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14.3.13

Comunicación y política (VIII)


Hay un apartado del ensayo de Arroyo que entronca de manera lógica con las enseñanzas de Taleb en el Cisne Negro. La dificultad de conocer. Y la angustia que resulta tras comprender que no hay relatos.  ¿Cómo vencer la anomia que sigue a esa conclusión?. Las narrativas generan la ilusión de relatos cerrados, con un principio y con un fin. Nada de eso es real. Esa ilusión confortable de que comprendimos el pasado, entendemos el presente y, por lo tanto, no tenemos nada que temer del futuro. Es duro asumirlo, pero apenas controlamos nada del mundo que nos rodea. Nada de nada. Por eso quizá, como dice el autor, somos indulgentes con nuestros errores y sádicos con los errores ajenos. 

Por eso el drama de las crisis es que quizá nunca entendemos qué las causó. Y oigo a Baudrillard a lo lejos recordándome aquello de moriremos, si es que hemos nacido...


PS: PhilipTetlock, un psicólogo de la Universidad de Pensilvania, estudió con paciencia durante veinticinco años las previsiones de los expertos en asuntos políticos. […] Tras recoger 85.000 predicciones en total, Tetlock demostró que los expertos erraron más que si simplemente hubieran respondido al azar. Si hubiéramos puesto a un simio a pulsar botones con las posibles opciones, los monos habrían acertado más que los expertos que se estudian los asuntos y se ganan la vida con sus análisis.



4.3.13

Comunicación y política (V)


Analiza Luis Arroyo en su libro el papel que juega la liturgia en la actividad pública. La necesidad y la lógica de los ritos. Me detengo en un detalle. Uno (más) en el que no había reparado hasta ahora. La grandeza de la lectura es que nos pone delante puertas a cada minuto. Puertas que luego podemos abrir, o no. Asegura el autor que no es casual  que gran parte de los superhéroes (SuperMan, BatMan, El Capitán América) vengan todos del convulso mundo de la Gran Depresión. De aquellos años de horror que estuvieron a punto de tirar por la borda décadas de crecimiento y civilización. El cerebro a veces funciona con una simplicidad que asusta: a grandes males, grandes remedios. El libro se desliza hacia un territorio más conocido por mí, el de lógica de la incertidumbre. Las crisis acentúan nuestra necesidad de creer que todos los problemas tienen solución y que siempre habrá una lucecita en El Pardo velando por todos nosotros.
Ilusos.

PD: camino de Sevilla

4.1.12

Taleb y las falacias

Hay otros dos aspectos del libro de Taleb que me llamaron la atención. Dos ficciones. La ficción del conocimiento es la primera. Pensar que sabemos porque somos capaces de ponerle nombre a las cosas. Pero eso no es conocer. Eso es nombrar. Es mucho lo que no sabemos. Mucho más que lo que sabemos. Por eso deberíamos ser humildes cuando nos enfrentamos a muchos problemas. Esa biblioteca de lo desconocido siempre será muy superior a los dos o tres libros que forman lo que conocemos.

La otra falacia es la falacia de la narrativa. Construimos relatos porque somos humanos y necesitamos los relatos para explicarnos el mundo desde que algo parecido a nosotros se puso por primera vez en pie en la sabana africana hace miles de años. Pero los relatos pueden acabar confundiéndonos más que aclarándonos: la narrativa de una guerra, de un descubrimiento, de una persona... es sólo eso, un discurso que nos ayuda a encuadrar una realidad, a acercarnos a ella, si lo prefieren, pero no son capaces de explicar el hecho en sí, como tampoco son capaces de explicarlo, más allá de cuatro generalidades.

La vida es más compleja y sus matices, inabarcables. Y cuando antes nos demos cuenta de ello, mejor para todos. También para usted, desocupado lector.

30.12.11

Taleb y la realidad...

