12.10.26

Retomando a Horvilleur

Hablé poco aquí del maravilloso ensayo de Horvilleur. Dos párrafos que tenía subrayados:

La solastalgia. Para describir lo que sentí en aquel cementerio se me viene una palabra a la cabeza: solastalgia. Este concepto, inventado a principios de los dos mil por un filósofo australiano, designa una nostalgia muy concreta, la de un lugar donde uno se encuentra pero sabe que ya no existe. Lo que hubo ya no está, pero los vestigios de un mundo desaparecido conservan su recuerdo tan sólidamente como si estuviera indemne.

Los fantasmas. Así habla el sabio, el terrateniente, el sedentario, el hombre que adquirió bienes y creyó en la estabilidad del mundo. Reconoce que todo es Abel. Todo lo que construimos con firmeza acaba deteriorándose o desapareciendo, mientras que lo que es frágil, efímero y falible deja en el mundo —paradójicamente— huellas indelebles. El vaho de las existencias pasadas no se evapora: sopla en nuestras vidas y nos lleva allá donde jamás creíamos que iríamos.

Será que todo lo sólido se desvanece en el aire...


1 comentario:

Anónimo dijo...

Qué bonito (y real). Gracias