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8.11.23

Muy interesante

Esa forma tan británica de socializar a través de los clubs. No se lo pierdan, toda la Tercera de Barrachina es magnífica. Pero me quedo con este párrafo: Fueron y son lugares para evadirse, hablar y divertirse. De hecho, en estos sitios nadie habla de sus problemas y al contrario que en unas vulgares copas 'after-work' de cuarentones en cualquier bar, a nadie se le ocurriría hablar de su divorcio, la complicada relación con su hijo, los cambios en el trabajo, su hipoteca o sus problemas de salud. No interesan. Se viene a hablar de viajes, historia, política, arte, etc. Es considerado una gravísima obscenidad estar en el bar compartiendo miserias y tribulaciones personales.


26.4.22

La Inglaterra vacía

Tengo a medias En Casa, del gran Bryson. Me topo con este párrafo sobre la Inglaterra de mediados de los setenta del siglo XIX: "La década de 1870 fue testigo del comienzo de una salvaje crisis agrícola que asoló a los terratenientes y a todo aquel de cuya prosperidad dependían. En seis años, cien mil granjeros y campesinos abandonaron la tierra."

La Inglaterra vacía...

16.5.14

La roca de Tarik

A la vuelta del ferry enfilamos Gibraltar de manera directa. Entramos a pie y sin patriotismos, que no soy hombre dado al histrionismo identitario. Y aunque entro a paso firme y con intención de escuchar, razonar y entender, es verdad que hay algo humillante en la presencia de una colonia de un país amigo aquí. Y lo digo yo, que soy anglófilo desde que empecé a andar. Un país amigo de otro no tiene una economía parasitaria en casa de su vecino. En fin, no sé que pensarían los británicos si tuviéramos una colonia dedicada a actividades dudosas en la isla de Wight. 

El panorama es desolador, así que espero que sea verdad lo que dijo Margallo de que "se acabó el recreo con el Peñón". Los llanitos han ido ganando terreno, no sólo a la tierra de nadie, sino también al mar. La pista del aeropuerto es una vergüenza. Como lo es el campo de fútbol, ubicados ambos en territorio español. O el incremento de terreno por el lado de la playa de los catalanes. Los llanitos son colonos, no son otra cosa, y aunque es evidente que sus derechos han de ser salvaguardados, y nadie en su sano juicio puede plantear su expulsión, lo que no pueden pretender ser es un interlocutor ante un Estado como España, por más que a Moratinos se le pasara por la cabeza. 

Patemos la ciudad. Un mundo británico con sol y playa. El sueño de los british. Subimos por el teleférico hasta lo alto del peñón. Impresionan las vistas de la bahía y quizá ahí esté una clave de porqué nunca España lo conquistó: alterar la situación podía llevar, es cierto, a echar a los británicos, pero también a que ellos salieran del mismo y se hicieran con la bahía. Cervezas en un par de bares. Un par de iglesias y algunas tiendas típicas. Nos topamos con una procesión, católica, al abandonar la colonia. 

6.12.12

Out there...


Un almuerzo el otro día. En cualquier lugar. De menú, el pesimismo que nos corroe las entrañas. Mi amigo James, un emprendedor, un hombre de Babson cabalgando por la manchega llanura, sin peto y sin espaldar. Se nos va la comida hablando de “este país”. Él quiere irse. En breve. Está harto de políticos / funcionarios que no le dejan crecer. De una legislación laboral decimonónica. De fondos de inversión dirigidos por analfabetos. De esa cultura tan española de la sospecha ante el empresario, quizá la imagen más viva del judío que queda entre nosotros.

Marchó Paco. Marchará James. Y cuando llego a casa y me miro al espejo, tengo la sensación de que la sombra de la emigración empieza a dejarse entrever, a lo lejos aún, por el quicio de la puerta…

Menos mal que hoy estamos en Toro para olvidar nuestras penas con un buen caldo de la tinta más zamorana…

23.10.12

Between the devil and the deep blue sea...


Cine en los Renoir. The Deep Blue Sea. Una historia de amor prohibido en la Inglaterra de la postguerra. Cuando en realidad el matrimonio no es más que una convención y solo hay amistad donde debería de haber admiración, amor y pasión. Al fondo, un tercero que no termina de encajar porque vive en una sociedad que no se entiende que una mujer quiera vivir su vida sin tener que pedir perdón por ello. Y la diferencia, fatal, entre las inquietudes de una y las inquietudes de otro. Esa escena de quien se aburre de manera mortal a los cinco minutos en un museo... 
Un papel magnífico el de la Weisz, y muy bueno el de Russell Beale en el papel, esta vez, de Gabriel Conroy. Y buena la música. Pero algo me falla. La película es lenta. Desasosegadamente lenta. Desesperadamente lenta. Y eso le quita emoción y acaba con su nervio.
Se hace larga. Quizá porque era una obra de teatro que alguien quiso convertir en cine…
Y que al espectador se le haya hecho larga es una de las peores cosas que se puede decir de una película.

