Esto de John Arquilla hace unos días en El Mundo. Las tres nuevas reglas de la guerra y que me recuerdan de manera vaga a lo antifrágil de Taleb. La importancia, también, de formar a los suboficiales en la flexibilidad y la improvisación, para que no tengan que hacer los generales de sargentos. Todo muy interesante, no se lo pierda, lector.
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23.5.22
30.4.18
Reflexiones exhuberantes
Algunas lecciones de hace unos meses.
- Tal y como cuenta Shiller, en Exhuberancia irracional, hasta ahora, la deuda irracional se ha resuelto con guerras.
- Vivimos bajo el síndrome de Gauss, pero gracias a Taleb sabemos que no es real. O la diferencia de vivir en Mediocristán frente a a hacerlo en Extremistán.
- La cultura dominante puede desaparecer en un territorio en unos ochenta años con una tasa de reemplazo inferior a 1,6.
- Vivimos en un entorno Entorno VICA, o Vuca, como dicen los ingleses: tiempos volátiles, inciertos, complejos y ambiguos.
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27.2.16
No son gurús porque los gurús no existen
Timothy Garton Ash el otro día en El País. A vueltas con los economistas. Una reflexión similar a la que realiza Muñoz Molina en Todo lo que era sólido.
Nos creemos a los economistas porque no entendemos lo que nos dicen
PS: iniciada ya la última temporada de Los Soprano.
Nos creemos a los economistas porque no entendemos lo que nos dicen
PS: iniciada ya la última temporada de Los Soprano.
7.1.16
Predicciones melancólicas
La melancólica tarea de hacer predicciones en un mundo poblado por cisnes negros, tal y como nos enseñó Taleb hace algunos años. El otro día Felipe Sahagún en El Mundo: las predicciones no se cumplen jamás. Y cuando lo hacen, es por el mismo motivo por el que un reloj parado acierta las horas dos veces al día.
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22.8.15
Falacias
Brillante de nuevo Manuel Conthe, el otro día en Expansión a cuenta de Diágoras y los ensayos clínicos. Una lectura muy interesante que nos recuerda conceptos como el del sesgo de los supervivientes. Volvemos a Taleb y a sus cisnes negros. Al final, siempre volvemos a Taleb. Y a los clásicos.
Todo es un relato, porque nosotros no somos más que bípedo implumes que fabulan.
Y los relatos, a veces, encierran más de lo que esconden...
Todo es un relato, porque nosotros no somos más que bípedo implumes que fabulan.
Y los relatos, a veces, encierran más de lo que esconden...
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3.2.15
Cine en VOS
Estuvimos viendo Birdman. Una hermosa fábula sobre el teatro, sobre los actores y sobre el peso de la fama. Está magnífico Michael Keaton y es menos rara de lo que los críticos pretenden. Engaña, eso sí, el trailer, no vayan buscando una de super-héroes porque no tienen nada que ver. Para verla claramente en VOS.
También nos acercamos a ver Descifrando Enigma, sobre la vida de Alan Touring. Una buena película sobre la vida de un genio marginado en su época por su orientación sexual. Aunque creo que da por ciertos algunos detalles que aún no están claros, como el supuesto suicidio del protagonista. La necesidad del relato, que diría nuestro gran Taleb...
16.1.14
(El fraude de) los expertos
Quizá no debería leer tanto. A veces pienso que acabaré convertido en un cínico. Me paso con el tema de los expertos. Mi vida no volvió a ser la misma después de leer a Nassim Taleb. La falacia de la narrativa. La necesidad de escuchar un discurso articulado. Pensar que las cosas tienen una causa. El miedo a la ausencia de sentido. El miedo a enfrentarnos al caos. En miedo, en suma, a hacernos mayores.
Yo no creo en general en los expertos. Y menos en el ámbito económico. Siempre que pienso en ellos, imagino a un augur abriendo el vientre de un ave. Supongo que por eso nunca haré carrera en la televisión: yo no tengo certezas que ofrecer.
El otro día me habló mi amigo Toño de un magnífico documental emitido en La 2, en el programa Documentos TV. Me puse con él. Y me pareció muy interesante. No se lo pierda: se titula La industria de los expertos. Dura poco más de cuarenta y cinco minutos.
De nada.
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11.7.13
Taleb en Madrid
Madrid
es la ciudad en la que siempre hay cosas por hacer. La semana pasada, en la Rafael del Pino, la presentación de Antifrágil, la última
obra del deslumbrante Nassim Taleb. Un mensaje que les ahorrará mucho dinero: el big data es
mentira. La presentación puede verse en la
web de la Fundación.
