. ¿Les he contado algún vez que soy un rendido admirador de la arquitectura de acero oxidado y hormigón?
Hay varios equívocos en relación a la Gran Muralla china. Y casi todos ellos están relacionados con occidente. Y es que la Muralla, “Fortificación Larga” en chino, es, en gran medida, un invento occidental. No es extraño. A veces, los imaginarios colectivos se crean desde fuera. Los románticos franceses y británicos crearon la imagen de España durante el siglo XIX. Ferdinand Verbiest, un jesuita belga que vivió en el Imperio del Centro durante la segunda mitad del XVIII, visitó la muralla cerca de Pequín y quedó impresionado por lo que había visto. Por aquella época, otro jesuita llamado Martino Martini había publicado su Atlas Sinensis. En él, sentó las bases de gran parte de los mitos que, siglos después, siguen formando parte del imaginario colectivo: una muralla que atravesaba toda China, levantada en muy poco tiempo y construida antes de Cristo. Ni era una sola muralla (en realidad, son varios tramos dispersos y separados por cientos de quilómetros que nunca constituyeron una única muralla), ni se levantó en poco tiempo (el proceso de construcción abarca en realidad gran parte de la historia de China) ni era tan antigua (los tramos que los occidentales veían se edificaron en el XVII). Los frailes fueron los mejores propagandistas del mundo Chino en occidente durante el XVII y el XVIII. Un siglo después, en el verano de 1861 el doctor Fleming visitó la Fortificación Larga. Y hablaba de la misma como “la mundialmente famosa barrera cuyas maravillas han resonado durante siglos en occidente” en su Travels on a Horseback in Mantchu Tartary”. A nadie le resultaba extraño que los chinos, durante aquellos siglos mostraran tan poco interés por la “Fortificación Larga”. Para China, la Gran Muralla era el reflejo de un fracaso. Durante siglos, había sido incapaz de detener las invasiones extranjeras. Y había simbolizado el aislamiento de China. Un país que pudo haber dominado toda Asia se quedó encerrado dentro del perímetro, físico y mental, de una muralla.
Pero al final, los chinos transformaron su “Fortificación Larga” en la Gran Muralla. Llegó el siglo XX. Una China dividida y humillada encontró en la visión de los europeos un motivo de orgullo. Un país que había construido la “Gran Muralla” no era un país cualquiera. El incipiente nacionalismo chino se apropió de la Muralla. Años después, Mao la utilizó como imagen de la resistencia a los japoneses y terminó de colocarla en el imaginario colectivo chino. Como un espejo que en realidad crea la imagen que devuelve.
A pocos quilómetros de la Muralla, se adivinan los turistas. Autobuses y más autobuses. Durante el trayecto, Fernando, el guía, realiza nuevas loas al gobierno chino. Me pregunto si realmente se creerá todo lo que nos cuenta. Empezamos a caminar. La muralla está repleta de turista. Y cuando digo repleta, digo repleta. El paisaje es espectacular. Aunque está restaurada de una manera tosca, aunque a veces la subida se hace imposible por los desniveles que ha de salvar, la experiencia merece la pena. Vendedores de todo tipo están instalados en los torreones que comunican los tramos de muralla. Se vende de todo: camisetas, láminas, carretes. De pronto, suena una melodía. Quizá irlandesa. Pero extrañamente familiar para los españoles. Tarareo la letra mientras paso al lado del vendedor que la toca en su instrumento: “There’s a valley in Spain called Jarama / It’s a place that we all know so well / It was there that we fought against the Fascists / We saw a peacful valley turn to hell”.
Desde lo alto se observa la extensión de la Muralla como un hormigueo constante de gente. Bajamos. Nos espera un almuerzo en un entorno absolutamente espectacular. ¿Les he contado algún vez que soy un rendido admirador de la arquitectura de acero oxidado y hormigón?
