Me entero a través de Arcadi Espada que unos que se llaman a sí mismos Anonymous y que parece que no son más que piratas informáticos, colgaron un video en YouTube del que se hace eco la prensa mejicana. Leo la noticia y me quedo parado, de manera literal, ante una frase de los tal anónimos: “Hemos visto cómo el pueblo mexicano vive atemorizado por culpa de un gobierno que no ha querido escuchar la voz de su gente, que ya está harta de sangre y la violencia en este país”.
No pude pasar de ahí. Un Estado de derecho libra una guerra que le ha declarado el crimen organizado; una guerra en la que está muriendo mucha gente y que está causando un dolor inmenso, y unos niñatos anónimos culpan de las muertes al gobierno. Seguro que el presidente Calderón podía hacer las cosas de otra manera. Seguro que el Estado mejicano ha cometido fallos en su lucha. Pero no podemos olvidar nunca que entre un Estado de derecho y cualquier retórica disfrazada de violencia que lo amenace, ya sea terrorista, guerrillera, narcótica o religiosa, sólo podemos estar de un lado. Y que cuando perdemos la batalla de las palabras, estamos ya empezando a perder la batalla de la realidad.
Y recuerdo aquella frase que leí a principios de los noventa, cuando yo era un joven que aún no sabía si ser nacionalista español o nacionalista a secas, fascinado por la estética de las resistencia. Alguien me escribió en la mano, para que no lo olvidara nunca: “Vivir allí donde ha caído el Estado es muy romántico pero muy poco recomendable: ¿Conoces a alguien a quien le gustaría irse a vivir hoy al Líbano?”
PS: y no es sólo solidaridad. Alguien me dijo hace un año: Méjico está como estaba Colombia hace quince años. Y quizá como estaremos nosotros dentro de otros quince.