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13.4.24

Versos y ciudades

Algunas cosas tomadas de la ruta literaria por Zamora, de Julio Eguaras: “Caminar, ese es el premio”, de Pilar Antón. Descubro que el telúrico verso de Claudio (“Todos llevamos una ciudad dentro, / ciudad que nos alienta y nos acusa”) lo compartió su autor en  pregón que  dio en las fiestas de San Pedro de 1992.

Estos versos al poeta Tomás Sánchez, también de Angel Fernández Benéitez, amigo de Paco Somoza: “Las ciudades, Tomás, y sobre todo aquellas / que envolvieron en niebla nuestra infancia, / dejan huellas recónditas incluso en quienes fueron / muy poco complacientes con su historia…” 

27.5.23

El tiempo

Descubro en La Lectura a Eugenio Montale, poeta genovés. Su Cuaderno de cuatro años, y estos versos sobre la maldición de la eternidad: "Si era triste la idea de la muerte / la idea de que el todo dura / es la más espantosa".

4.11.21

Palabras

Leí el otro día en el Metro el poema Anquises de Olga Novo. Un texto duro y hermoso. Un padre que sigue pero que ya se ha ido, en realidad (No sé hasta cuándo recordarás mi nombre / y sabrás aún que soy tu hija.) Y la sensación de la hija ante lo inevitable (y te llevo a la espalda / hasta el final de la vida.)

El poema entero, traducido del gallego por la autora, aquí mismo, cortesía de Jesús Jiménez



20.12.17

¿Será capaz un robot?

Muy interesante el artículo del otro día en El País. ¿Será capaz la inteligencia artificial de crear poemas que nos enamoren? ¿Algún día dirá, como Claudio Rodríguez que si tu la luz te la has llevado toda, ¿cómo voy a esperar nada del alba?. La poesía es al lenguaje, decía Elena González, como la Fórmula 1 al motor...

29.3.16

La voz del poeta

Karmelo Iribarren. Un poeta de los de Hornuez. El otro día en El Mundo. A vuelta con la poesía de la verdadCon la que se hace para disfrutar, no para pasar a la historia: 

"Hay poetas que escriben / sus poemas / como si fuesen a pasar directamente / a las páginas amarillas / de la eternidad. / En cada verso echan el resto / y, claro, lo poco que les queda / no lo pueden echar en ningún sitio / porque les da una pájara. / La verdad es que apestan a Literatura. / Y que de allí a donde ellos entran / todo dios sale por piernas".

Feliz martes, lector.

16.2.13

Dos versos para comerse una tarde entera....

Ando de poeta en poeta como el infiel que tarda en volver a casa cuando cae la noche, pero siempre acabo de nuevo en Claudio Rodríguez. Mi lectura poética se asemeja cada vez más a un bucle del que no quiero salir porque siempre hay un verso diferente, un nuevo matiz, una claridad imprevista. 

Es difícil concebir una poesía mas hermosa, más entera, más sugerente. Tengo el libro ajado ya, de tanto subrayarlo, de tanto comentarlo. Fue un regalo de 2004, pero no empecé a leerlo de verdad hasta el otoño de 2009. Un par de versos  no se me van de la cabeza. Están en el Libro III del Don de la ebriedad, el poemario con el que un desconocido poeta zamorano de apenas diecinueve años  ganaba el Premio Adonais en diciembre de 1953.

Están en el extraordinario Poema VII. No hay nada más. No hay otra lectura para un sábado como este, en espera de que llegue el domingo. Uno de ellos dice: "La belleza anterior a toda forma / nos va haciendo a su misma semejanza." No me quedan palabras para reflexionar sobre dos versos que darían para un tratado de estética. La relación entre belleza y forma. La duda eterna de quién construye a quién. 

El otro sentencia: "La luz nace entre piedras y las gasta." Hay que haber visto amanecer en Castilla para entender que era ese, y no otro, el matiz que hace diferente los atardeceres y los seranos en la nuestra tierra.

No está mal para ser sábado. 
Disfrute de este regalo, desocupado lector. Hoy me ha pillado con la guardia baja.

24.1.13

Spoon (I)


A veces tengo la sensación de que la vida es un enorme tablero que voy complementando con esfuerzo. Sospecho que el día que esté completo yo estaré ya muerto, o quizá el día que muera me daré cuenta de que el tablero era infinito.

Voy rellenando casillas.

El otro día me tocó terminar de encontrarle sentido al Spoon River Euskadi. Uno de los poemas más hermosos y más ásperos de Jon Juaristi Linacero, un poema al que llegué a través de su antología Poesía reunida, editada por Visor en 2001. El poema es antiguo, de 1987. Un poema breve, apenas tres versos, certero hasta la desolación: 

¿Te preguntas, viajero, por qué hemos muerto jóvenes, / y por qué hemos matado tan estúpidamente? / Nuestros padres mintieron: eso es todo”.

Aún me emociona leerlo. Encierra muchas claves generacionales. Para todos nosotros. Para mí, desde luego, pero también para gente como Zapatero, o cualquiera de los desocupados lectores de esta bitácora. Fue el poema que me enseñó a mirar con prevención al pasado: ese pasado que es siempre un país extranjero y que, idealizado, nos impide entender el presente y afrontar el futuro.

El caso es que, aun fascinado por el poema, nunca comprendí fue sentido del título. ¿A qué venía aquel Spoon River?

