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25.2.25

Baquiano y occiso

Baquiano y occiso, dos palabras que desconocía, y que descubro leyendo El secreto de Marcial, una novela argentina del argentino Jorge Fernández Díaz. Junto a ellas, otras como metejón o biblioratos. 

Me quedo con baquiano, un concepto espectacular. Mi padre era un baquiano sanabrés.

Y la novela magnífica, la relación entre un padre y su hijo, el cine y la historia universal de las migraciones y las identidades plurales.  

6.5.24

El tiempo: es que hacía frío

Esto de Ricardo Cayuela sobre la vuelta al pueblo de sus orígenes, en la despoblada y fría Soria de las tierras de Berlanga: nadie habla del frío, y mucha gente se fue porque hacía frío y se podían ir. 

El cambio real fue irse a la ciudad, más que emigrar: "Y pese a ello, hoy creo, tras recorrer Cabreriza con un nudo en el estómago, que el verdadero viaje que definió la vida de mi abuelo no fue el exilio, sino dejar su pueblo natal para convertirse en maestro de escuela. Es decir, salir de las disputas por las lindes y los rumores de aldea, a la educación de aires krausistas de la excelente escuela magisterial de Soria. De los mismos vecinos a la pluralidad de gentes y de ideas." 

24.1.16

Zamoranos que se iban

Hace ya casi ciento cuarenta años. Publicado el otro día, en La Opi. A cargo de Jesús Martín Ramón. Se iban a América. Y a Portugal. Y a las Minas. Con un jamón al hombro. Como aquel Manuel Fernández. Casado en 1883 y que debió de morir por una explosión en Río Tinto en 1886 ó 1887, dejando a su mujer Petra viuda y con tres hijos. 

Aquella vida.


4.8.15

Ausentes

Las historias (universales) de la emigración. Los que se fueron. Los huecos que dejaron. Como en un espejo, la ausencia aquí era presencia allí. Una hermosa, y evocadora, reflexión de Claudia Piñeiro el otro día en El País hablando de todos los mares. Se refiere a Galicia, pero podría hablar perfectamente de la nuestra tierra, ¿verdad Laurico? Aquellas casas que se iban quedando vacías. Aquello setiembres en Mombuey. Aquellas promesas de Volver después de Partir. Aquellas sombras que aún nos persiguen cuando a la tarde, en el serano, alguien con voz quebrada nos recuerda a los jóvenes que aquella casa es del tí Meloto, que marchó a Buenos Aires en el 49...


PS: Ausente. Alguien que no está. Alguien que puede volver. O no. Personas censadas en ausencia. Aunque la casa estuviera vacía. Un vecino daba sus nombres. O estaban apuntados de años anteriores. Pero ellos se habían ido. El libro no decía dónde. Ni si seguían vivos o no. Entendí, por primera vez, la otra cara de la diáspora. Los gallegos que me rodearon toda mi vida eran los presentes, los que estaban, los que trasladaron sus vidas al otro lado del océano, los que ocuparon nuevas casas en las que también yo habité. Pero aquí, frente al mar que mi padre no volvió a mirar, ellos eran sólo sus nombres en una casa vacía."

27.11.10

Ya lo sé, es sólo un libro (I)

Es sólo un libro. Una memoria de la emigración castellana y leonesa.
La historia empezó, como un rumor, hace unos cinco años. La trajo, como tantas otras, Manoluá, a quien quizá ya nunca conozcas. Era el verano de 2005, estábamos aún en la Virgen del Coro y yo, naif, creía que había cosas que eran para siempre. ¿Sabes que tío Julio aún vive en la Argentina? Estuve allí y lo vi. Y tiene un relato precioso sobre su viaje a España, escrito cuando tenía quince años, la única vez que vino a la patria de sus padres. Me puse en contacto con Andrea, su nieta, a la que busqué con paciencia a través de la web. Contacté con ellos. El primo Julio. Recuerdo a mi abuela, en el Mercado del Puente, hablarme lejanamente de él, cuando apenas tenía yo veinte años y le preguntaba por su familia que marchó a la Argentina. Por la parte de tu abuelo, me decía, ahí atrás, estaba tía Josefa, que marchó y vino un verano con Julio, su hijo. Nos hemos escrito durante años, por ahí deben andar todavía las cartas, pero ya no sé…

Contacté con Andrea, decía y le pedí permiso para editar el texto de su abuelo. Un texto hermoso. Julio Domingo, tío Julio, me escribió. Nos escribimos durante años. Claro que puedes editar mi texto, pero pide perdón al lector por la forma de estar escrito, yo no tenía ni quince años, me decía con su caligrafía temblorosa.
Era principios de julio. De 1929. Ahí empezó el viaje. Sus padres, sanabreses de nación, se conocieron sin embargo en la Argentina. Él era de Riego: Julián Monterrubio Cabadas. Ella, hermana de mi bisabuela, era de Cervantes. Claro. De Cervantes. Josefa de Rábano Rodríguez. A principios del XX emigraron a la Argentina. Como tantos otros. Aquí no había ni para comer. Se conocieron allí. Se casaron. Tuvieron un hijo. Un día decidieron volver a España para que su hijo conociera sus raíces. Hacía más de veinte años que habían emigrado. Llegaron a España el 24 de julio. Cádiz. Sevilla. Madrid. Zamora. Y por fin, Sanabria. Un texto hermoso. Emocionante. Ver al abuelo de uno convertido en un joven de treinta años, que sale a cazar y que juega al fútbol con sus hermanos no sucede todos los días.
La emigración. Una de las pocas constantes en la historia del hombre. La escritura. La forma en la que las personas que ya no están toman vida de nuevo para nosotros y delante de nosotros. Una forma de atrapar para siempre a alguien, de ligarlo a nuestro recuerdo. La identidad, esa cárcel.
Hace frío. Es noviembre. Vuelve a dolerme la espalda

PS: Borges escribió en Los Conjurados: "Las migraciones que el historiador, guiado por las azarosas reliquias de la cerámica y del bronce, trata de fijar en el mapa y que no comprendieron los pueblos que las ejecutaron".