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6.11.14

Izquierdas y derechas, en Hong Kong, por ejemplo

Leer a Sorman los domingos. Uno de los placeres de abrir el ABC. Su columna de la semana pasada, sobre las categorías de izquierda y derecha. Y un párrafo magnífico, al hilo de las revueltas estudiantiles de Hong Kong:

"La respuesta de las autoridades comunistas chinas a los manifestantes que reclaman unas elecciones democráticas es memorable. LeungChun-ying, el jefe del Ejecutivo de Hong Kong nombrado por Pekín, excluyó el diálogo con los estudiantes y convocó a la plutocracia local, los empresarios cuya fortuna depende de su relación con el partido. Les dijo sin ambages que la democracia llevaría a los «pobres» al poder, ya que la mitad de los electores de Hong Kong tiene una renta inferior a 1.200 dólares al mes. Estos exigirían políticas «sociales», como el aumento del salario mínimo y una redistribución de tipo europeo. La democracia, por tanto, sería perjudicial para los «negocios», mientras que el Partido Comunista garantiza que los ricos lo serán todavía más." 

El comunismo, además de millones de muertos, al final era esto. 

31.5.08

Sábado 17. De cómo una serie de fortificaciones se convirtieron en una (gran) muralla

Desayunamos con la fresca. Una nube de contaminación cubre Pequín. Nos encaminamos hacia lo que desde hace algunos siglos se conoce como la Gran Muralla. Por el camino, las obras de la zona olímpica. Soldados y obreros. En el paraíso socialista chino, los delegados sindicales son sustituidos por sargentos del ejército. Nos dirigimos hacia la zona de Badaling, el tramo amurallado más restaurado y más cercano a Pequín.

Hay varios equívocos en relación a la Gran Muralla china. Y casi todos ellos están relacionados con occidente. Y es que la Muralla, “Fortificación Larga” en chino, es, en gran medida, un invento occidental. No es extraño. A veces, los imaginarios colectivos se crean desde fuera. Los románticos franceses y británicos crearon la imagen de España durante el siglo XIX.
Ferdinand Verbiest, un jesuita belga que vivió en el Imperio del Centro durante la segunda mitad del XVIII, visitó la muralla cerca de Pequín y quedó impresionado por lo que había visto. Por aquella época, otro jesuita llamado Martino Martini había publicado su Atlas Sinensis. En él, sentó las bases de gran parte de los mitos que, siglos después, siguen formando parte del imaginario colectivo: una muralla que atravesaba toda China, levantada en muy poco tiempo y construida antes de Cristo. Ni era una sola muralla (en realidad, son varios tramos dispersos y separados por cientos de quilómetros que nunca constituyeron una única muralla), ni se levantó en poco tiempo (el proceso de construcción abarca en realidad gran parte de la historia de China) ni era tan antigua (los tramos que los occidentales veían se edificaron en el XVII). Los frailes fueron los mejores propagandistas del mundo Chino en occidente durante el XVII y el XVIII. Un siglo después, en el verano de 1861 el doctor Fleming visitó la Fortificación Larga. Y hablaba de la misma como “la mundialmente famosa barrera cuyas maravillas han resonado durante siglos en occidente” en su Travels on a Horseback in Mantchu Tartary”. A nadie le resultaba extraño que los chinos, durante aquellos siglos mostraran tan poco interés por la “Fortificación Larga”. Para China, la Gran Muralla era el reflejo de un fracaso. Durante siglos, había sido incapaz de detener las invasiones extranjeras. Y había simbolizado el aislamiento de China. Un país que pudo haber dominado toda Asia se quedó encerrado dentro del perímetro, físico y mental, de una muralla. 

Pero al final, los chinos transformaron su “Fortificación Larga” en la Gran Muralla. Llegó el siglo XX. Una China dividida y humillada encontró en la visión de los europeos un motivo de orgullo. Un país que había construido la “Gran Muralla” no era un país cualquiera. El incipiente nacionalismo chino se apropió de la Muralla. Años después, Mao la utilizó como imagen de la resistencia a los japoneses y terminó de colocarla en el imaginario colectivo chino. Como un espejo que en realidad crea la imagen que devuelve.