Aunque hace tiempo que no lo traigo aquí, no me he olvidado del Cisne, no me he olvidado de Taleb. El otro día me tocó predicar y me volvió a salir el tema de los cisnes negros en mitad de la conferencia. Poco después, dialogando con desocupados lectores de esta bitácora, volví a lo mismo, y me di cuenta que hay cosas que no he tocado aún del libro y sobre las que me apetece reflexionar. Y recordé que me quedaron cosas por comentar, porque otros aspectos de la realidad me han ido comiendo el tiempo. Van a vuelapluma, pero son buenos argumentos para debatir con calma. Me interesó, y mucho, la diferencia entre la techne y la episteme, entre el oficio y el conocimiento; entre la pura técnica y la comprensión de la realidad. Creo que uno de los problemas que arrastramos es que hemos convertido muchas veces en episteme lo que es pura técnica; sólo así se explica que en España las ingenierías sean titulaciones universitarias, cuando son nada más que formaciones profesionales de alto nivel. Dignas, dignísimas, y muy necesarias, pero sólo eso: formación técnica. Y, sinceramente, no creo que la formación técnica (hacer una carretera, investigar la resistencia de materiales...) tenga nada que ver con lo que es la universidad...

Me gustó también la crítica que el autor hace a la economía moderna, a la que ve como una ciencia insular, dominada por las matemáticas y cuyos estudiosos han caído en algo similar a lo que Ortega llamaba la barbarie del especialismo: estudiosos ignorantes, zafios doctos que analizan las cosas sin ninguna erudición y sin curiosidad natural por conocer. Hay un cierto afán prometeico en intentar conocer el desarrollo de la economía a través de las matemáticas, pero es un afán condenado al fracaso: en las sociedades modernas la planificación es imposible, y no me voy a detener mucho en explicar este aserto, porque ya lo hizo Popper hace muchos años. El problema, como señala Taleb, es que hemos acabado pensando que las hojas de cálculo sustituyen a la realidad, y eso no ha sido así. Jamás.

12.6.11

El cisne y la narración

El libro de Taleb. Leemos la prensa. Vemos la televisión. Nos cuentan cosas de manera ordenada. Pero el orden no existe. Es una construcción. Taleb reflexiona en su libro sobre lo que llama la falacia narrativa. La narración pone orden en el caos, pero es también ficción. Cuesta mucho esfuerzo obtener información. Mucho. Como cuesta almacenarla y como cuesta recuperarla cuando la queremos usar. No sólo en la vida profesional, también en la personal. Piense, desocupado lector, en cuántas veces tomamos decisiones sin tener apenas información. Sin saber todo lo que deberíamos saber. Sin tener en cuenta todas las variables.
Pero insistimos en narrarlo todo. Como si las cosas tuvieran causa, inicio y fin. Es el problema de narrar; hace que los sucesos parezcan menos aleatorios de lo que en realidad fueron. Y por eso, llegamos a pensar, ilusos, que podemos incluso predecir el futuro. No. El futuro no está escrito en ningún lado. Lo escribimos nosotros, a diario. Con lo que hacemos. Con las decisiones que tomamos. Y también, claro, con las que no tomamos.
Algunas cosas secundarias, pero también atractivas de Taleb: hay cosas que no conocemos y por ello deberíamos ser menos arrogantes cuando las juzgamos. Por ejemplo la acupuntura. O la homeopatía. No sabemos porque no conocemos. Quizá algún día sean ciencia. Pasaba con lavarse las manos. Nadie sabía porqué, pero era bueno para la higiene. Hasta que se descubrió.
No ser arrogantes.
Ni en lo profesional ni, desde luego, en lo personal


PS: "Me parece escandaloso que, pese a los antecedentes empíricos, sigamos proyectando en el futuro como si supiéramos hacerlo a la perfección, empleando herramientas y métodos que excluyen los sucesos raros". Taleb, Nassim: El cisne negro. El impacto de lo altamente improbable. Piadós, Barcelona, 2008. Página 205

