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11.7.23

El cuñado

Estas tribunas de cuñao que publica cada vez con mas frecuencia El País. No, no es verdad esa bobada de que “tenemos el doble de políticos que Alemania”. Es mentira que el trámite nunca se resuelva. 

Un poco de seriedad, por favor. 


27.6.16

Qué ganas de verla

Cuento los días para acercarme a ver la exposición del Bosco en el Nacional del Prado. Decía Muñoz Molina el sábado en Babelia: 

"El Bosco, aunque trabajó a veces para grandes patronos, pertenecía a un mundo relativamente provinciano, a una ciudad próspera pero no hegemónica, a una forma de entender la vida y el oficio de la pintura muy anclada en las tradiciones tardomedievales. Ser pintor no era una elección personal, sino un destino de artesano. Igual que otros nacían en familias de tintoreros o de carpinteros, El Bosco había nacido en una familia de pintores. Su casa y probablemente su taller estaban en la misma plaza en la que se celebraban los mercados. Desde muy pronto perteneció a una de esas fraternidades a la vez cívicas y religiosas que eran uno de los ejes de la vida comunitaria. Y su imaginación y su religiosidad estaban arraigadas en rituales colectivos y sistemas de creencias populares que nos resultan mucho más exóticos porque no han quedado muchos registros de ellos en la tradición cultural: las procesiones en las que se mezclaba lo litúrgico y lo pagano, la poesía oral, las atracciones de feria, los sermones apocalípticos de los predicadores, los desfiles y las máscaras de carnaval, los refranes y dichos, las celebraciones del calendario agrícola, la imaginería de los juegos de naipes, las estampas devotas o grotescas que empezaba a difundir la imprenta."

14.6.16

D. Miguel, el oculto.

Dejé sin consignar aquí la reflexión de hace unas semanas de Antonio Muñoz Molina en Babelia sobre el misterioso Cervantes, el hombre que nunca mira de frente en su obra. Dice el autor que D. Miguel "es un pasajero furtivo o un polizón en su propia obra". 

Y sabe usted, desocupado lector, ¿quienes eran los furtivos por excelencia en el XVI español?

8.5.16

Esa España

Esa España interior. Vacía. Yerma. Esa España. Hace poco nos hablaba Muñoz Molina de ella en Babelia. Esa España. La única a la que en realidad pertenezco.


1.1.16

Lecciones necesarias

Muñoz Molina, tan bueno en sus ensayos sabatinos en El País. El otro día en Babelia, reflexionando sobre la vida de Carmen Parga y Manuel Tagüeña. Un final luminoso, ahora que no sabemos lo que acabará pasando: "Y también una lección tan necesaria hoy como hace un siglo: sin libertad de conciencia y de expresión, sin ejercicio de la crítica y de los controles democráticos, sin respeto a lo singular y a lo minoritario, los ideales más seductores de igualdad y justicia acaban en tiranías monstruosas."

Tal cual.

10.4.15

Tampoco ellos...

Se lo leí a Muñoz Molina hace unos meses en el magnífico inicio de Todo lo que era sólido. Los economistas. Aquellos a quienes creíamos no por entenderlos, sino precisamente porque no sabíamos lo que decían. Muy interesante la reflexión del siempre recomendable Naim al respecto. 

No se la pierda, desocupado lector. 


1.9.14

Reflexiones estivales con Muñoz Molina: la democracia

Un recuerdo, para cuando dentro de varias décadas algún historiador analice todos estos años bobos. La dificultad de la democracia.

"La democracia tiene que ser enseñada, porque no es natural, porque va en contra de inclinaciones muy arraigadas en los seres humanos. Lo natural no es la igualdad sino el dominio de los fuertes sobre los débiles. Lo natural es el clan familiar y la tribu, los lazos de sangre, el recelo hacia los forasteros, el apego a lo conocido, el rechazo de quien habla otra lengua o tiene otro color de pelo o de piel. Y la tendencia infantil y adolescente a poner las propias apetencias por encima de todo, sin reparar en las consecuencias que pueden tener para los otros [...]

La única manera de predicar la democracia es con ejemplo. Y con el ejemplo de sus actos y de sus palabras lo que han predicado con abrumadora frecuencia en España la mayoría de los dirigentes políticos y sus propagandistas ha sido lo contrario de la democracia. Han predicado la greña, la violencia verbal, la irresponsabilidad personal y colectiva, la palabrería embustera, la falta de rigor, la indulgencia hacia el robo, el victimismo[...]" 

Muñoz Molina, A.: "Todo lo que era sólido". (Parágrafo 42)

31.8.14

Reflexiones estivales, con Muñoz Molina: el periodismo

Un recuerdo, para cuando dentro de varias décadas algún historiador analice todos estos años bobos. El papel del periodismo.