A pocos quilómetros de la Muralla, se adivinan los turistas. Autobuses y más autobuses. Durante el trayecto, Fernando, el guía, realiza nuevas loas al gobierno chino. Me pregunto si realmente se creerá todo lo que nos cuenta. Empezamos a caminar. La muralla está repleta de turista. Y cuando digo repleta, digo repleta. El paisaje es espectacular. Aunque está restaurada de una manera tosca, aunque a veces la subida se hace imposible por los desniveles que ha de salvar, la experiencia merece la pena. Vendedores de todo tipo están instalados en los torreones que comunican los tramos de muralla. Se vende de todo: camisetas, láminas, carretes. De pronto, suena una melodía. Quizá irlandesa. Pero extrañamente familiar para los españoles. Tarareo la letra mientras paso al lado del vendedor que la toca en su instrumento: “There’s a valley in Spain called Jarama / It’s a place that we all know so well / It was there that we fought against the Fascists / We saw a peacful valley turn to hell”.

Desde lo alto se observa la extensión de la Muralla como un hormigueo constante de gente. Bajamos. Nos espera un almuerzo en un entorno absolutamente espectacular. ¿Les he contado algún vez que soy un rendido admirador de la arquitectura de acero oxidado y hormigón?

30.5.08

Viernes 16 (II). La ciudad púrpura y el mercado (de la seda)

Nos acercamos a la Ciudad Prohibida. Para ser más exactos, a la Ciudad Púrpura Prohibida. La ciudad fue inaugurada en febrero de 1421 por el emperador Yongle, hijo del fundador de la dinastía Ming. Procedente de una familia de campesinos, el Emperador quiso dar lustro a la capital que fundaba, a la que llamó capital del norte. La obra de la Ciudad Prohibida duró más de quince años y en ella trabajaron más de doscientos mil obreros. Yongle arrebató el trono a su hermano, y abandonó la capital del sur, Nanquín, para fundar una nueva en la que se sintiera rodeado de partidarios. Fue bajo su mandato cuando Zheng He recorrió el pacífico buscando países que reconocieran al monarca del Imperio del Centro y ejecutaran ante en la Corte el koutou, o sumisión ritual ante el Emperador.

La ciudad prohibida es en realidad un vasto recinto amurallado compuesto por varios palacios y recintos, en el que se alojaban no sólo el Emperador y su familia, sino también los altos funcionarios del Estado. Tiene 9.999 habitaciones. Los edificios son de madera. Pero no son hermosos. Su función es impresionar al visitante. Hacerle sentir el poderío de los Ming y del Imperio del Centro. La ciudad fue concebida para demostrar poder, un poco al estilo de lo que hizo el César Carlos con la
Puerta de Bisagra en la Ciudad Imperial. Es fácil reconocer la dignidad de cada construcción, en función de la decoración externa de cada una de las gárgolas que poseen. A más figuras, más relevancia. Hay mucha gente, y el ambiente está realmente contaminado. Fernando, nuestro entrañable y sectario guía, nos lleva a ritmo militar por las plazas, palacios y callejuelas de la Ciudad. Hay mucha gente, pero en verano es peor, parece. La presencia constante de la madera, explica la existencia de grandes tinajas de cobre a cada paso, para poder hacer frente a los incendios. Encontramos a un chino con una camiseta de la selección española. Fotos de rigor. Nos habla de Raul. Vaya por dios.

Al abandonar por el norte la ciudad prohibida uno encuentra una colina. Fue construida con la tierra que se removió para hacer los palacios. Llega la hora del almuerzo. Hoy toca degustar, en toda su extensión, el pato laqueado, el plato pequinés por excelencia. Nos enseñan con paciencia como montarlo en el plato, pero las exquisiteces y paciencia confuciana chocan de frente con el catolicismo contrareformista zamorano y, aunque intentamos colaborar en la alianza de civilizaciones, optamos por comerlo a nuestra manera.