2.6.11

El cisne y Sir Karl

El libro de Taleb. Una forma de volver a Sir Karl. Volver a Popper siempre es un placer. A la falsación. Que yo leyera a Popper en una Facultad de estética y orientación marxista es en sí mismo un auténtico cisne negro. Pero cayó en mis manos. No sé si fue por Dalmacio, que lo rescató cuando estaba en la Vª Bandera de Navarra o por Luis Arranz. Buenos profesores, náufragos en aquel islote. El concepto de falsación. De poder falsar las cosas. De no quedarse con nada, ni con nadie. Pienso esto, y si usted me demuestra otra cosa, pensaré otra cosa. No estar atado a priori con ninguna respuesta, con ninguna certeza. Saber que uno puede haberse equivocado y reconocerlo. Asumir que uno puede que no avance porque no esté remando en la dirección correcta. Saber que la ciencia, como la vida, avanza sobre la base de la ingenuidad, no de las certezas. Ser humilde ante lo que nos pasa. Es buena forma de enfrentarse al destino. Por eso siempre he pensado que el liberalismo es más un carácter que una ideología. Es una forma de entender la vida. Una forma basada en la ingenuidad, en la alegría de conocer, en el placer de descubrir. En desterrar los dogmas. En desconfiar del poder. Y de sus ideólogos. De creer en las personas y no en las etiquetas.
Y sin embargo, sostiene Taleb, los humanos somos proclives al dogma: necesitamos certezas para interpretar el mundo y a veces, ingenuos de nosotros, pensamos que esas certezas son reales.

PS: Popper escribió una vez: “La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de negarse a adquirirlo.”

1.6.11

El cisne y la cultura (de camino a Pucela)

Sigo con Taleb. Cosas que había pensado durante tiempo, le contaba, desocupado lector. La importancia de la erudición. De ser personas en el sentido humanista del término. Sólo desde el conocimiento se pueden entender, apreciar o rechazar las opiniones de los demás. También en esto, el liberalismo. Sólo el erudito sabe que no sabe. Sabe que aún le queda mucho por conocer. Y que las respuestas no están ni en un solo libro ni en un solo lugar. Sólo el sabio, sólo la persona leída, puede combatir al tertuliano, experto en todo en cinco minutos, ese perfil tan socialdemócrata, igual que al ingeniero, profundo conocedor de un ámbito e ignorante de casi todo lo que le rodea.

Esa visión de la vida como una carrera por ser mejores cada día. Por conocer y por comprender. Por no juzgar. Por asumir que aunque el mundo sea finito, hay que apurarlo e intentar comprenderlo. Por saber que en el taxi en el que montas, o en la reunión que empiezas, puede haber gente con ideas interesantes. Con conocimientos superiores a ti, con cosas que contar.

No se trata de estudiar, ni de ser desde luego, como soy yo, un lecturitas. Se trata de entender que sin conocimiento no somos nada. Pero nada de nada. De respetar la cultura. De dudar de lo que uno sabe. De apreciar los libros. De saber quiénes han de ser las personas que te hagan crecer. Y quienes deben ser las personas a las que uno debe admirar. No al futbolista, sino al sabio.

Esa mirada ingenua que a uno lo desarma cuando ve la cara de quien está escuchando con interés y aprendiendo lo que no sabía. Cuando se está sintiendo entrar en un mundo nuevo.

Qué diferencia de cara, de actitud, y de vida, con quien confunde a Roxana con una canción..

PS: Montanelli escribió y Arcadi nos lo recordó: «De vez en cuando me asaltan ataques de humildad. Me digo a mí mismo que sólo soy un hábil taraceador de frases y que, más que a convencer al lector, aspiro a conmoverlo con medios poco lícitos en ocasiones; que soy más arrogante que valeroso. Etcétera. Pero después, al final, invariablemente, concluyo que sólo quienes lo poseen en abundancia dudan de su propio talento".

PD: En Pucela. Es importante, vamos a ver...

31.5.11

El cisne y la fortuna

El libro de Taleb. Cuántas pistas. Cuántas reflexiones para una tarde como esta de lluvia en la Sanabria. Una diferenciación, entre lo que el autor llama “trabajos escalables” y los “trabajos sometidos a la ley de la gravedad”. El objetivo es conseguir uno de los primeros. Y en eso estoy, aunque los que me conocen no me crean. Un trabajo escalable es el de un autor. Un cantante. Un escritor. El mismo trabajo, por ejemplo un libro, un artículo, evoluciona y da frutos más allá de su autor. Hay que escribirlo una vez pero puede estar dando dinero durante años. No hay que volver a escribirlo cada vez que un lector quiera leerlo. En los trabajos sometidos a la ley de la gravedad, el esfuerzo tiene un recompensa tasada: ser peluquero. Uno puede cortar el pelo en sesiones de una hora. No hay más. Si el día laboral tiene ocho horas, son ocho pelos los que puedes cortar. La diferencia, en fin, entre un cantante del XIX (puedes dar estos conciertos y se acabó) y un cantante cuando se descubre el fonógrafo y tu voz puede sonar en miles de sitios diferentes. O la diferencia, en fin, entre ser un especulador profesional y ser una prostituta.

