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18.7.23

La soledad

Kathleen Raine, el otro día en La Lectura por Jordi Doce: estos versos "Hemos de soñar solos / la historia que a nosotros nos contamos, / un libro que se escribe a la vez que leemos" 

19.1.23

Gamoneda, a propósito de Claudio

El otro día en La Lectura entrevistaban a Gamoneda. Estas dos preguntas -y sus respuestas- sobre Claudio:

P: A Claudio Rodríguez le tiene mucha ley.

R: Mucha. Creo que es el poeta más importante desde Lorca. Era un niño, por otra parte. Podía ser un niño encantador o patoso, pero era poeta. Ha sido el poeta con el que he convivido. Era un poeta genial si no lo entendemos como milagroso, ni profético, ni misterioso. Y siendo un muchacho no sencillo, sino un tanto elemental.


P: También le tiene respeto a José Ángel Valente.

R:  Sí, pero en segundo lugar. El que me da la cifra secreta de poeta es Claudio. Para encontrar a los semejantes tengo que ir a Lorca y a San Juan de la Cruz y a César Vallejo...


Pues eso...


19.5.22

La infancia

Es la infancia la que nos hacer ser lo que somos. Esa infancia feliz, que fue la mía, o desgraciada, que de todo hay. Contaba Antonio Colinas el otro día en La Opi que "Siempre para el escritor la infancia y la adolescencia suponen una referencia. Mis veranos en Vidriales me han marcado mucho. El origen para un escritor es como un manantial que no cesa de manar."

Una provincia por ti amada es la infancia...

16.3.22

130 años ya

Hoy hace ciento treinta años que nació, en Santiago de Chuco, César Abraham Vallejo Mendoza, nieto de dos sacerdotes gallegos y de dos mujeres indígenas. Poeta grande de vida triste. Uno de los mejores en lengua española. No hay mejor homenaje que leer a aquel que supo que moriría en París con Aguacero...

28.5.17

Yo estaba en Babi Yar

De vez en cuando resuena en nuestra conciencia Babi Yar. Hace poco más de un mes murió Eugeni Yevtushenko, el poeta de Babi Yar, al que llegué hace una década a través de un artículo de Marek Halter que leí en El País. Que la tierra te sea leve...

15.1.17

Los libros, por Milosz

Alertaban el otro día los editores sobre el estancamiento de la lectura, y yo recordaba un maravilloso poema de Milosz que le comparto, desocupado lector, desde otra bitácora sobre esos libros que seguirán en los estantes cuando ya no estemos...

Pero los libros seguirán en los estantes, seres auténticos
Que aparecieron una vez, frescos, todavía húmedos,
Como castañas brillantes bajo el árbol en otoño,
Y empezaron a vivir, tocados, acariciados,
A pesar del resplandor en el horizonte, de castillos saltando por los aires,
De las tribus en marcha, de los planetas en movimiento.
Somos, dijeron, incluso cuando les arrancaron las hojas
O cuando la llama ardiente lamía las letras.
Mucho más duraderos que nosotros, cuyo calor frágil
Se enfría junto con la memoria, se disipa, desaparece.
Me imagino la tierra cuando yo ya no esté
Y no pasará nada, ninguna pérdida, seguirá el mismo espectáculo,
Los vestidos de las mujeres, un jazmín húmedo, una canción en el valle.
Pero los libros seguirán en los estantes, de buena estirpe,
Nacidos de la gente, aunque también de la luz, de las alturas.

1.12.15

Tributos

Todos llevamos una ciudad dentro, escribió una vez Claudio. No hay otro igual. No necesita apellidos. Ahora su ciudad le rinde homenaje. Otro más. Siempre serán pocos. El callejero de Claudio.

Otra excusa más para visitar a la imperial vigía sobre el río duradero.

12.9.14

Leer a Milosz en La Raya

Ha sido un verano con algunos poemas de Milosz. A los poetas se llega en la madurez, eso creo que ahora al menos. El maravilloso poema La caída. Un poeta inquitante. Un hombre de frontera. Un hombre de La Raya, al otro lado de Europa. 

Alguien que nunca quiso hacer de la disidencia una profesión. 

Cuatro versos suyos para recordarnos lo que Eagleman necesita un libro maravilloso de trescientas páginas para explicarnos:


"El fin de la poesía es recordarnos / Cuán difícil es ser una sola persona, / Pues tenemos la casa abierta, no hay llaves en las puertas, / E invisibles huéspedes entran y salen a su gusto".

Milosz.

Uno de los nuestros.

27.1.14

Ya somos todo aquello...

Murió Josemilio Pacheco. Uno de los grandes. Tantas noches subrayando algunos de sus textos. Tantas noches en silencio, conversando con él. El hombre que nos recordó a todos que "Ya somos todo aquello / contra lo que luchamos a los veinte años".

La lucidez de la muerte que uno sabe inevitable: "un día que ya figura en el calendario / alguien también cancelará mi nombre". Morir después de tropezar con la literatura. Quizá no haya una forma de hacerlo. El día en que todo termina al darse de bruces con unos libros

Ese día llegó. Pero la poesía es una de las pocas maneras de alcanzar la inmortalidad que nos queda en este mundo secularizado y marchito. Así, gracias a ella, dentro de cien años alguien se preguntará, mientras cierra su libro, esa pregunta que todos nos hacemos de vez en cuando las tardes de enero: "¿Qué harás todos los días / desde que no te veo?"

Descanse en paz maestro. Y que la tierra le sea leve.

16.2.13

Dos versos para comerse una tarde entera....

Ando de poeta en poeta como el infiel que tarda en volver a casa cuando cae la noche, pero siempre acabo de nuevo en Claudio Rodríguez. Mi lectura poética se asemeja cada vez más a un bucle del que no quiero salir porque siempre hay un verso diferente, un nuevo matiz, una claridad imprevista. 

Es difícil concebir una poesía mas hermosa, más entera, más sugerente. Tengo el libro ajado ya, de tanto subrayarlo, de tanto comentarlo. Fue un regalo de 2004, pero no empecé a leerlo de verdad hasta el otoño de 2009. Un par de versos  no se me van de la cabeza. Están en el Libro III del Don de la ebriedad, el poemario con el que un desconocido poeta zamorano de apenas diecinueve años  ganaba el Premio Adonais en diciembre de 1953.

Están en el extraordinario Poema VII. No hay nada más. No hay otra lectura para un sábado como este, en espera de que llegue el domingo. Uno de ellos dice: "La belleza anterior a toda forma / nos va haciendo a su misma semejanza." No me quedan palabras para reflexionar sobre dos versos que darían para un tratado de estética. La relación entre belleza y forma. La duda eterna de quién construye a quién. 

El otro sentencia: "La luz nace entre piedras y las gasta." Hay que haber visto amanecer en Castilla para entender que era ese, y no otro, el matiz que hace diferente los atardeceres y los seranos en la nuestra tierra.

No está mal para ser sábado. 
Disfrute de este regalo, desocupado lector. Hoy me ha pillado con la guardia baja.