Y
buenas noticias, en estos días tanto bobos. Auditorio completo. Pocos pinganillos entre el público. Todas las
preguntas al ponente, en inglés.
Madrid
es la ciudad.
El resto es todo provincia...
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12.6.11
El cisne y la narración
El libro de Taleb. Leemos la prensa. Vemos la televisión. Nos cuentan cosas de manera ordenada. Pero el orden no existe. Es una construcción. Taleb reflexiona en su libro sobre lo que llama la falacia narrativa. La narración pone orden en el caos, pero es también ficción. Cuesta mucho esfuerzo obtener información. Mucho. Como cuesta almacenarla y como cuesta recuperarla cuando la queremos usar. No sólo en la vida profesional, también en la personal. Piense, desocupado lector, en cuántas veces tomamos decisiones sin tener apenas información. Sin saber todo lo que deberíamos saber. Sin tener en cuenta todas las variables.
Pero insistimos en narrarlo todo. Como si las cosas tuvieran causa, inicio y fin. Es el problema de narrar; hace que los sucesos parezcan menos aleatorios de lo que en realidad fueron. Y por eso, llegamos a pensar, ilusos, que podemos incluso predecir el futuro. No. El futuro no está escrito en ningún lado. Lo escribimos nosotros, a diario. Con lo que hacemos. Con las decisiones que tomamos. Y también, claro, con las que no tomamos.
Algunas cosas secundarias, pero también atractivas de Taleb: hay cosas que no conocemos y por ello deberíamos ser menos arrogantes cuando las juzgamos. Por ejemplo la acupuntura. O la homeopatía. No sabemos porque no conocemos. Quizá algún día sean ciencia. Pasaba con lavarse las manos. Nadie sabía porqué, pero era bueno para la higiene. Hasta que se descubrió.
No ser arrogantes.
Ni en lo profesional ni, desde luego, en lo personal
PS: "Me parece escandaloso que, pese a los antecedentes empíricos, sigamos proyectando en el futuro como si supiéramos hacerlo a la perfección, empleando herramientas y métodos que excluyen los sucesos raros". Taleb, Nassim: El cisne negro. El impacto de lo altamente improbable. Piadós, Barcelona, 2008. Página 205
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2.6.11
El cisne y Sir Karl
El libro de Taleb. Una forma de volver a Sir Karl. Volver a Popper siempre es un placer. A la falsación. Que yo leyera a Popper en una Facultad de estética y orientación marxista es en sí mismo un auténtico cisne negro. Pero cayó en mis manos. No sé si fue por Dalmacio, que lo rescató cuando estaba en la Vª Bandera de Navarra o por Luis Arranz. Buenos profesores, náufragos en aquel islote. El concepto de falsación. De poder falsar las cosas. De no quedarse con nada, ni con nadie. Pienso esto, y si usted me demuestra otra cosa, pensaré otra cosa. No estar atado a priori con ninguna respuesta, con ninguna certeza. Saber que uno puede haberse equivocado y reconocerlo. Asumir que uno puede que no avance porque no esté remando en la dirección correcta. Saber que la ciencia, como la vida, avanza sobre la base de la ingenuidad, no de las certezas. Ser humilde ante lo que nos pasa. Es buena forma de enfrentarse al destino. Por eso siempre he pensado que el liberalismo es más un carácter que una ideología. Es una forma de entender la vida. Una forma basada en la ingenuidad, en la alegría de conocer, en el placer de descubrir. En desterrar los dogmas. En desconfiar del poder. Y de sus ideólogos. De creer en las personas y no en las etiquetas.
Y sin embargo, sostiene Taleb, los humanos somos proclives al dogma: necesitamos certezas para interpretar el mundo y a veces, ingenuos de nosotros, pensamos que esas certezas son reales.
PS: Popper escribió una vez: “La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de negarse a adquirirlo.”
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1.6.11
El cisne y la cultura (de camino a Pucela)
Sigo con Taleb. Cosas que había pensado durante tiempo, le contaba, desocupado lector. La importancia de la erudición. De ser personas en el sentido humanista del término. Sólo desde el conocimiento se pueden entender, apreciar o rechazar las opiniones de los demás. También en esto, el liberalismo. Sólo el erudito sabe que no sabe. Sabe que aún le queda mucho por conocer. Y que las respuestas no están ni en un solo libro ni en un solo lugar. Sólo el sabio, sólo la persona leída, puede combatir al tertuliano, experto en todo en cinco minutos, ese perfil tan socialdemócrata, igual que al ingeniero, profundo conocedor de un ámbito e ignorante de casi todo lo que le rodea.