"La información no trataba de las cosas que sucedían, sino de lo que los políticos tenían que declarar sobre ellas y lo que los opinadores opinaban sobre lo que los políticos habían declarado. [...] El trabajo de los periodistas jóvenes consistía en entrevistar a dirigentes políticos o en asistir a sus ruedas de prensa y tomar nota de sus declaraciones sin que les fuera permitido ni siquiera hacer preguntas. [...] Incluso se llegó a la vileza de que fueran los partidos mismos los que imponían directamente a las emisoras de radio o televisión los nombres de los periodistas encargados de defender sus posiciones y atacar incondicionalmente las de sus adversarios" 

Muñoz MOlina, A.: "Todo lo que era sólido". (Parágrafo 43)

30.8.14

Reflexiones estivales, con Muñoz Molina: la emulación

Un recuerdo, para cuando dentro de varias décadas algún historiador analice todos estos años bobos. La emulación provinciana.

"Si una ciudad, o una provincia o una comunidad contigua ya disponía de aeropuerto, de palacio de congresos gigante o de campus universitario, el efecto no era racionalmente disuasorio, sino justo lo contrario: en vez de considerar que quizá no valdría la pena duplicar lo que ya existía se acentuaba la urgencia de poseerlo también. Si estos lo tienen por qué no vamos a tenerlo también nosotros."

Muñoz Molina, A.: "Todo lo que era sólido" (Final del parágrafo 43)   

15.8.14

Lecturas agostiles (I)

Ando con varias cosas a la vez. A ver si puedo irlas comentado. 

El narrador grave que imagina siempre Antonio Muñoz Molina me acompaña esta vez hablándome de Todo lo que era sólido: sólo el título ya merece una lectura. A mayores, estoy también con a fascinante historia de un manuscrito hallado por Poggio Bracciolini en 1417 en el oscuro monasterio de Fulda y que dio lugar a El giro, de Stephen Greenblat. Me puse también con El pacto de los asesinos, un papelillo de Max Gallo, novelando la vida de esa mujer fascinante que fue Margarete Buber-Neumann.

 Y por último, mediado ya el magnífico libro Incógnito, de David Eagleman. cómo funciona el cerebro y qué cosas sabemos de él. Sencillamente magnífico. 

22.7.14

Todo lo sólido...

Otra vez esa voz profunda del narrador. Otra vez ese tono cadencioso melancólico. Otra vez nuestra conciencia. Empiezo el último ensayo de Antonio Muñoz Molina, hablando de Todo lo que era sólido. Y ya le dejo una reflexión.

Hablando de aquellos años bobos, señala el narrador que "Una sensibilidad posmoderna educada en la negligencia hacia los matices entre lo real y lo inventado favorecía la confusión entre memoria histórica y novela histórica. La idealización de la II República y sobre todo del bando republicano en la guerra se correspondía con una amplia ignorancia sobre los hechos comprobados".

No diré más

11.9.13

Párrafo sobre el desarraigo

Llegué a Antonio Muñoz Molina a través de sus artículos. Luego vino La noche de los tiempos, con esa voz grave de un narrador que nos acompaña las noches de invierno. Le tengo mucho respeto intelectual. Mucho. Así que me regalé la semana pasada Sefarad. Un párrafo, que leo mientras el tren se aleja de la Sanabria y me deja de nuevo en mi mundo urbano, madrileño. Un párrafo que es una reflexión. Y toda una declaración:

"Sólo quienes nos hemos ido sabemos cómo era nuestra ciudad y advertimos hasta qué punto ha cambiado: son los que se quedaron los que no la recuerdan, los que al verla día a día la han ido perdiendo y dejando que se desfigure, aunque piensen que son ellos los que se mantuvieron fieles y nosotros, en cierta medida, los desertores"

Esa saudade que da saber que tu patria no es más que un pueblo, pequeño, despoblado, y algunos amigos... Esa saudade, ¿verdad Chisun, Hornuez o Luaurico?

3.6.13

Cambiar la ley de partidos

Cuando aparece un manifiesto, antes de leerlo miro quienes son los promotores, o los abajofirmantes. Me ahorra trabajo. Si son gente a la que respeto, ya hago el esfuerzo de leerlo. Le cuento esto, lector, porque salió uno el otro día, reivindicando un cambio en la vigente Ley de Partidos.

Sólo hay que ver la gente que lo promueve,  para darse cuenta de que merece la pena leerlo. Luego uno estará de acuerdo o no, pero hay que valorarlo, y más vistos los primeros firmantes: Pepe Álvarez Junco, Álvaro Delgado Gal, Aurelio Arteta, Félix de Azúa, Fernando Savater, Félix Ovejero, Antonio Muñoz Molina, Daniel Innerarity...

A mí la música me suena bien, desde luego. Los partidos, sus maquinarias, sus mezquindades, son un problema para la democracia española. Que nos lo digan a los senabreses, con todos los cargos públicos del pepé mirando para otro lado en público ante el cierre del tren que nos unía con Valladolid. Saben que les sale gratis, porque le deben el puesto al apartado, no al elector. Y así nos va...


Lea el Manifiesto y juzgue usted mismo...