La tarde es para vivir uno de los espectáculos más fascinantes de Pequín. El mercado de la seda. Un edificio de siete plantas en el que se venden todo tipo de falsificaciones El ambiente y el juego es fascinante. Se vende de todo; desde Ipod hasta pañuelos de seda, pasando por maletas y bolsos de marca. Todo falso. El paraíso de la clase media. Empieza el juego. Las dependientas manejan, de manera rudimentaria, varios idiomas. Mezclan castellano e inglés. Te ofrecen un precio, te haces el ofendido y cuando haces ademán de irte, te ofrecen una calculadora para que pongas un precio. El que pones suele ser diez veces menor del que te piden. Se hacen las ofendidas: “I Kill you”, “tacaño”, y contraatacan sin perder la sonrisa. Otra opción puede ser que les pidas productos de mejor calidad. Entonces te miran con aire de confianza y abren un cajón y te ofrecen productos supuestamente mejores a más precio. En algunos casos salta a la vista que el producto es mejor, y también más caro. La tarde es agotadora y se nos va recorriendo las plantas del mercado.

La cena es en un restaurante uruguayo. La globalización es un señor que vino a China a importar productos para Uruguay y se acabó quedando tras poner en marcha un asador.

La globalización, ese hermoso perfume de la modernidad.


PS: “Todos los movimientos de las dos pasadas décadas (los movimientos consumista, ecológico, de protección a la tierra, hippie, de alimentación orgánica […]) han tenido un común denominador. Todos ellos han sido movimientos anticrecimiento. Se han opuesto a los nuevos desarrollos, a la innovación industrial […]". Friedman, Milton y Rose:
Libertad de elegir (II). Folio, Barcelona, 1997. Página 268

28.5.08

Viernes 16. La Plaza y el río

Amanece Pequín. Corro la cortina de la habitación pero se sigue viendo el fondo blanco. Me acerco a la ventana, creyendo que debe haber alguna cortina más que no he corrido. Pero no hay más cortina. Hay contaminación. Es espectacular. Indescriptible. Una nube blanca cubre la ciudad. En el hotel nos dejan el China Daily. Basura gubernamental. Moralina comunista mezclada con caspa patriótica. Algunos artículos causan auténtico sonrojo: “nuestro ejército del pueblo ha dado un ejemplo de eficacia y organización en el rescate a las víctimas”, “en la escuela que se derrumbó los niños recibían una clase sobre la paz en el mundo”; “el presidente Wen dirige desde la zona las operaciones de rescate”. El Daily, es verdad, muestra también lo que pinta España para los chinos. Durante toda la semana, las únicas referencias a nuestro país están en las páginas de deporte. Menos es nada, pensaría un portugués.

Nos acercamos a la
Plaza de Tian´anmen. Varias consideraciones. La Plaza es fea. Grande y fea, como corresponde a las obras de las dictaduras. Está alineada con la Ciudad Prohibida, a la que antecede. Dos edificios soviéticos a los lados. Aquí el Parlamento, allí el Museo de Historia. Fernando, el guía, insiste en que su parlamento es similar al nuestro. Pero ellos no quieren partidos que generan división, sino que eligen a sus representantes entre los obreros y los campesinos. La cortesía me impide discutir. A un español le van a contar payasadas de democracias orgánicas y cosas por el estilo. La plaza está presidida por el mausoleo del dictador. Algún día alguien estudiará la necrofilia de la izquierda, y su gusto por los muertos embalsamados. Al fondo de la plaza, un retrato de Mao, señalando la entrada a la ciudad prohibida.

La plaza fue famosa en China mucho antes de los sucesos de 1989. Setenta años antes,
el 4 de mayo de 1919 estalló aquí la revuelta de los estudiantes chinos contra las humillaciones que les imponía el Tratado de Versalles, al otorgar a Japón las concesiones alemanas en Shandong.