Esa visión de la vida como una carrera por ser mejores cada día. Por conocer y por comprender. Por no juzgar. Por asumir que aunque el mundo sea finito, hay que apurarlo e intentar comprenderlo. Por saber que en el taxi en el que montas, o en la reunión que empiezas, puede haber gente con ideas interesantes. Con conocimientos superiores a ti, con cosas que contar.
No se trata de estudiar, ni de ser desde luego, como soy yo, un lecturitas. Se trata de entender que sin conocimiento no somos nada. Pero nada de nada. De respetar la cultura. De dudar de lo que uno sabe. De apreciar los libros. De saber quiénes han de ser las personas que te hagan crecer. Y quienes deben ser las personas a las que uno debe admirar. No al futbolista, sino al sabio.
Esa mirada ingenua que a uno lo desarma cuando ve la cara de quien está escuchando con interés y aprendiendo lo que no sabía. Cuando se está sintiendo entrar en un mundo nuevo.
Qué diferencia de cara, de actitud, y de vida, con quien confunde a Roxana con una canción..
PS: Montanelli escribió y Arcadi nos lo recordó: «De vez en cuando me asaltan ataques de humildad. Me digo a mí mismo que sólo soy un hábil taraceador de frases y que, más que a convencer al lector, aspiro a conmoverlo con medios poco lícitos en ocasiones; que soy más arrogante que valeroso. Etcétera. Pero después, al final, invariablemente, concluyo que sólo quienes lo poseen en abundancia dudan de su propio talento".
PD: En Pucela. Es importante, vamos a ver...
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Nassim Taleb
31.5.11
El cisne y la fortuna
El libro de Taleb. Cuántas pistas. Cuántas reflexiones para una tarde como esta de lluvia en la Sanabria. Una diferenciación, entre lo que el autor llama “trabajos escalables” y los “trabajos sometidos a la ley de la gravedad”. El objetivo es conseguir uno de los primeros. Y en eso estoy, aunque los que me conocen no me crean. Un trabajo escalable es el de un autor. Un cantante. Un escritor. El mismo trabajo, por ejemplo un libro, un artículo, evoluciona y da frutos más allá de su autor. Hay que escribirlo una vez pero puede estar dando dinero durante años. No hay que volver a escribirlo cada vez que un lector quiera leerlo. En los trabajos sometidos a la ley de la gravedad, el esfuerzo tiene un recompensa tasada: ser peluquero. Uno puede cortar el pelo en sesiones de una hora. No hay más. Si el día laboral tiene ocho horas, son ocho pelos los que puedes cortar. La diferencia, en fin, entre un cantante del XIX (puedes dar estos conciertos y se acabó) y un cantante cuando se descubre el fonógrafo y tu voz puede sonar en miles de sitios diferentes. O la diferencia, en fin, entre ser un especulador profesional y ser una prostituta.
Pero hay un riesgo. Como siempre en la vida, las cosas buenas vienen acompañadas por la incertidumbre. Alguna vez hay que saltar sin red. Los trabajos sometidos a la ley de la gravedad son más numerosos. Mucho más. Y más estables. Y más seguros. Hay pocos trabajos escalables y no es fácil llegar a consolidarse en alguno de ellos. Sólo son buenas cuando uno tiene éxito. Y el éxito, como tantas otras cosas, no sólo hay que trabajarlo. También hay que merecerlo.
La fortuna, ya saben, sólo suele sonreír a los audaces. Y audaz es, también, quien saber reconocer sus errores y mirarlos de frente…
PS: el placer de una conversación entre eruditos. En el abecé del otro día. No se la pierdan.
PD: Lúcido Rogelio, como siempre.
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Nassim Taleb
30.5.11
El cisne y lo aleatorio...
Ese libro luminoso de Taleb. Esa forma de aprender a enfrentarnos a la vida. A la vida moderna, al menos. Asumir algunas cosas. La primera de ellas, qué importante, que la vida es rara. Y que es inusual. Las cosas no siguen un orden lógico, aunque nuestro cerebro intente buscárselo. Lo aleatorio preside nuestras vidas, hasta un extremo que no somos capaces siquiera de concebir. Y eso no es bueno ni malo en sí mismo. Es lo que hay.
Es libro luminoso, para leer cuando cae la tarde, subrayando página a página. Un libro para compartir, a la sombra del relente sanabrés. Asumir que hay una cosa que se llama, en términos de Eco, la antibilioteca. La que conforman todos los libros no leídos. Ese espacio que nunca tenemos en cuenta. Esa biblioteca de Babel que es el universo, está llena de conocimientos que nunca tendremos. Que nunca poseeremos. Pero nunca nos damos cuenta de ello. Hay miles de páginas sensatas, coherentes, que nunca alcanzaremos a abrir y cuyas reflexiones nunca llegaremos a rebatir.