5.10.12

Esto es urgente / porque la eternidad se nos acaba


Sigo de descubrimientos. Ahora con la poesía. En América no todo era Vallejo. Estaba también Pacheco. Ahora me doy cuenta de que en Méjico no todo era Pacheco. Porque en el país azteca estaba también Jaime Sabines. Un Sabines que nos relató una vez: Vamos a guardar este día / entre las horas, para siempre,/ el cuarto a oscuras, / Debussy y la lluvia, / tú a mi lado, descansando de amar.

Es un placer leer poesía. Quizá el único arte que nunca me volveré atrever a practicar. Para qué, cuando los hay tan buenos en los pocos idiomas en los que soy capaz de leerla.

Pero cada descubrimiento, en días de lluvia como hoy, cuando sólo el silencio del Barreiro me acompaña, me lleva a reafirmarme en la idea de que vivir es encarnar una ignorancia que no termina nunca. O quizá termina, sí, pero sólo cuando nos vamos.

No le pierdan la pista. Aunque hoy sea viernes, aunque se vayan de viaje…


PS: Me tienes en tus manos / y me lees lo mismo que un libro. / Sabes lo que yo ignoro / y me dices las cosas que no me digo.

17.6.12

Lecturas que nos interrogan...


 Está editado en Visor, al igual que el último que compré de Luis Alberto De Cuenca. Sentarse, mientras caer la tarde, a degustarlo. Buen papel. Buen poeta. Un placer volver a leer, esta vez versos nuevos, a Jon Juaristi. Hablando de rentas antiguas. Lo abro al azar, claro: no volveré a leer poesía de otra forma. “Nostalgia de edades que no conociste”.  Los versos del poeta atraviesan la tarde conmigo. Me traen luz y han venido para quedarse. Siempre que llegan de nuevo, los poetas que me acompañan me ayudan a entender este camino tortuoso que a veces no sé hacia dónde me dirige.

Hace calor. Es junio. Un junio más relajado, pese a todo. Vuelvo a sus páginas. El poeta me interroga: “¿Qué tramas, pasajero sin billete / de la tarde serena, / confundiendo memoria y esperanza?”

Grande Juaristi

18.11.11

Textos ya escritos y pactos secretos

Hoy escribe Muñoz Molina por mí. Qué hermoso párrafo. Qué reivindicación del arte, encontrado al azar un sábado de noviembre desayunando con cuatro periódicos encima de la mesa.

Ahí va, desocupado lector. Léalo despacio. Y disfrútelo:

Qué mezquindad, qué apocamiento que la literatura se mida con la literatura, el arte con el arte. Con lo que la literatura y el arte tienen que medirse es con el mundo, con la misma vida, como se miden las manos extendidas de hierro de Eduardo Chillida con el mar Cantábrico, o los enanos de Velázquez y los fusilados de Goya con nuestra pobre condición humana. Frente a la anchura del Hudson leo Bálticos, el poema más largo de Tomas Tranströmer, que arranca hablando de su abuelo materno cuando pilotaba buques en la bruma incierta del mar, y la poesía, incluso traducida, resiste la confrontación con ese paisaje desmedido.”

Sencillamente, delicioso.


PS: hermoso José Emilio Pacheco. Hermoso hasta doler: “Sigo pensando / que es otra cosa la poesía: / una forma de amor que sólo existe en silencio, / en un pacto secreto entre dos personas [... ]”

16.11.11

No hay que llegar primero, pero hay que saber llegar...

Llegué muy tarde a José Emilio Pacheco. Cuando le dieron el Cervantes, nada menos. Para que luego digan que los premios no valen para nada. Hacía mal tiempo. Era la tarde y estaba en la Sanabria. Me dijo “Única eternidad que sobrevive, / esta lluvia no miente”. Un hombre mayor, huidizo, o al menos esa imagen me trasladaron los medios. Leí las crónicas. No fue un buen año y yo andaba desazonado. Declaró a la prensa que la poesía es una forma de resistencia frente a la barbarie. Y frente a la soledad, pensé yo. Después, alguien me puso delante un poema luminoso. Breve. Conciso. Con ese filo lleno de herrumbre que sólo la poesía es capaz de mostrarte cuando estás desprevenido: “Ya somos todo aquello / contra lo que luchamos a los veinte años”. El otro día me lo encontré. En la Casa del libro. Tusquets ha editado su poemario completo y no pude resistirme. Ando con él ahora. Sigo con Claudio, claro, pero es que a Claudio ya no creo que lo abandone nunca. Nos vamos conociendo. Un poeta del paso del tiempo. De la nostalgia. Asumir nuestra condición de viajeros en cualquier sitio: “Si te molestan por su acento o atuendo, / [...] emprende un viaje, / [...] a la ciudad más próxima / [...] Verás cómo tú también eres extranjero”.

Un amigo para charlar. Lo leo despacio y me susurra: “No leemos a otros: nos leemos en ellos. / Me parece un milagro [...]”. Le descubro un poema a César Vallejo “-y uno habla y habla”. Y él me cuenta acerca del paso del tiempo “Hablamos todo lo que había que hablar. / Hicimos todo lo que había que hacer. / Nos llenamos / de plenitudes y fracasos”. Y mientras lo hace, me recuerda la inutilidad de la escritura: “Escribe lo que quieras. / Di lo que se te antoje. / De todas formas vas a ser condenado”.

Buena lectura.

El paso del tiempo


PS: mañana a predicar a la capital...