Al llegar al poder, los comunistas derribaron una parte de los palacios al Sur de la Ciudad Prohibida y levantaron la enorme plaza que hoy conocemos, tan parecida, en ciertos aspectos, a la plaza Constituţiei que se levanta delante del Palacio del Parlamento de Bucarest.

A la plaza se accede por un subterráneo para esquivar el intenso tráfico que la rodea. Al salir del subterráneo, las fuerzas de seguridad chinas registran las pertenencias de los ciudadanos chinos. Las nuestras no. Fernando lo explica con naturalidad: “hay ciudadanos que aprovechan que la Plaza es un sitio con turistas para sacar pancartas con reivindicaciones de todo tipo, y eso está prohibido”. Y ya está. No hay más discusión ni mucho más argumento. La gente quiere protestar porque hay público y porque hay público el Estado prohíbe las protestas. Con naturalidad. Una humillación para los ciudadanos chinos.


La Plaza saltó a la fama en 1989. Aunque poca gente conoce que detrás de la revuelta hubo una serie de televisión. Se titulaba “
Elegía de un río”. No busquen referencias en google en castellano porque no hay. Era un documental en seis capítulos que mantuvo en vilo al país durante el verano de 1988. Su tesis, que el aislamiento y el fracaso que representaba la “fortificación larga”, era la causa del presente chino; que su aislamiento y su falta de participación en las exploraciones habían marginado al país durante la modernidad. La muralla y el río amarillo como metáforas del atraso y la tiranía en la historia del país. El documental era en realidad un ataque poco disimulado al maoísmo y a la dictadura comunista que arrasaba y condenaba a la pobreza y al aislamiento al país. Los jóvenes chinos entendieron el mensaje y fue la filosofía del documental la que estalló en las revueltas que terminaron con la masacre de la Plaza un año después. Su autor, Su Xiaokang capitaneó la revuelta, escapó de milagro y desde entonces vive exiliado en los Estados Unidos.
La muerte de los estudiantes ha sido olvidada y borrada. Ahora la plaza está llena de vendedores ambulantes y soldados. Pienso en ello mientras observo volar hermosas cometas. Qué débil es la memoria de los hombres. Y qué solos se quedan los muertos. Empieza a lloviznar.

PD: "Si el estalinismo seducía, era en gran medida por el atractivo subliminal de su lenguaje táctico paramilitar […]. El totalitarismo de la izquierda, en buena parte de manera análoga a un anterior totalitarismo de la derecha, versaba sobre la violencia, el poder, el control, y resultaba atractivo precisamente por estos rasgos, no a pesar de ellos". Judt, Tony:
“Pasado imperfecto. Los intelectuales franceses. 1944-1956”. Taurus, Madrid, 2007. Página 65

27.5.08

Jueves 15. La capital del norte (Pequín)

Amanece Xi´an. Desayuno frugal en un japonés. Empezar el día con maki es una delicia. De camino al aeropuerto nos vamos despidiendo de Tao. Ha escrito algunos libros en castellano sobre los guerreros. Pero deber ser duro vivir preso en un país en el que el gobierno se considera con derecho a decirte a qué países puedes viajar y a cuáles no.