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23.5.08
Martes 13 de mayo. Segundo día en Shanghái
Amanece contaminación en Shanghái. El precio del progreso. Tras romper el ayuno, nos ponemos en marcha hacia el Templo del Buda de Jade. Construido a finales del XIX para albergar dos estatuas de Buda hechas de jade y traídas desde Birmania. El jade tiene un significado para los chinos desconocido para nosotros. El templo es un viejo caserón. Los turistas estamos por doquier. Hay un patio, y unos pasillos que llevan a donde están los dos budas. A las estatuas se las ve de lejos, se las reverencia, y tira pa´lante, como si estuvieras dándole el último adiós al caudillo. Hay un buda de jade falso que sí se puede fotografiar. En un momento salen al patio unos monjes vestidos de azafrán. Supongo que rezan, aunque las voces que pegan no invitan a la meditación. Hacen una hoguera con periódicos y se vuelven a sus cuartos. Quizá lo más interesante del templo, en realidad, sea que sobrevivió a aquella cosa que se llamó la Gran Revolución Cultural Proletaria. El guía nos cuenta. Lo que fue únicamente una lucha de poder en el entorno del partido único desembocó en una tragedia. Esta vez la víctima fue la clase intelectual del país. Se abolieron los exámenes de acceso a la Universidad (¿les suena esto de algo?). Se primaron las asignaturas ideológicas frente a la ciencia burguesa (esto también es familiar, ¿Verdad?). Una generación entera fue condenada a la ignorancia. Muchos intelectuales fueron enviados al campo ignoto a trabajar con las manos. Los guardias rojos, peleando por ver quien era más revolucionario, se lanzaron a destruir todo el patrimonio tradicional chino que encontraron a su paso. Empero, el Templo del Buda de Jade se salvó de la destrucción.
A occidente todo aquello llegó como farsa: las citas del libro rojo de Mao y un par de carteles. Lo que es sorprendente, al menos para la gente de mi generación, es que en España hubiera maoístas. Y que ahora den lecciones de casi nada. Por favor. La España de los años sesenta, estando sometida a una dictadura repugnante, comparada con la China de Mao era un paraíso en la tierra.
Salimos del templo para dirigirnos a los Jardines de Yuyuan. Echo un vistazo a las oficinas que están al lado de la puerta. Al fondo se ve a los monjes que hace unos minutos cantaban. Uno está haciendo cuentas con una calculadora, otros dos están navegando por algo parecido a Internet. Un cuarto ve la tele. Espiritualidad oriental al por mayor.
A occidente todo aquello llegó como farsa: las citas del libro rojo de Mao y un par de carteles. Lo que es sorprendente, al menos para la gente de mi generación, es que en España hubiera maoístas. Y que ahora den lecciones de casi nada. Por favor. La España de los años sesenta, estando sometida a una dictadura repugnante, comparada con la China de Mao era un paraíso en la tierra.
Salimos del templo para dirigirnos a los Jardines de Yuyuan. Echo un vistazo a las oficinas que están al lado de la puerta. Al fondo se ve a los monjes que hace unos minutos cantaban. Uno está haciendo cuentas con una calculadora, otros dos están navegando por algo parecido a Internet. Un cuarto ve la tele. Espiritualidad oriental al por mayor.
Llegamos a los jardines. Un funcionario los construyó en el XVI para que sus padres pudieran ver cómo eran los jardines imperiales. Están atestados. La restauración avanza lenta, pero el jardín no logra desprenderse de un cierto aire retro y, desde mi punto de vista, algo hortera, al menos para la estética occidental. Interesante el puente de entrada, Nine Curve Bridge, concebido en zigzag para ahuyentar a los malos espíritus. Almorzamos al lado, en el Restaurante Green Wave, que presume de ser uno de los mejores de la ciudad. Almorzamos. El restaurante promete más de lo que ofrece. Al acabar, un café en el Starbucks y paseo por los mercadillos de la plaza. Empieza el regateo. Uno no sabe bien qué comprar, ni sabe si lo que compra es útil o no. Nos escabullimos y encontramos, escondida en un segundo piso, una galería de arte. Vengo buscando pintura china, pero moderna. Un autor, con un cierto aire a Klimt, me seduce. Me tocar ir cargando con tres láminas el resto de la tarde.
Ducha en el hotel y cena. El restaurante me parece fantástico. El South Beauty 881, en la Middle Yan An Road, ubicado en la antigua casa de un nombre. El estilo es una interesante fusión oriental y occidental. La comida, china, magnífica. El servicio acogedor. Estamos reventados.
Mañana toca madrugar. Volamos a Xi´An.
PS: “Nuestro propósito es asegurar que la literatura y el arte encajen bien en el mecanismo general de la revolución, se conviertan en un arma poderosa para unir y educar al pueblo y para atacar y aniquilar al enemigo, y ayuden al pueblo a luchar con una misma voluntad contra el enemigo” Libro Rojo del Presidente Mao.
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