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16.5.14

La roca de Tarik

A la vuelta del ferry enfilamos Gibraltar de manera directa. Entramos a pie y sin patriotismos, que no soy hombre dado al histrionismo identitario. Y aunque entro a paso firme y con intención de escuchar, razonar y entender, es verdad que hay algo humillante en la presencia de una colonia de un país amigo aquí. Y lo digo yo, que soy anglófilo desde que empecé a andar. Un país amigo de otro no tiene una economía parasitaria en casa de su vecino. En fin, no sé que pensarían los británicos si tuviéramos una colonia dedicada a actividades dudosas en la isla de Wight. 

El panorama es desolador, así que espero que sea verdad lo que dijo Margallo de que "se acabó el recreo con el Peñón". Los llanitos han ido ganando terreno, no sólo a la tierra de nadie, sino también al mar. La pista del aeropuerto es una vergüenza. Como lo es el campo de fútbol, ubicados ambos en territorio español. O el incremento de terreno por el lado de la playa de los catalanes. Los llanitos son colonos, no son otra cosa, y aunque es evidente que sus derechos han de ser salvaguardados, y nadie en su sano juicio puede plantear su expulsión, lo que no pueden pretender ser es un interlocutor ante un Estado como España, por más que a Moratinos se le pasara por la cabeza. 

Patemos la ciudad. Un mundo británico con sol y playa. El sueño de los british. Subimos por el teleférico hasta lo alto del peñón. Impresionan las vistas de la bahía y quizá ahí esté una clave de porqué nunca España lo conquistó: alterar la situación podía llevar, es cierto, a echar a los británicos, pero también a que ellos salieran del mismo y se hicieran con la bahía. Cervezas en un par de bares. Un par de iglesias y algunas tiendas típicas. Nos topamos con una procesión, católica, al abandonar la colonia. 

8.1.08

Confesiones

Jacques Chirac y Villepin asumiendo como probable, antes del inicio de la guerra, la existencia de armas de destrucción masiva en Irac.

El origen de la Carta de los Diez, que demostraba que era mentira que Europa entera estuviese contra la guerra de Irac: Italia, Reino Unido, España, Portugal… fue Francia, empero, quIeN se arrogó el papel de discernir lo que era Europa y quien merecía o no unirse a ella.

El papelón del patético Moraleda, haciendo méritos, amenazando de expulsión de la UPA a Inocencio Arias, (noticia filtrada convenientemente al país) por su actitud en la guerra de Irac (páginas 202-203) Abrir expediente a alguien por su posicionamiento político. Como en el franquismo.

El lamentable papel de la Junta de Andalucía alentando los referéndums sobre el Sáhara mientras gobernaba el pepé en España. (página 240). La confesión de un alto cargo del
Frente Polisario de paso por Nueva York, a los pocos meses de la llegada del simplón al poder: "Se decía desconcertado con nuestro nuevo gobierno […], me agradeció, ahora sin tapujos, la labor de nuestra presidencia y me comentó que ya estaba echando ostensiblemente de menos a Aznar" (página 248).

Un recordatorio: en octubre de 2003, la Resolución 1511 "no sólo […] autorizaba la presencia de una fuerza multinacional […] sino que instaba a otros Estados a unirse a la misma" (página 290). No hay más que leer el punto 14 al respecto.

Un oportuno listado de los países que armaron a Sadam Hussein durante la guerra irano iraquí: el 50% las vendió la URSS, el 15% Francia, el 10% China. EEUU, menos del 5% (página 292).

Las estúpidas, alocadas y evitables manifestaciones del simplón de león en Tunez en diciembre de 2004, animando a otros países de la coalición a retirarse de Irac. Su problema al no levantarse al paso de la bandera norteamericana y cómo fue interpretado por la clase política norteamericana (página 314).

Las peripecias para llevar a España al Consejo de Seguridad, el 11S, la ONU como telón de fondo. Nueva York, el fútbol americano, cómo nos ven a los españoles, la Super Bowl. La lealtad de Moratinos, con el gobierno popular apoyándolo para que fuera nombrado director del UNESCO, el mismo gobierno pepero que presionó para que fuera nombrado representante de la Unión en oriente próximo.

Todo esto, y mucho más, en uno de los libros que acabé estas fiestas: Arias, Inocencio:
Confesiones de un diplomático. Del 11-S al 11-M. Planeta, Barcelona, 2006. Bien escrito y de fácil lectura.