20.6.12

Almuerzo gafapastosos o el ocaso de occidente


Madrid, capital del debate. En mi mundo, digo. Almuerzos estas últimas semanas. Con Arthur; cuando estamos los dos solos, nos sale la vena gafapasta. El mundo como representación. ¿Existe un derecho natural?, ¿tiene la historia un sentido que debamos entender? ¿Es el progreso sólo una ilusión? Entre medias varios pacharanes, ninguna conclusión. El placer de debatir, de ejercitar la mente. No conversamos para convencer, lo hacemos para no enloquecer.

El otro día con John the Minor. Un artículo que  nunca terminamos de elaborar. La crisis europea es la manifestación más clara de la ausencia de un demos europeo: sin él, no hay solidaridad. El proyecto europeo, creado para que Alemania dejara de humillar a Francia cada treinta años, es un proyecto de élites. Siempre lo fue. Y mi conclusión es aún más dura: esta crisis es en lo económico lo que la crisis de Suez fue en el cincuenta y seis: la constatación del declive europeo. Aquella fue una constatación política y esta lo es económica; pero las dos están relacionadas, al final, con el ocaso de un mundo y de un poder. No deja de ser poético que ese relato, que es el nuestro, termine donde empezó: en el Hélade. Al final Toynbee tendrá razón, y la historia sólo será círcular…



PS: hablando del Hélade, hermosas las Historias menores, que contaba el otro día Antonio Muñoz Molina. No dejen de echarle un vistazo

23.12.10

La noche de los tiempos, o un libro para cada estado de ánimo (y II)

La noche de los tiempos, de Muñoz Molina. Ese narrador. Esa voz. Esa forma de mirar. Y de ver. Esa forma de contarnos lo que pasa, como una voz que llega del pasado para pedirnos que no cometamos los mismos errores. Llega el año maldito de 1936. La historia entre esos dos amantes furtivos se va consolidando, hasta que llega el momento de tomar una decisión. No tomarla también es tomarla, aunque uno tarde varios años en darse cuenta. Y ahí todo se mezcla, desocupado lector. Llega la sofocante segunda semana de julio de 1936 en Madrid. Se acerca el fin de semana. La radio habla de unos militares que se han sublevado en Marruecos. Él está en la sierra, con su mujer y los niños. Ella está en Madrid. Han quedado para verse el lunes. ¿Tomar ese tren?, ¿no tomarlo?. En Madrid se ha desatado la locura. La irracionalidad de una guerra. La muerte por doquier. Las relaciones familiares que se entrecruzan en estos momentos. Vivir en una ciudad asediada. Los delatores. Los delatados. Gente que muere y gente que mata. La desaparición del Estado. Cuando la diferencia entre la vida y la muerte no es más que el azar. Lo que debió ser el Beirut de mediados de los ochenta. Lo que ahora será una parte de la frontera entre Méjico y Guatemala. Cómo nuestra vida puede verse envuelta en un torbellino que uno no eligió ni para sí mismo ni para los suyos. Pero ya no le cuento mucho más, desocupada lectora. Los libros hay que leerlos, igual que el buen vino hay que beberlo.

El libro es bueno, aunque no supera el mejor que se ha escrito, en esta clave, sobre la maldita guerra de España: Las máscaras del héroe, el libro que ya no superará nunca Juanmanuel de Prada. Hay algo fascinante en la bohemia de la vida madrileña de la Restauración, que uno imagina paseando con Oscarnelo de la mano y devorando absenta en cualquier tugurio cercano al Puente Segovia mientras esperamos ansiosos los nuevos sonetos de Pedro Luis de Gálvez.

Aún así me sobran algunas cosas del libro, será que cada vez soy más maniático: supongo que el autor tiene un pasado progre que se marca en la piel indeleble, como los sacramentos. El protagonista es el ejemplar y esforzado hijo de un obrero. Su cuñado un vividor que se mete a falangista; el tío de su mujer, un cura gordo e idiota. Este ética de buenos frente a malos que late de fondo en el libro pese a que, ya digo, el autor acabe asumiendo, como algunos hicimos hace años, que en una guerra civil la bondad y la maldad se entremezcla con la lógica de un fractal entre ambos bandos. Porque en las guerras civiles los hijosdeputa están repartidos muy repartidos y las buenas personas suelen escasear por igual.
Un buen libro, para leer con la chimenea encendida.

PS: "Su punto de vista sobre la República […] será propio de un cambonista. Esta visión, exactamente: “La República fue una locura personalizada y frenética. Llegó un momento en que la densidad del odio fue tan grande que la única salida que podía tener era la de la guerra civil”.
Espada, Arcadi: Josep Pla. Ediciones Omega, Barcelona, 2004. Página 130.

25.4.06

Escepticismo

Reproduzco aquí un párrafo de alguien poco sospechoso de revisionista contumaz, al hilo de la Segunda República:

"Y hace falta mucho cinismo intelectual, mucha malevolencia, para empujar al campo de los añorantes del franquismo a quienes no se dejan llevar por esta oleada entre dulzona e interesada de memoria nostálgica y prefieren no olvidar lo que han aprendido en los libros de Historia y en los testimonios de quienes vivieron de cerca aquel tiempo"

Antonio Muñoz Molina, en el País de ayer.