Mostrando entradas con la etiqueta Todo lo que era sólido. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Todo lo que era sólido. Mostrar todas las entradas

10.4.15

Tampoco ellos...

Se lo leí a Muñoz Molina hace unos meses en el magnífico inicio de Todo lo que era sólido. Los economistas. Aquellos a quienes creíamos no por entenderlos, sino precisamente porque no sabíamos lo que decían. Muy interesante la reflexión del siempre recomendable Naim al respecto. 

No se la pierda, desocupado lector. 


1.9.14

Reflexiones estivales con Muñoz Molina: la democracia

Un recuerdo, para cuando dentro de varias décadas algún historiador analice todos estos años bobos. La dificultad de la democracia.

"La democracia tiene que ser enseñada, porque no es natural, porque va en contra de inclinaciones muy arraigadas en los seres humanos. Lo natural no es la igualdad sino el dominio de los fuertes sobre los débiles. Lo natural es el clan familiar y la tribu, los lazos de sangre, el recelo hacia los forasteros, el apego a lo conocido, el rechazo de quien habla otra lengua o tiene otro color de pelo o de piel. Y la tendencia infantil y adolescente a poner las propias apetencias por encima de todo, sin reparar en las consecuencias que pueden tener para los otros [...]

La única manera de predicar la democracia es con ejemplo. Y con el ejemplo de sus actos y de sus palabras lo que han predicado con abrumadora frecuencia en España la mayoría de los dirigentes políticos y sus propagandistas ha sido lo contrario de la democracia. Han predicado la greña, la violencia verbal, la irresponsabilidad personal y colectiva, la palabrería embustera, la falta de rigor, la indulgencia hacia el robo, el victimismo[...]

Muñoz Molina, A.: "Todo lo que era sólido". (Parágrafo 42)

31.8.14

Reflexiones estivales, con Muñoz Molina: el periodismo

Un recuerdo, para cuando dentro de varias décadas algún historiador analice todos estos años bobos. El papel del periodismo.

"La información no trataba de las cosas que sucedían, sino de lo que los políticos tenían que declarar sobre ellas y lo que los opinadores opinaban sobre lo que los políticos habían declarado. [...] El trabajo de los periodistas jóvenes consistía en entrevistar a dirigentes políticos o en asistir a sus ruedas de prensa y tomar nota de sus declaraciones sin que les fuera permitido ni siquiera hacer preguntas. [...] Incluso se llegó a la vileza de que fueran los partidos mismos los que imponían directamente a las emisoras de radio o televisión los nombres de los periodistas encargados de defender sus posiciones y atacar incondicionalmente las de sus adversarios

Muñoz MOlina, A.: "Todo lo que era sólido". (Parágrafo 43)

30.8.14

Reflexiones estivales, con Muñoz Molina: la emulación

Un recuerdo, para cuando dentro de varias décadas algún historiador analice todos estos años bobos. La emulación provinciana.

"Si una ciudad, o una provincia o una comunidad contigua ya disponía de aeropuerto, de palacio de congresos gigante o de campus universitario, el efecto no era racionalmente disuasorio, sino justo lo contrario: en vez de considerar que quizá no valdría la pena duplicar lo que ya existía se acentuaba la urgencia de poseerlo también. Si estos lo tienen por qué no vamos a tenerlo también nosotros."

Muñoz Molina, A.: "Todo lo que era sólido" (Final del parágrafo 43)   

15.8.14

Lecturas agostiles (I)

Ando con varias cosas a la vez. A ver si puedo irlas comentado. 

El narrador grave que imagina siempre Antonio Muñoz Molina me acompaña esta vez hablándome de Todo lo que era sólido: sólo el título ya merece una lectura. A mayores, estoy también con a fascinante historia de un manuscrito hallado por Poggio Bracciolini en 1417 en el oscuro monasterio de Fulda y que dio lugar a El giro, de Stephen Greenblat. Me puse también con El pacto de los asesinos, un papelillo de Max Gallo, novelando la vida de esa mujer fascinante que fue Margarete Buber-Neumann.

 Y por último, mediado ya el magnífico libro Incógnito, de David Eagleman. cómo funciona el cerebro y qué cosas sabemos de él. Sencillamente magnífico. 

22.7.14

Todo lo sólido...

Otra vez esa voz profunda del narrador. Otra vez ese tono cadencioso melancólico. Otra vez nuestra conciencia. Empiezo el último ensayo de Antonio Muñoz Molina, hablando de Todo lo que era sólido. Y ya le dejo una reflexión.

Hablando de aquellos años bobos, señala el narrador que "Una sensibilidad posmoderna educada en la negligencia hacia los matices entre lo real y lo inventado favorecía la confusión entre memoria histórica y novela histórica. La idealización de la II República y sobre todo del bando republicano en la guerra se correspondía con una amplia ignorancia sobre los hechos comprobados".

No diré más