Más reflexiones. Asumir la historia como algo opaco. Siempre he pensado que es la ciencia más compleja. Quizá la más ilusa. Quizá la historia será sólo un relato de Borges. Un cuento lleno de ruido y furia narrado por un idiota. Y sin embargo, nos enfrentamos a ella con la ilusión, nos recuerda Taleb, de creer comprender: de pensar que las cosas han ocurrido por algo, de que hay menos aleatoriedad de la que hay en realidad. Nos enfrentamos a la historia con lo que el autor denomina, de manera brillante, la distorsión retrospectiva: las cosas aparecen muy ordenadas en los libros de historia, y aparecen estructuradas, con causas y respuestas. Es mentira. Y mucha ciencia social, sobre todo la morralla marxista de la segunda mitad del XX, se nutre de esa ilusión. No hay causas. No hay motores. No hay nada. No hay nada que sea “clase obrera”, como no hay “españoles” ni la “revolución burguesa”.
Pero estamos hechos para categorizar. De hecho, no podemos vivir sin hacer categorías. Es tanta la información que nos rodea que nos volveríamos locos sin ellas. Necesitamos categorizar, está claro. El problema es que pensamos que las categorías acaban teniendo vida propia. No es fácil, en fin, enfrentarse a los hechos de manera honrada. Hay que ser muy liberal, en el mejor sentido de la palabra, para asumir esta dura realidad.
La vida, en fin, como un relato de Borges. Hay que volver a él. Siempre. Aunque lo lea zapatero. Uno de los grandes privilegios de tener el castellano como lengua materna: poder leer a Borges sin traducciones.
PS: Borges nos describió Tlön y nos dijo: "Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente. Otra escuela declara que ha transcurrido ya todo el tiempo y que nuestra vida es apenas el recuerdo o reflejo crepuscular, y sin duda falseado y mutilado, de un proceso irrecuperable […] "
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Nassim Taleb
26.5.11
Los cisnes desde el AVE
Vuelvo del sur. El tren atraviesa a estas horas la llanura manchega y el pincho tresgé me permite conectarme. Acabo de terminar un libro magnífico. De los que lee uno cada año o cada dos años. Una reflexión sobre cosas que había intuido de manera oscura y que por primera vez he leído negro sobre blanco. Un libro que me ha traído de vuelta a Popper, a Hayek y a tantos otros que me hicieron, en parte, como soy. Un libro, por cierto, regalo de Oscarnello eta Sara, porque los amigos son también aquellos que nos hacen crecer con sus recomendaciones, por si el desocupado lector no ha caído aún en la cuenta a estas alturas.
Los cisnes negros. Verán, en Europa, todo el mundo pensaba que todos los cisnes eran blancos, hasta que en Australia se descubrió que había cisnes negros. El autor usa el concepto para describir una serie de acontecimientos que categoriza como tal y que reúnen tres condiciones: ser absolutamente inesperados, tener un impacto tremendo y ser cosas a las que, a posteriori, se les intenta buscar una explicación. Los cisnes negros. El once ese. Google. Internet. La propia existencia del ser humano. Nuestra vida, dice el autor, está llena de cisnes negros, y sin embargo nos agarramos a herramientas de conocimiento que no sirven ni para preverlos ni para gestionarlos.
Es una reflexión irónica, desenfadada y mordaz. Y sólo podría estar escrita por alguien que viva en los Estados Unidos. Nuestra mentalidad no está preparada para los cisnes negros: vivimos a gusto con lo predecible, pero ese no es el escenario del mundo moderno. Nos empeñamos en prever la evolución del paro a los próximos quince años y no sabemos ni cuántos parados habrá en seis meses.
También nos empeñamos en pensar que en nuestra vida personal las cosas están controladas y, sin embargo, los cisnes negros nos asaltan por doquier. ¿Quién no ha vivido alguna situación no prevista, de impacto demoledor y a la que ha intentado encontrar explicación a posteriori? Es nuestra vida. Esa vida en la que todo lo sólido se desvanece en el aire y en ocasiones intentamos encontrarle explicación a lo que, simplemente, no lo tiene. Asumir la incertidumbre como parte de nuestra vida. Asumir que las narrativas clásicas (nacer, ir la uni, casarse, tener hijos, envejecer…) son, en gran parte, producto de la imaginación y de la ficción.
Y nuestra vida, empero, tiene muy poco que ver con la ficción
Hacerse mayor es, también, darse cuenta de eso.
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