Prescindible, si le sirve mi consejo…


PS: días en la Alcarria…

3.12.10

Ayer fue uno de diciembre

Anteayer fue uno de diciembre. En este lado de la península es un día más. Para los portugueses no.

Ocurrió hace trescientos setenta años. Un primero de diciembre de 1640. Sesenta años antes el Rey Prudente, Felipe II había unificado la península, cumpliendo así el sueño de sus bisabuelos, los Reyes Católicos. Ante la muerte del enloquecido Rey Sebastián, se hizo coronar Rey por las Cortes portuguesas reunidas en Tomar. Al fin y al cabo, era nieto del Rey Manuel I. Un monarca, un Imperio y una Espada. Era la respuesta de Dios a las plegarias de los creyentes. Los dos imperios del mundo atlántico unidos, por fin, para terminar de consolidar la fe verdadera sobre todo el orbe. Para acabar de una vez con la herejía reformista.

Pero no todos lo vieron igual. Sobre todo en Portugal. Para la pequeña nobleza y el bajo clero aquello fue demasiado. Pasaron a ser segundones en Lisboa, convertida en una ciudad sin Corte, una ciudad de provincia nostálgica de un Reino perdido. Conspiraron.

Todo iba bien, los dos países se fundían poco a poco en la misma lógica moderna que el resto de Estados occidentales. Pero la traición llegó. Era la crisis del Barroco, pero en aquello época no lo teníamos tan claro. Nos lo han explicado después los hombres de la historia. Todo se precipitó el uno de diciembre. Los traidores, a su rey, a su patria, a su Dios, tomaron el Palacio Real. Mataron al Virrey, Vasconcelos y depusieron a la duquesa de Mantua, prima del Rey. Proclaman rey a un don nadie, a un tal Braganza. Un bastardo. Una gallina, dominada por su mujer. En palabras de Olivares, un “tonto y un borracho”.

Estalló una guerra. Una guerra larga. Cruel. Dura. La conozco bien porque dejó muchas cicatrices en la mi tierra. Más de treinta años. Quemaron Lubián. Y Pedralba. Y nosotros les quemamos, que yo recuerde, França. Y Soutelo. Hubo degüellos. Pillaje. Hubo inviernos. Era la montaña más fría de Castilla.

Ellos creen que ganaron la guerra porque en 1668 la Monarquía reconoció, de hecho, la separación de la corona portuguesa. Ilusos. De hecho, creen que algo parecido a la nación portuguesa le ganó una guerra a la nación española. Nada más lejos de la realidad. No había naciones, había poder, como lo ha habido siempre. Ellos la perdieron. Como la perdimos nosotros. Sólo hubo un ganador: Inglaterra. Dos Estados en la península. El sueño de los monarcas ingleses durante siglos. De hecho Portugal nunca dejó de ser ya un protectorado inglés.

Nadie recuerda ya nada de esto, claro. La historia es una bobada, las humanidades una antigualla y nosotros gente moderna.

Un uno de diciembre. Enhorabuena, Inglaterra.


PS: mañana a la Sanabria, si la nieve no lo impide...

25.11.10

La campiña inglesa hecha cine

Volvimos al cine. La incursión de Frears en la comedia. La historia de Tamara. La campiña rural inglesa. Un mundo de escritores que van y vienen. Los celos. La infidelidad, los amores otoñales, los amores melancólicos que siguen ahí, que seguirán ahí muchos años después, cuando yo sólo sea memoria de una piedra sepultada entre ortigas /sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

La película es irregular, más floja que las otras que he visto suyas. La idea es buena, los actores están bien, pero el vodevil no llega a enganchar y la obra se repite sobre sí misma. Ideal para una tarde de noviembre, pero para poco más.

A uno de los protagonistas se le está haciendo cada vez más tarde. No darse cuenta de que quien se esconde detrás de los días, como me pasó a mí, acaba por ser descubierto. Como las cosas que parecen evidentes terminan no siéndolo, porque el destino, muchas veces, está en nuestras manos y no escrito en ninguna estrella lejana. No darse cuenta. En fin.

PS: volviendo de Mérida. Volviendo del oeste.