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15.4.26

¿Un relato nacional? (I)

Echo de menos a Jesús Fuentes, como dentro de muchos años echaré de menos a John the Minor para comentar estas cosas. Ando a ratos con el libro sobre El relato nacional, de Pepe Álvarez Junco y de su discípulo. El libro destruye muchos mitos. Ahí está el tema de la "oposición nacional" a la romanización. No hubo tal. En su lugar, este primer párrafo: "Contradice, desde luego, esta imagen de enfrentamiento contra los ocupantes el hecho de que la romanización fuera rápida y profunda. Hay indicios de que, al finalizar el siglo I d.C., el latín ya se había convertido en lingua franca peninsular. Los hispani, por otra parte, se integraron desde el principio en el ejército romano, como tantas otras poblaciones sometidas —posiblemente más, dada su reconocida belicosidad—. En los cinco siglos siguientes, de paz y prosperidad excepcionales, quedó fundada la práctica totalidad de las ciudades españolas y portuguesas actuales (con raras excepciones, como Madrid o Bilbao), con sus foros, templos, anfiteatros y circos. Se construyeron varios miles de kilómetros de calzadas, que habrían de ser las principales vías de comunicación de la península durante al menos todo el milenio posterior al desplome del Imperio de Occidente."

Y los romanos de origen hispano, ¿qué? Pues esto: "Desde el edicto de Caracalla en 212 d.C., los hispanos fueron ciudadanos romanos. Y hubo ilustres hispanos, nacidos casi todos en la Bética, que desempeñaron papeles de primera importancia en Roma antes y después de esa fecha, como Trajano, Adriano, Teodosio, Columela, Marcial o Séneca. En ninguno de los escritos o testimonios de estos personajes, u otros notables locales de la época, se encuentran rastros de identidad «hispana» ni expresiones de orgullo patrio diferente al romano provincial."


27.8.23

Nación como construcción (y IV)

El magnífico artículo de Tomás Pérez Viejo sobre la construcción de la nación como problema historiográfico. Más ideas interés, sobre España y en general:

  • En el caso de la España del XIX "el viejo Estado es monárquico, pero la nación, que poco o nada tenía que ver con las antiguas identidades peninsulares, hubo que construirla ex novo."
  • A todo nacionalismo le resulta difícil aceptar la idea de que a las naciones las construyen los Estados, y no viceversa. 

7.1.21

El Estado y tal

España para el tal Espinar, y para muchos de su generación. Esta izquierda sin patria, fascinada por las patrias carlistas de toda la izquierda periférica. No se pierda, caro lector, esta razonable reflexión de Juan Claudio de Ramón sobre España para la izquierda. Claro que España es una construcción artificial, como lo son todas las naciones, y claro que es una identidad antigua. El problema lo tenemos por una izquierda inconsistente en estos temas que "da en pensar España como un mera superestructura, un traje jurídico mal cortado para un número incierto de «pueblos» que, al contrario que España, serían realidades tan naturales y sólidas como el macizo de Montserrat o el monte Gorbea". 



2.5.15

La historia

Sant Jordi y mi gran Hornuez. Entre medias, La invención del pasado, de Murado. Las horas que hemos dedicado ambos a la historia. Y un libro que suena como el hacha que golpea un árbol de manera inmsericorde. 

La dificultad de aprehender el pasado. La dificultad de hacer o de escribir historia. Una reflexión que hoy es sábado y ¿conmemoramos? que un día como hoy en 1808 un grupo de ¿patriotas?, recogiendo los ¿anhelos? del pueblo ¿español? se sublevó contra los ¿franceses?

Sostiene Murado que "Lo más que puede aspirar es a estudiar los vestigios del pasado. De estos vestigios, los más importantes son los documentos escritos y, considerando que todo casi todo nuestro conocimiento del pasado se basa en ellos, es sorprendente la confianza casi ciega que parecemos tener en ellos"

27.2.15

Se fabrican antigüedades (I)

El libro La invención del pasado. De Miguel Anxo Murado. Una idea de partida: confío en el pacto de veracidad que en un ensayo se firma entre autor y lector. Una idea de salida: acaba uno el libro como si despertara de un duermevela. El sueño de una demolición. Mira uno de la historia, de España o de cualquier otro lugar y resulta que, por decirlo en palabras del presidente, todo es falso, menos alguna cosa.

