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30.7.22

Los liberales, de vuelta

El manifiesto que sacaban los chicos de lo que queda de Ciudadanos, hablando de los principios de la España libera. Buenos firmantes y buena letra: es difícil no suscribirlo de principio a fin. Feliz lectura para el sábado

11.5.14

Uno de los grandes

Murió Gary Becker. Uno de los grandes. Un magnífico economista, con aciertos y errores, claro, como tantos otros. Uno de los hombres de Chicago que era visto, en mis años de Facultad, con desdén por profesores que no sabían nada de economía. Liberalizar el mercado de trabajo para que sea tan fácil entrar como salir de él. Bajar impuestos para reactivar la economía y evitar el fraude. Cosas que, tengo la sensación, son elementales. Recuerdo una de sus conferencias, hace años en un acto organizado por FAES, en las que desgranaba cuáles eran los principales problemas de los mercados de trabajo europeos. Economía sin determinismos, sin fórmulas mágicas para explicar situaciones complejas. Sin intentar forzar el fuste torcido del ser humano para entenderlo o hacerlo mejor..
Murió un grande.

Sit tibi terra levis.

16.5.12

La libertad como destino


El libro de Zakaria sobre el futuro de la libertad. Una fuente de reflexiones. También sobre el capitalismo. Puede haber capitalismo sin libertades, pero desde hace décadas sabemos que no hay libertades sin capitalismo. En la facultad, el libro camino de servidumbre de Hayek fue una fuente de agua fresca.  
También una reflexión vinculada con la cultura. Es una parte, pero no es el todo. Las identidades colectivas suelen esconder mentiras. Muchas. Nadie hubiera pensado en 1945 que Alemania sería lo que es hoy. Nadie hubiera imaginado el hundimiento de la Argentina. Nadie hubiera imaginado el crecimiento de Corea del Sur. Más hipótesis fascinantes; la necesidad de que haya un cierto despegue económico antes de disfrutar de derechos democráticos. Sin ellos, la libertad fracasa. No se trata de hacer un planteamiento determinista, pero las elecciones sin un demos formado o sin un demos que tenga para comer suelen dar alas a los extremistas, que lo que hacen es acabar con la libertad en cuanto pueden. Ahí está la diferencia entre esa España republicana y la España de la transición. La renta per capita y la llegada a la ciudad de miles de emigrantes. El siglo XX, en suma. Cuando me tocó hablar del próximo oriente hace unos meses me dejó fascinado ver cómo gran parte de los indicadores sociales del Líbano son parecidos a los de la España de los años cincuenta. Quizá la modernidad era esto.
Sigo con el libro.


PS: "No soy un partisano, siempre soy un disidente. Sólo puedo confiar en el individuo, pero mi confianza en él es total” (Mihail Sebastian). Citado por Norman Manea y los exilios, en el fancine de prisa del otro día.

15.5.12

Entre la libertad y la democracia


Me puse, ya en serio, con el futuro de la libertad, de Zakaria. Un ensayo para dedicarle un rato, cortesía de Oscarnello Matzerath. Dialogar con el lector y hacerle preguntas; en eso consiste todo. En el libro, la diferencia entre la libertad y la democracia. Esa sensación de que algunos, que nacemos pelirrojos y manirrotos, somos mucho antes liberales que demócratas. La posibilidad de que existan Estados democráticos sin libertad, como la Rusia de Putin o la Venezuela Chavista. También hubo, es cierto, Estados liberales sin democracia, pero era un camino sin retorno: de la libertad se camina hacia la democracia, pero desde la democracia se puede caminar hacia el abismo cuando uno se abandona a la tiranía de la mayoría. Pero el libro tiene más fondo. Esa tesis que ya me contó John the Minor. La libertad nació de la separación entre el Papado y el Imperio. Por eso nació aquí, en Occidente. Constantino se fue de Roma y dejó a su obispo allí. De ahí venimos y sin eso no podemos entender la Humillación de Canosa. Porque la ausencia de un único poder regio facilitó que la iglesia católica fuera un poder diferente al civil. No como pasó en las confesiones ortodoxas, donde la fusión entre la Iglesia y el Estado acabó siendo total. Quizá por eso la Iglesia es lo que nos queda de la vieja Roma: las mismas lógicas universales; la misma desconfianza ante la centralización excesiva. Aquel mundo empezó a disolverse con el Estado ilustrado. Secularizar a Dios para poner en su lugar a la Nación. Cuando gana la centralización, suele perder la libertad, pero entonces no nos dábamos cuenta. Yo aún vivía en la Sanabria y me pasé el siglo XVIII ayudando a Cantón a levantar la capilla de su pueblo, que ya era el mío. Y llegó la Francia de 1789: un ejemplo de como la democracia puede cargarse la libertad, o los problemas de cambiar el despotismo del rey por el despotismo de la Asamblea. Ya lo escribió Umbral: el pueblo no es más que ese golfo que lleva dos siglos subido a una farola viendo pasar la historia…

Sólo la libertad garantiza los derechos de los individuos. Muy por encima de lo que lo puede garantizar un sistema democrático.

Ese carácter francotirador de los dos o tres liberales que vivimos en España. Esa banda sonora, en forma de una canción del Loco: “Sin líder a quien adorar, / ni izquierda ni derecha que me obligue a avanzar. / Desconfiado como un animal / que defiende su espacio vital…”

2.6.11

El cisne y Sir Karl

El libro de Taleb. Una forma de volver a Sir Karl. Volver a Popper siempre es un placer. A la falsación. Que yo leyera a Popper en una Facultad de estética y orientación marxista es en sí mismo un auténtico cisne negro. Pero cayó en mis manos. No sé si fue por Dalmacio, que lo rescató cuando estaba en la Vª Bandera de Navarra o por Luis Arranz. Buenos profesores, náufragos en aquel islote. El concepto de falsación. De poder falsar las cosas. De no quedarse con nada, ni con nadie. Pienso esto, y si usted me demuestra otra cosa, pensaré otra cosa. No estar atado a priori con ninguna respuesta, con ninguna certeza. Saber que uno puede haberse equivocado y reconocerlo. Asumir que uno puede que no avance porque no esté remando en la dirección correcta. Saber que la ciencia, como la vida, avanza sobre la base de la ingenuidad, no de las certezas. Ser humilde ante lo que nos pasa. Es buena forma de enfrentarse al destino. Por eso siempre he pensado que el liberalismo es más un carácter que una ideología. Es una forma de entender la vida. Una forma basada en la ingenuidad, en la alegría de conocer, en el placer de descubrir. En desterrar los dogmas. En desconfiar del poder. Y de sus ideólogos. De creer en las personas y no en las etiquetas.
Y sin embargo, sostiene Taleb, los humanos somos proclives al dogma: necesitamos certezas para interpretar el mundo y a veces, ingenuos de nosotros, pensamos que esas certezas son reales.

PS: Popper escribió una vez: “La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de negarse a adquirirlo.”