El vuelo hasta Pequín es con
China Eastern Airlines. Pequín, la capital del norte. Su importancia en la milenaria historia china es relativa y reciente, ya que data apenas del siglo XV. Durante el viaje aprovechamos para ver el sol por las ventanillas del aparato. Cuando aterricemos, sabremos que nos envolverá de nuevo la espantosa atmósfera de las ciudades chinas. Al llegar, es casi la hora de comer. Nuestra guía se presenta. Se llama Fernando y es quizá el más ideologizado de todos los chinos con los que hablo durante el viaje. No llega a los treinta años. Nos habla de su país con orgullo, y de su gobierno con respeto. Almorzamos en un selecto restaurante, al lado del Estadio de los Trabajadores. Aquí almuerzan los ricos de la ciudad, pero desde luego ningún obrero y ningún campesino, por más que ellos compongan la clase dirigente china según la inefable constitución de la República Popular.
Acaba el almuerzo. Vamos a ir a conocer una parte legendaria de la ciudad, pero que está desapareciendo deprisa. Vamos a conocer los
Hutong, los callejones que conectan los barrios y las casas de la vieja Pequín. Son el Pequín legendario de las películas, el Pequín que todos tenemos en la imaginación. Pero los Hutong están desapareciendo deprisa. La ciudad crece y se necesita espacio. La desaparición de los Hutong es una buena muestra de porqué las dictaduras son malas, con independencia de su éxito económico. En un país libre, habría cierta prensa que protestaría contra la desaparición de estos barrios. Es más, los bloggers, las radios o incluso algún partido de izquierda, que ironía, llamaría la atención de los medios y se conseguiría al menos que el proceso fuera más racional, y que se conservaran algunas partes de interés. En la China de los obreros y los campesinos eso no es posible. Porque no hay prensa libre, lector; porque Internet está capado en determinadas páginas y porque las cadenas públicas son nada menos que siete. Propaganda basura a la mayor gloria del caudillo.

En los hutong están las
siheyuan, casas cuadradas con un corredor en torno a un patio central. Las viejas viviendas de un Pequín ya espectral que se tragará el polvo de la historia. El viaje por los Huntog lo hacemos en Rickshaw, como corresponde al decadente turismo occidental. Va cayendo la tarde. Un mundo va desapareciendo. Las siheyuan están mal conservadas. La mansión del Príncipe Yixin es uno de los pocos edificios dignos que quedan en pie. Muchos turistas se afanan en grabar sus recuerdos. La pobreza es visible por doquier. Entramos en una “Casa de Té” a ver la ceremonia. El proceso es lento y milenario, pero el fin es claro y moderno; vender.

Acabado el paseo nos relajamos un poco viendo ejercitar el
taichí a unas profesionales. Al segundo movimiento me retiro ante el temor de luxarme algún miembro. A unos metros, unos jóvenes juegan con unas chapas a mantener una figura en el aire como si fuera un balón de fútbol. Un Starbucks preside la plaza.

Marchamos al hotel. El magnífico China World. Al llegar al recibidor, un trío ejecuta música clásica. “Siempre que llego a un hotel nuevo en una ciudad desconocida pregunto en recepción el nombre de las doce mujeres más hermosas del lugar y el de los doce hombres que podrían matarme” escribió un clásico en algún sitio. El hotel es el lujo personificado. -Qué hace un sanabrés como tú en un sitio como este,- le pregunto a Angelito mientras nos sentamos a tomar un oporto en el bar del salón principal.

Tras una ducha, llega la hora de cenar. Como el estómago empieza a estar castigado, hoy toca europeo y cenamos en el Firstar. Hay una pianista en medio del restaurante. Suena una melodía familiar; As time goes by. La cena es magnífica.

A la vuelta, de nuevo gin tonic en el hotel. Agustín ofrece un purito.
Joao me decía cuando yo aún estudiaba la carrera: “maldita sea la miseria”.
Pues eso.

PS: "Una de las principales acusaciones contra Koltsov consistía en que su hermano, el profesor Friedlender, decano del Departamento de Historia de la Universidad Estatal de Moscú, había sido fusilado como enemigo del pueblo. Pronto se comprobó que Friedlender no era pariente de Koltsov, y que su verdadero hermano, Boris Yefímov, estaba en libertad. Pero eso no modificó en lo más mínimo el destino de Koltsov".
Laqueur, W: Stalin. La estrategia del terror. Ediciones B, Barcelona, 2003. Página 123.

PD: empate a uno en el primer partido de la eliminatoria. A ver si hay suerte en la vuelta. Y
chapó por las aficiones. De matrícula de honor.