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16.5.14

La roca de Tarik

A la vuelta del ferry enfilamos Gibraltar de manera directa. Entramos a pie y sin patriotismos, que no soy hombre dado al histrionismo identitario. Y aunque entro a paso firme y con intención de escuchar, razonar y entender, es verdad que hay algo humillante en la presencia de una colonia de un país amigo aquí. Y lo digo yo, que soy anglófilo desde que empecé a andar. Un país amigo de otro no tiene una economía parasitaria en casa de su vecino. En fin, no sé que pensarían los británicos si tuviéramos una colonia dedicada a actividades dudosas en la isla de Wight. 

El panorama es desolador, así que espero que sea verdad lo que dijo Margallo de que "se acabó el recreo con el Peñón". Los llanitos han ido ganando terreno, no sólo a la tierra de nadie, sino también al mar. La pista del aeropuerto es una vergüenza. Como lo es el campo de fútbol, ubicados ambos en territorio español. O el incremento de terreno por el lado de la playa de los catalanes. Los llanitos son colonos, no son otra cosa, y aunque es evidente que sus derechos han de ser salvaguardados, y nadie en su sano juicio puede plantear su expulsión, lo que no pueden pretender ser es un interlocutor ante un Estado como España, por más que a Moratinos se le pasara por la cabeza. 

Patemos la ciudad. Un mundo británico con sol y playa. El sueño de los british. Subimos por el teleférico hasta lo alto del peñón. Impresionan las vistas de la bahía y quizá ahí esté una clave de porqué nunca España lo conquistó: alterar la situación podía llevar, es cierto, a echar a los británicos, pero también a que ellos salieran del mismo y se hicieran con la bahía. Cervezas en un par de bares. Un par de iglesias y algunas tiendas típicas. Nos topamos con una procesión, católica, al abandonar la colonia. 

23.3.09

¿A alguien le suena de algo todo esto? (y II)

Cuando el Golfo de Méjico y el Mar Caribe eran, lo que son las cosas, mares españoles. 

España quería ayudar a las colonias pero quería hacerlo con sigilo, porque tras el fracaso de la Guerra de los Siete Años, esta vez quería entrar en la guerra cuando a ella y no a Francia le conviniera. Para ello había que usar tapaderas. La sociedad Roderique Hortalez et cie comenzó a actuar en mayo de 1776 para suministrar recursos de la Corona a los rebeldes. A su vez, la Corona se apoyaba en otras empresas. Algunas de ellas de Bilbao como el Banco Gardoqui, de Diego de Gardoqui  y que desde los años sesenta comerciaba con las colonias.

Los funcionarios de Madrid estaban divididos. Algunos, como Gálvez, consideraban que lo más relevante era echar a los británicos del Caribe y del golfo de Méjico, motivo por el cual la recuperación de la Florida oriental no era importante; para otros, lo relevante era precisamente recuperar la Florida, perdida en la guerra de los siete años y en la que seguían viviendo muchos españoles.
Finalmente, el 21 de junio de 1779 España, que había pactado con las colonias británicas y con los franceses que no podrían declarar la paz hasta que ella lo señalase, declaró la guerra a Gran Bretaña.
España atacó en varios frentes.
- Una campaña en Centroamérica para no dejar a los británicos mover sus tropas acantonadas en el Caribe. Gálvez limpió la actual costa de Honduras y Nicaragua de las ilegales colonias británicas, mereciendo especial atención la marcha que emprendió con sus hombres desde Santiago de Guatemala a la costa oriental, para tomar la isla de Roatán tras un viaje de más de ochocientos quilómetros por tierra.
- La lucha tuvo lugar también en Europa. Madrid estaba obsesionado con recuperar Gibraltar y Menorca. El marqués mallorquín Lorreich de Palma visitó la isla para saber de parte de quién estaban los menorquines. Según informó a la Corte, no había ninguna duda “los menorquines se consideraban españoles y no colaborarían en ningún momento con los británicos en la defensa de la isla”.
- Finalmente, la lucha tuvo lugar también en América del norte. La toma de Pensacola, la defensa de Mobile, así como la ayuda española fueron decisivas. Aquí hubo mucha polémica entre Cajigal y Gálvez, pero las cosas salieron bien y la ayuda naval española fue imprescindible para garantizar la victoria de los patriotas norteamericanos. Por cierto que de aquellas desavenencias surgió la desafección de Francisco Miranda para con la Corona, con todo lo que ello supuso después.
Acaba uno el libro con cierta melancolía. El Congreso no sólo no pagó sus deudas con España sino que, pocos años después, empezó a maquinar para echarla del Misisipi, que era por entonces un río español y de la parte norte de la Nueva España. Ironías de la historia, cien años después los norteamericanos echaron a los españoles de La Habana, la ciudad desde la que, precisamente, los funcionarios de la Corona planearon la estrategia que permitió a los estadounidenses derrotar a los británicos.
Aunque no sé si a ninguno de nuestros bachilleres les suena todo esto. Y pienso: lo que cualquier otro país del mundo hubiera hecho con su historia si tuvieran la mitad que la nuestra.

PS: “El Congreso ha declarado independientes de la Gran Bretaña a las doce colonias unidas, formando para cada una un gobierno particular mientras se planifica un sistema de regencia común a todas”. La Gaceta de Madrid, 27 de agosto de 1776.