Pero hay un riesgo. Como siempre en la vida, las cosas buenas vienen acompañadas por la incertidumbre. Alguna vez hay que saltar sin red. Los trabajos sometidos a la ley de la gravedad son más numerosos. Mucho más. Y más estables. Y más seguros. Hay pocos trabajos escalables y no es fácil llegar a consolidarse en alguno de ellos. Sólo son buenas cuando uno tiene éxito. Y el éxito, como tantas otras cosas, no sólo hay que trabajarlo. También hay que merecerlo.

La fortuna, ya saben, sólo suele sonreír a los audaces. Y audaz es, también, quien saber reconocer sus errores y mirarlos de frente…

PS: el placer de una conversación entre eruditos. En el abecé del otro día. No se la pierdan.

PD: Lúcido Rogelio, como siempre.

30.5.11

El cisne y lo aleatorio...

Ese libro luminoso de Taleb. Esa forma de aprender a enfrentarnos a la vida. A la vida moderna, al menos. Asumir algunas cosas. La primera de ellas, qué importante, que la vida es rara. Y que es inusual. Las cosas no siguen un orden lógico, aunque nuestro cerebro intente buscárselo. Lo aleatorio preside nuestras vidas, hasta un extremo que no somos capaces siquiera de concebir. Y eso no es bueno ni malo en sí mismo. Es lo que hay.
Es libro luminoso, para leer cuando cae la tarde, subrayando página a página. Un libro para compartir, a la sombra del relente sanabrés. Asumir que hay una cosa que se llama, en términos de Eco, la antibilioteca. La que conforman todos los libros no leídos. Ese espacio que nunca tenemos en cuenta. Esa biblioteca de Babel que es el universo, está llena de conocimientos que nunca tendremos. Que nunca poseeremos. Pero nunca nos damos cuenta de ello. Hay miles de páginas sensatas, coherentes, que nunca alcanzaremos a abrir y cuyas reflexiones nunca llegaremos a rebatir.

Más reflexiones. Asumir la historia como algo opaco. Siempre he pensado que es la ciencia más compleja. Quizá la más ilusa. Quizá la historia será sólo un relato de Borges. Un cuento lleno de ruido y furia narrado por un idiota. Y sin embargo, nos enfrentamos a ella con la ilusión, nos recuerda Taleb, de creer comprender: de pensar que las cosas han ocurrido por algo, de que hay menos aleatoriedad de la que hay en realidad. Nos enfrentamos a la historia con lo que el autor denomina, de manera brillante, la distorsión retrospectiva: las cosas aparecen muy ordenadas en los libros de historia, y aparecen estructuradas, con causas y respuestas. Es mentira. Y mucha ciencia social, sobre todo la morralla marxista de la segunda mitad del XX, se nutre de esa ilusión. No hay causas. No hay motores. No hay nada. No hay nada que sea “clase obrera”, como no hay “españoles” ni la “revolución burguesa”.

Pero estamos hechos para categorizar. De hecho, no podemos vivir sin hacer categorías. Es tanta la información que nos rodea que nos volveríamos locos sin ellas. Necesitamos categorizar, está claro. El problema es que pensamos que las categorías acaban teniendo vida propia. No es fácil, en fin, enfrentarse a los hechos de manera honrada. Hay que ser muy liberal, en el mejor sentido de la palabra, para asumir esta dura realidad.

La vida, en fin, como un relato de Borges. Hay que volver a él. Siempre. Aunque lo lea zapatero. Uno de los grandes privilegios de tener el castellano como lengua materna: poder leer a Borges sin traducciones.

PS: Borges nos describió Tlön y nos dijo: "Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente. Otra escuela declara que ha transcurrido ya todo el tiempo y que nuestra vida es apenas el recuerdo o reflejo crepuscular, y sin duda falseado y mutilado, de un proceso irrecuperable […]"