31.3.17
Estadísticas
31.8.15
Para el solaz veraniego (V)
18.3.13
Comunicación y política (IX)
14.3.13
Comunicación y política (VIII)
14.1.13
Paseando por TED
14.4.12
Las cosas de la universidad
Hablando de las universidades. A veces discuto con algunos amigos ingenieros, que también los tengo. A su profesión le tengo respeto. Y mucho. Sin ellos, no habría carreteras, ni puentes, ni ferrocarriles. No teléfono. Ni siqueira esta bitácora. Pero siempre he tenido claro que lo suyo no es una carrera universitaria, al menos tal y como yo la entiendo. Taleb, no me he olvidado de él, reflexiona sobre esto. Y habla de la diferencia entre la téchne, es decir, el oficio, es decir, lo que aprende alguien en efepé o en una ingeniería, y el episteme, el decir, el conocimiento, es decir, lo que aprende uno en la universidad. No sé cómo no se ve clara esta diferencia como yo la veo. Los estudios estructuran matices. Yo mismo, que hice Políticas. La universidad te forma la cabeza, te enseña a asumir los grises, incluso una tan sectaria como la mía. A conocer que las cosas son complejas. A entender que no hay respuestas definitivas para casi nada. Que la vida es mucho más que una excel. Que somos personas y que vivimos sometidos a presiones múltiples y contradictorias.
Y, qué quieren que les diga, quince años rodeado de ingenieros no han hecho más que confirmar mi opinión. Creo que no hay nada más alejado de la universidad que una escuela de ingeniería...
26.5.11
Los cisnes desde el AVE
15.1.11
Diez años ya...
La wikipedia, diez años ya.
Un saber no experto construido por todos. No por igual, claro. Casi los mismos artículos en holandés qué en castellano. Y más en polaco que en español. La uso mucho, como ya sabe el desocupado lector que frecuente estas páginas. Una mina para los curiosos. También hay que colaborar. El Perdíu ha colaborado, de manera modesta, con varios artículos, y sigue haciéndolo de manera regular. Además, de vez en cuando se rasca el bolsillo y colabora con la Fundación que está detrás, para que la enciclopedia pueda seguir creciendo. Así que, desocupado lector, anímese. Veinte euros, o diez, no son nada, y las pequeñas donanciones de muchos pueden hacer que siga creciendo la estructura de la página. Así que menos reírse de ella, o de sus fallos (que los tiene, claro), y más colaborar… que el conocimiento no es gratis.
Es muy fácil, pinchando aquí, y se puede pagar con Paypal…
Y feliz cumpleaños
10.9.10
Elogio del libro, a estas alturas
No sé si leer nos hace más libres, o nos hace más hombres. Ni siquiera tengo claro que nos haga mejores personas. Pero qué importante es leer. Tengo conmigo a un joven Padawan. Brillante. Inteligente. Pero no lee. Y eso me desespera. Los libros me hicieron como soy y me han permitido poder mirar de frente a casi todo el mundo con el que me cruzo. A mí, que soy nieto de la tía Serafina, que murió analfabeta; a mí, que nací en la periferia de la periferia; a mí, un tímido impenitente.
Los libros. La única herramienta para conversar con personas lejanas ya en el tiempo o en el espacio. Los libros; efímeras espadas para abrirse uno paso en la jungla de la vida. Los libros, en fin, lugares donde calmar el dolor.
Placeres: el placer de descubrir un libro a la persona amada; el placer de recibir a un autor como quien invita a un amigo a una fiesta; El placer de entrar en un libro y escuchar del autor la sentencia que cantaba igualmente Barricada: “acércate hasta la puerta / pasa sin pestañear, te esperamos / hace tiempo, ¡pasa ya!”
El respeto a los libros. Una herencia de esta dura tierra castellana, en la que todos sabían que la letra impresa tuvo siempre algo de mágico. Un respeto que trasmito: este verano, en mi convivencia con Elicia, tres años ya, no me cansaba de decirle: Los libros son nuestros amigos y tienes que cuidarlos. Al tío le han permitido ganarse la vida y a ti te lo permitirán también. Y cuando seas mayor, ¿Quién te dará libros y te enseñará a leerlos? El tío, repetía. Y yo sonreía como un niño.
La dejó escrito Joan Margarit y no necesita traducción: “La llibertat és una llibreria”. Porque leemos, eso sí lo tengo claro, para ser más libres.
Pues eso.
PS: "Temo que vamos lenta e incruentamente hacia un mundo sin libros. Internet es una inmejorable disculpa para tanto iletrado resentido. Todo el saber universal está metido en la red, pero cada vez hay menos personas cultas. Y la cultura es la que trae la libertad individual".
Molina, Cesar Antonio: Lugares donde se calma el dolor. Barcelona, Destino, 2009. Página 228
PD: (Re)descubriendo a Aleixandre.
26.5.10
Filosofía de vida
T.H. White, un escritor británico del pasado siglo XX, escribió en The once and future King, una novela artúrica, un párrafo memorable, que me aplico por todo el cuerpo como si fuera agua de colonia los días de tristeza primaveral,.
Aquí le dejo el párrafo, sin más comentarios.
Enjoy it!
"Lo mejor para la tristeza, contestó Merlín resoplando, es aprender algo. Es lo único que no falla nunca. ("The best thing for being sad," replied Merlin, beginning to puff and blow, "is to learn something. That's the only thing that never fails)
Puedes envejecer y sentir toda tu anatomía temblorosa; puedes permanecer durante horas por la noche escuchando el desorden de tus venas; puedes echar de menos a tu único amor; puedes ver el mundo a tu alrededor devastado por locos perversos; o saber que tu honor es pisoteado por las cloacas de inteligencias inferiores. Entonces solo hay una cosa posible: aprender.
Aprender porqué se mueve el mundo y lo que lo hace moverse. Es lo único que la inteligencia no puede agotar, ni alienar; que nunca la torturará, que nunca le inspirará miedo ni desconfianza y que nunca lamentará, de lo que nunca se arrepentirá.
Aprender es lo que te conviene. Mira la cantidad de cosas que puedes aprender: la ciencia pura, la única pureza que existe. Aprender astronomía en el espacio de una vida, historia natural en tres, literatura en seis. Y entonces, después de haber agotado un millón de vidas en biología y medicina y teología y geografía e historia y economía, entonces puedes empezar a hacer una rueda de carreta con la madera apropiada, o pasar cincuenta años aprendiendo a vencer a tu contrincante en esgrima. Y después de eso, puedes volver con las matemáticas hasta que sea tiempo de aprender a arar la tierra".