Un libro necesario, no sólo para los escasos nacionalistas españoles que quedan, sino también y especialmente para los muchos nacionalistas vascos o catalanes. Todas las naciones son construcciones culturales basadas en metáforas o en equívocos. 

Un libro, por cierto, que reafirma la idea que le leí a Xavier Pericay hace muchos años. ¿Qué hace una persona adulta perdiendo el tiempo con papelillos, habiendo tanto ensayo por disfrutar?

Hablaremos largo y tendido...

PS: Ahí va una reflexión de Murado en el libro: Es mejor resumirlo con un simple cálculo: del Imperio Romano, en su conjunto, han sobrevivido unos diez millones de palabras en latín y unos cien millones en griego, una lengua extranjera que sólo hablaba una élite. De esos ciento diez millones de palabras, el 90% fueron escritas después de la aparición del cristianismo, religión de una minoría que no se extendió más que hacia el final del Imperio. De los diez millones de palabras en latín, dos millones tratan de cuestiones legales; y de los diez millones de palabras griegas precristianas, dos  millones se ocupan de la medicina de Galeno. Esos números nos dicen que nuestra imagen del Imperio Romano es la que nos han legado los abogados y los médicos de la clase alta, filtrada por los intereses y las fobias de varias generaciones de monjes cristianos. No es muy esperanzador para nuestra aspiración de reconstruir aquel mundo"

14.11.14

Todo nuevo (apuntes)

Los momentos míticos, fundacionales. Adanistas. Son siempre mentira, por supuesto. Y más en la nación, que siempre anda mirando por el retrovisor lo que imagina que pasó. Están los independentistas catalanes con el camelo del país nuevo: ese camelo que también se nos presenta a los varones cuando pensamos que podemos empezar de nuevo a los cuarenta, con sabiduría pero sin taras. Causa un poco de rubor: en el caso de los varones y en el de los países. No hay nada nuevo que empezar. Las mismas personas, con otros ropajes acaso, pero las mismas. Siempre ls mismas. Por eso la nación suele ser un refugio para los canallas. 

Leyendo el otro día un ensayo de Zira Box, publicado en la Revista de Estudios Políticos hace un par de años, y que incide en el tema que luego trataría en el su aportación al libro Ser españoles, no podía dejar de acordarme en la similitud de mensajes de los falangistas de los primeros años de la dictadura, con todas estas bobadas de ahora: un país nuevo, un mundo nuevo. Surgido de una guerra o de una secesión, eso qué más da: lo importante es que sea nuevo y que todos seamos más jóvenes. 

Nunca lo olvide lector, todo no es más que un Spoon river: "nuestros padres mintieron. Eso es todo".  


PS: Victor D´Ors, en su "Confesión de un arquitecto" escribía: "Es necesario formar una España absolutamente nueva de continente y contenido, entroncada exclusivamente con la vena más auténtica de nuestra tradición". Tradúzcalo desocupado lector al catalán, cambie España por Catalunya y mire a ver si le suena creíble en la Cataluña actual...

15.2.14

Apuntes (arquitectura)

El conjunto de reflexiones que configuran el libro "Ser españoles". La ciudad de Madrid.  El final de la guerra civil trajo unas ideas arcaizantes a medio camino entre el fascismo modernista de Falange y el casticismo imperial de la derecha. Estás ideas también tuvieron su aplicación en la ciudad de Madrid. También en lo estético. El propio Luis Gutiérrez Soto que había sido un arquitecto moderno, se encarga de edificar, donde había estado la Cárcel Modelo de Madrid, el nuevo Ministerio del Aire. Es un edificio de su época. De aquella España falangista que soñaba con rutas imperiales. Un edificio herreriano en el siglo XX. Un Escorial en Madrid. Una ciudad cuya ribera del río iba a ser austracista. Nosotros para España y España para Dios, como hubiera escrito Sabino Arana si la modernidad no le hubiera impedido ser alcalde de Abando. Nada se hizo, más allá de aquello. Los falangistas empezaron a caer cuando los nazis perdieron la guerra, y desaparecieron como fuerza política tras lo de Arrese. 

Y yo, cuántas veces me he preguntado, volviendo de la mi tierra, qué pintaba un pequeño escorial en la Moncloa.

Hay que leer. Está claro. En estes caso, el interesante capítulo de Zira Box en el libro Ser españoles.